martes, 19 de junio de 2018

LA DAMA DE AZUL


Nemisa, sin  previo planteamiento, siempre vestía de azul. Salía de compras y cuando volvía a casa, en los atuendos elegidos predominaba el color cerúleo en toda su gama.

Una mañana de primavera, salió de caminata con sus chándal de color azulado a juego con sus zapatillas y sus calcetines del mismo color. El sol lucía radiante con una atmósfera diáfana, había lloviznado durante la noche. Quiso su mala fortuna que tropezase en un desgaste de la calzada y fuera a dar con todo su elemento en el charco que la llovizna había acumulado en el hoyo. Su impoluto atavío quedó arruinado por el barro. Si solo hubiese sido eso, la cosa no tendría la menor importancia, ya que tiene fácil solución, pero, Nemisa, quedó sumida en un coma profundo. 

Ella no lo sabía. Aunque la llevaron al hospital y permanecía inmóvil entubada y conectada a máquinas que la mantenían con vida,  se encontraba perfectamente. Había dado un salto hacía un lugar donde todo era de color azul: las casas, con sus puertas y ventanas cerúleas; las gentes por las calles, todas vestidas de azul..., todo, menos el cielo, que era de un blanco satinado. Su desconcierto iba en aumento. Su instinto le decía que algo raro le estaba sucediendo... ¡«Qué lugar es éste»! Se decía. 

Por la avenida que transitaba, en las aceras, por las zonas menos pisadas por los transeúntes, crecían unas preciosas orquídeas que tenían forma de instrumentos musicales. Se agachó para observar detenidamente a una que tenía un color cerúleo muy suave, con forma de violín. Su sobresalto disparó el aparato que controlaba los latidos de su corazón: aquella orquídea comenzó a desgranar las notas del «Adagio de Albinoni» con una precisión tal, que quedó extasiada. Más adelante, otra orquídea que tenía forma de guitarra, le hizo el regalo de interpretar el « Concierto de Aranjuez», de Joaquín Rodrigo. 

Fue transcurriendo el tiempo y supo que se había hecho de noche porque, de aquel cielo blanco satinado, comenzaron a llover estrellas que danzaban al son de las melodías que no cesaban, eso sí, con sonido más tenue. Una de aquellas estrellas  quedó quieta y cantó. Cantó nanas  que hablaban de sirenas, para que los niños durmiesen con sueño profundo. Hablaban de sirenas, de hadas y de madres amorosas que les besaban y les preparaban torrijas con chocolate para desayunar. 

Entonces Nemisa, abrió los ojos. Ya nada era azul. Todas las personas que veía a su alrededor vestían de verde y no le gustó.    

  

miércoles, 13 de junio de 2018

LAS COSAS DE NALEM




Nalem caminaba de modo peculiar: lo hacia a grandes zancadas agitando su melena. Daba la impresión de ser un híbrido de caballo mustang y cebra africana cuando vestía una minifalda a rayas...

¡Pobrecita Nalem! Había nacido en el seno de una familia barrio bajera y de todo había tenido carencias: de amor, de sustento, de educación, y por más que lo intentaba no lograba emanciparse del lastre que todo ello había imprimido en sí misma.

Ella lo sabía, y en su sempiterno empeño por pulir su estilo y sus modales, daba un paso adelante y tres hacía tras. ¡No conseguía lucir fina y elegante!

El caso es que, tenía muchas virtudes, y sobre todo, una linda voz de soprano que cautivaba. Cantaba sin cesar, y no solo en la ducha: se había integrado en el coro de la parroquia, donde todos los componentes eran de lo más selecto del barrio.

Sus complejos la hacían sentirse fuera de lugar, y esto, a la hora de cantar, le impedía dar de sí todo lo que llevaba dentro... ¡Una pena!

Una mañana, decidida a resolver el problema, pensó pedir cita con el psicólogo para vaciar en él sus angustias y buscar un poco de paz interior.

Por fin llegó el día de la cita:

—Doctor, me siento abrumada. No consigo afianzar mi personalidad... Y fue desgranando con detalle todos los avatares que había tenido que superar a lo largo de su vida desde que nació.
—Está bien —dijo el doctor —si sigues mis consejos todo lo vas a superar. Ten la seguridad, de que cuando halles la calma en tu interior, esa calma se reflejará en ti. Es indudable que se refleja hasta en nuestra manera de andar nuestro estado interior. Busca un rincón que todos tenemos, dónde se halla nuestra capacidad de amar. ¡Ama! Ama a la vida...A los demás, a ti misma, olvida el pasado que ya no existe, y canta... La música es la panacea para todos los males. ¡Dios te dio un don para que lo disfrutes y lo des para que lo disfrutemos todos.



