martes, 13 de enero de 2015

QUÉ BONITO SERÍA













 El automóvil, se deslizaba por la calzada de la carretera secundaría, solitaria y con algún socabón que otro. Dos ocupantes charlaban animadamente; disfrutaban de una mañana espléndida de sol. Entre grandes pinadas, montes lejanos asomaban sus cumbres tímidos y solitarios.


--¡Qué preciosidad! ¡Mira qué paisaje se nos muestra, Antón! Antes, en otros tiempos, ya habríamos aparcado y cogido sendero para caminar un rato. --Le decía Marisa a su marido que conducía tranquilo, sin prisa. Ellos, conocían bien el entorno. 



--Bien, si tú quieres, vamos a caminar un rato. --Dijo y, acto seguido, aparcó el coche a la orilla de la carretera. No había mucha circulación por ella, ni casas, ni signo de vida humana en muchos kilómetros a la redonda. Se pusieron los chaquetones y cogieron los paraguas, el cambio del tiempo era imprevisible por allí.


Se adentraron por una senda limpia de maleza y anduvieron largo trecho entre los helechos de la pinada llena de morrenas que fuera dejando a su paso el glaciar que en tiempos remotos cubría el entorno. Éstas, cubiertas de musgo, daban al paisaje un toque de encanto y ensoñación. Los dos se habían amado en este lugar de encanto sublime.



 Difícil olvidar los momentos de feliz unión de sus almas gemelas en tantas y tantas salidas a disfrutar de la naturaleza en solitario. Conscientes del gran regalo que la vida les había otorgado al permitirles encontrarse, reían felices, cuando, de pronto, una sombra fugaz se cruzó en el sendero. Desapareció al instante, y cientos de flashes intermitentes, disparaban sus destellos sobre todo el bosque. Perdieron el sentido. 


Cuando recuperaron la conciencia, se hallaban en sendos sillones, tumbados y sujetos a ellos por fuertes cinturones que les impedía cualquier movimiento. Tenían ante sí una pantalla gigante que mostraba sin cesar diapositivas tan perfectas, que era imposible saber si era la realidad o la ficción.


Lo mismo mostraban secuencias de hombres primitivos cazando y pintando en las cuevas, que a las tropas romanas en pleno combate. Vieron a Napoleón en su terrible retirada de la nación rusa. También vieron las tres carabelas a su llegada a las costas americanas, la batalla de Trafalgar... 

 Entre secuencia y secuencia, llegó la gran sorpresa: apareció un equipo de científicos; hacían experimentos con dos primates, en un laboratorio ultra-moderno adelantado en el tiempo. Se veía en unos monitores, cómo les modificaban su A. D. N. con unas sustancias inyectadas sacadas de otros seres que parecían estar en hibernación.



 Vieron cómo esos simios procreaban evolucionando hasta el punto de llegar a desintegrarse para luego reunir sus moléculas y aparecer en otros planetas a millones y millones de años luz de distancia. Después, la pantalla quedó en blanco.



 Despertaron sentados en los asientos de su coche. Nunca supieron si fue realidad o fue un sueño. Se compenetraban tan bien, que no les sorprendía tener sueños por separado con idéntico contenido.   











  

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