sábado, 3 de enero de 2015

LLUVIA EN LA PINADA

--Unas gotitas de lluvia nunca vienen mal. --Decía Antón, que buscaba setas bajo los pinos.

Buscó un lugar para guarecerse pues empezaba a llover fuerte. Vio una cavidad en una roca oculta entre pinos y maleza. Abrió paso entre las zarzas y espinos y se acomodó en cuevita, dispuesto a dar buena cuenta del bocadillo de calamares que llevaba en la mochila. 

Disfrutaba viendo los pinos que se desperezaban y se mecían acariciados por la lluvia y el viento. En sus pensamientos, danzaban preguntas sin respuesta y sueños sin realizar. De pronto, intuía miles de ojos que le miraban y voces que le hablaban. Eran los pinos que le decían con sus bocas de sabia y verde clorofila:

--¿Qué hace un anciano en estas soledades? Sabemos que las setas no te gustan. Son muchos años los que te vemos merodeando por aquí. Escuchamos tus pensamientos y te conocemos. Cada año te despides como si fuese el último que vienes.

 No te despidas más. Volverás siempre, pues tu esencia queda plasmada en el viento. ¿No oyes cómo sopla y mece nuestras ramas? Así se mecen tus acciones en las almas que te han transitado en tu caminar por la vida. Queda esparcido tu trabajo y sentimiento, fructificará, se hará un bosque de fresca y verde pinada viva.

--Estoy comiendo mi bocadillo con tanto placer que, eso que me decís me suena a chino. ¿No estaréis confundidos? Os aseguro que, a mí, las setas me gustan, y, no me despido de nada. Voy a apurar mi vaso hasta el último sorbo. Daré de mí mismo hasta que me quede algo que dar. Cuando no pueda dar otra cosa, daré buen ejemplo. 

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