Y Nalem cantó, y la vida le sonrió.

viernes, 8 de junio de 2018

UNA EXCURSIÓN MEMORABLE




¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Resonaban las pisadas chapoteando sobre el lecho del exiguo riachuelo.
—«¡Soy un híbrido de mustang y cebra africana!» Las risas de los niños sonaron explosivas mientras el abuelo hundía, una y otra vez los pies, saltando encima del hilillo del agua, haciendo asomar sus calcetines a rayas levantando con sus manos los bajos de las perneras de sus pantalones.

En verdad, era cómica la postura del abuelo, y los niños, contagiados de su euforia, comenzaron a chapotear y a gritar con fuerza: «¡Somos híbridos de abuelos y de abuelas!»

El estruendo se hacía eco en la lejanía que devolvía multiplicadas las voces infantiles: «¡Elas! ¡Elas! ¡Elas!»
Todos acabaron salpicados y empapados por el agua del arroyo, que discurría sosegada, y en llegando a la “poza” se emancipaba del reguero y se quedaba en el remanso.

El vientecillo sempiterno del monte, hacía tiritar de frío sus cuerpos cubiertos de ropas húmedas. Corrieron a toda prisa hacía la tienda de campaña instalada a la sombra de un pino.

Allí les esperaba la abuela, que puso el grito en el cielo al verlos llegar de aquella guisa:
—«¡Pero, bueno! ¿No habíamos quedado en que para bañaros en la poza os pondríais el bañador?»

—¡Dame vitaminas, abuela! Recibió por toda respuesta la abuela, que siempre salía provista de todo lo que más gustaba a sus nietos. Entró en la tienda de campaña, sacó de una mochila camisetas secas, y puso sobre la mesa las viandas. Todos se abalanzaron sobre los bocadillos y las frutas olorosas.

Mayo, es un mes lindo para hacer acampadas en los montes cercanos a la casa donde vivían Ela y Fermin. Disfrutaban llevando de excursión a sus cinco nietos para inculcarles el amor por la naturaleza y buenos hábitos para emplear el tiempo libre.

Aquél domingo, sería memorable y difícil de olvidar. Dani, el menor de sus nietos, marcó la anécdota del día, cuando vinieron a darse cuenta, había desaparecido.

Angustiados, echaron a buscarle por los alrededores llamándolo a gritos. Cuando llevaban poco tiempo de búsqueda, encontraron una escalera cuyos peldaños estaban esculpidos en la roca. Llegados al final de la misma, encontraron la entrada de una caverna.

Avanzando hacia dentro, vieron a Dani. Éste, al verlos, agitaba los brazos y gesticulaba invitándoles a llegar hasta donde él estaba. Se hallaba ante un cofre lleno de joyas y de monedas de oro que brillaban a la luz cenital que se filtraba a través de una rendija que había en el techo.

La cueva había sido guarida de bandoleros que anduvieron por aquellos contornos en siglos pasados.

Los niños, llenos de contento, pensaban que aquellas riquezas serían para ellos, pero Fermín, su abuelo, los informó de que tendrían que  declarar el hallazgo a las autoridades y que pasarían a ser de bien común como todos los tesoros que se encuentran en cualquier parte.

De vuelta a la tienda, Dani, hizo un guiño a su abuela y sacó un precioso anillo de su bolsillo:
—Mira, abuela, lo encontré en le monte y lo guardé para ti.



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lunes, 4 de junio de 2018

LA CANCIÓN DEL AGUA


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Habían pasado dos años desde que llovió la última vez. Las lluvias se habían dejado notar por su ausencia. La primavera era inminente, pero la hierba en el campo se resistía a brotar. Dónde años atrás, todo era una explosión de amapolas y margaritas, este año apenas asomaban uno hierbajos enfermizos. El sol, al aparecer en la cima de los montes, deslumbraba con su aspecto incandescente, y todos los seres vivos del lugar corrían a refugiarse de sus rayos abrasadores. En aquellos contornos, ya no había agua almacenada en los aljibes.

No cabía ninguna duda de que iba a ser una primavera seca y un verano abrasador. Por ello, estaba prohibido agotar las escasas reservas de agua del “Alubión” nombre del gran aljibe que estaba emplazado al final del ramblizo que bajaba desde lo alto del monte. Los dueños del caserón racionaban su contenido y solo se utilizaba el agua para beber. No se podía lavar la ropa. Para este menester se enganchaba a la "Rubia" yegua joven y robusta, en el carro y se hacía todo un día de salida hasta llegar al río, que se hallaba a seis kilómetros de distancia. Ese día era de gran algarabía para unos y de gran tristeza para otros: alegría para los que se iban, tristeza para los que se quedaban.

