jueves, 1 de enero de 2015

PASO INCIERTO


La gata Saufina tenía problemas de convivencia. Vivía en una casita del bosque, donde se supone que tendría que ser feliz, pero no lo era. 
Tenía escritas en su cara sus frustraciones. A Saufina se le habían caído los bigotes.  Decidió marcharse un día de sol. Caminaba triste sin saber a dónde ir. La noche se echaba encima y no encontraba cobijo.

 De pronto, en la orilla del camino, apareció ante sus ojos la casita "zanahoria". Le pareció un encanto. 
--Voy a probar suerte aquí-- se dijo a sí misma. Cuando entró dentro fue de sorpresa en sorpresa, pues, junto a la chimenea, sentado en un sillón de orejas, se hallaba un conejo con gafas que leía el periódico. Lo más chocante era que lo tenía con las letras hacia abajo. Con sigilo, nuestra gatita se escondió detrás del sillón.

 Casi al momento, apareció una gallina, que, muy placenteramente, se acercó al conejo y, justo delante de él, abrió sus alas, se agachó y puso un huevo. Acto seguido, al huevo le salieron patas y salió corriendo. Parecía que se dirigía  fuera de la casa, pero no. Se metió en la sartén y se hizo una tortilla.

 Una vez hecha, acudieron cuatro ratoncitos que comían con avidez de ella. Según tragaban se encogían y encogían hasta quedar del tamaño de una hormiga. Se acabaron la tortilla y quedaron desaparecidos.

Una niña, vestida a la antigua, salió de un armario que había en el pasillo.
 Se dirigió hacia la chimenea donde estaba sentado el conejo y, cogiendo el periódico, se lo puso con las letras hacia arriba. El conejo, dando saltos, lloraba y pataleaba. 

Los ratones empezaron a crecer y crecer. La gallina también hizo aparición. Empezó a poner huevos uno tras otro. Éstos a su vez, según les iban saliendo sus patitas se ponían a jugar al corro con tal algarabía, que se hacía imposible entenderse allí. 

--¿Estaré soñando?--Se decía para sí Saufina.
La niña se le acercó y alargó su brazo para cogerla. Saufina, quiso salir corriendo, pero cuanto más corría, el brazo de la niña se alargaba y alargaba, hasta cogerla por la cola.

Saufina, le dio un mordisco en la mano a la niña y escapó.
Volvió corriendo a su casa. 
--Aquí tengo que estar y procurar ser feliz.   




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