viernes, 2 de enero de 2015

SUSPIRO Y MEDIO

 Con su falda de medio suspiro, y sus piernas de suspiro y medio, imposible pasar desapercibida. La niña, que ya no es tan niña, abrió con brío, un poco inapropiado, la puerta de su flamante coche.

 Sentó sus posaderas en el asiento, y con ademán estudiado, metió sus dos piernas juntas dentro del coche. Cerró la puerta, y, tal como lo haría aquella persona que sabe que la están mirando, arrancó. Dirigió su mirada hacía su lado derecho y fue un momento mágico: sus miradas se encontraron; fue entonces cuando pensó: "qué peligro tenemos, tú y yo". 

Apenas se conocían. Asistían a clase de inglés, y casi no hablaban entre sí, pero, cuando sus miradas se cruzaban, una corriente eléctrica le daba la gran sacudida, con la certeza de que a él le sucedía otro tanto.

Los debates entre alumnos solían ser frecuentes alentados por el joven profesor. Ella, nunca participaba, su timidez se lo impedía.
Aquella mañana de enero, con vientos racheados, habían coincidido en el bar desayunando. No compartían el mismo barco.

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