No era frecuente salir de la casa solariega emplazada en la soledad del campo. En el carro, ocupado en sus alforjas con ropa de cama y demás, viajaban las jóvenes empleadas que reían con sus chistes y su alegría de vivir. En la casona, el ambiente era triste y de gran recogimiento religioso, no había espacio para el esparcimiento y la distensión. Julina, la señora de la casa, estaba recluida en la inmensa soledad de la sierra intentando sanar de su enfermedad pulmonar, azote de la época. Languidecía sin remedio. Rogativas y cantos religiosos se oían por doquier, y la servidumbre vivía en gran recogimiento realizando las tareas del hogar. El día de colada era recibido como un bálsamo para sus jóvenes espíritus inquietos... Cuando iban en busca del caudal de aguas cristalinas, sus canciones iban dirigidas a la vida y al amor.



Las ruedas del carro chirriaban al chocar con las piedras del camino. Transcurrida media hora, bajando por el puerto de la sierra, se veían a lo lejos los tejados de las casas de la aldea que se hallaba justo al borde de la vega del río. Ya en la huerta, todo era exuberancia y verdor. Los brazales y las landronas se hallaban jalonados de todo un enjambre de árboles frutales, de chopos y moreras. Los bancales quedaban como a parcelados por ellos, con sus cultivos alineados con esmero y sus trigales salpicados de amapolas. Era el milagro del río. Un inmenso jardín que alimentaba el espíritu, seco, hambriento de la brisa que se desprende del vergel que produce a su paso el agua.

 Mariana, la más joven y callada, estaba muy influida por el ambiente religioso que se vivía en el caserón. Mientras todas charlaban y reían por cosas banales, ella meditaba. Restregaba y frotaba las sábanas de hilo primorosamente bordadas y miraba sus delicadas manos juveniles:
¡Qué maravilla hizo Dios al crear al hombre! Seguro que nada sería igual si no tuviéramos manos. Con ellas lo hacemos todo... El ser humano es la más hermosa creación de Dios.
No importa que estemos destinados a desaparecer dejando el cuerpo abatido como un despojo. Antes de partir cumplimos misiones que van quedando al servicio de los que se quedan.
Te doy gracias, Señor: Por mi salud, por mis manos, y por todo mi ser”
Y sus reflexiones emocionadas se las llevó la corriente del río.





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domingo, 3 de junio de 2018

POEMA A MIS NUEVAS AMIGAS

 PALOMAS QUE VUELAN ALTO

Queridas niñas mías:
Los cortos espacios de tiempo
que de vosotras he disfrutado
me llenan de dicha y contento.

Sed felices, os lo ruego,
no cedáis ante el tedio ni el tiempo.
Sois palomas que vuelan alto.
Dios nos guíe hacía un próximo encuentro.

                      Mª ENCARNA RUBIO




jueves, 31 de mayo de 2018

UN CARACOL MUY UFANO

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 El caracol Takitin vivía feliz y satisfecho. Nacía ya con casa propia e independizado. 
Cuando llovía, le encantaba salir a impregnarse de lluvia y aprovechaba el momento para darse una ducha y lavar su casita, adornada con una preciosa y perfecta espiral.
Pensaba él, que en su vida todo eran ventajas, ya que comía gratis y no pagaba alquiler.
Pero un día que deambulaba por el campo, vio a Rudito, un pájaro carpintero que se atareaba en hacerse su casita en el tronco de un árbol. 
Le dio un ataque de risa, y se burlaba de él diciendo:
Pica, pica. Sudor de sangre te va a costar tener un hogar para meterte.
Rudito le miró y le dijo: No sé de qué te ríes. Yo, cuando tenga terminada mi casa, tendré a mis hijos. Jugaremos y estaremos todos juntos con mucho amor. En cambio tú, estarás siempre solo y no podrás tener ni amigos, porque en tu casa, solo cabes tú. 
En esta vida, nada es gratis. Lo que tenemos, siempre lo pagamos de un modo o de otro.
 

sábado, 26 de mayo de 2018

AMOR FILIAL



Todo estaba dispuesto. Los equipajes y los bultos que llevaríamos con nosotros esperaban amontonados en el zaguán. Al día siguiente nos marchábamos del pueblo a vivir en la ciudad.
Pedí permiso a mi madre para ir al campo a casa de mi amiga Visita, no podía marcharme sin despedirme de mi amiga del alma. Sentía dejar el lugar solo porque ya no nos veríamos más.

Llegué caminando por el sendero polvoriento y le comuniqué a mi amiga la triste noticia.
Visita sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y secó una lágrima que pugnaba por salir a humedecer su mejilla. Estaba segura de que yo no me había percatado del impacto que habían causado mis palabras en su ánimo.
Las dos disimulamos nuestras emociones y continuamos saboreando aquellos pastelitos de té que con tanto esmero había preparado la anciana Purita. A pesar de sus años, le costaba dejar de trajinar en la cocina, había cifrado en ello la motivación de su existencia.

Yo recordaba cuando tenía el placer de ser invitada a compartir mesa con la familia, las excelencia de los manjares que disfrutaban los comensales. Purita tenía unas manos de “oro”, según opinión de la madre de mi amiga, que presumía de la buena cocinera que tenía en casa. A Purita, no era fácil hacerla sentirse ufana. Hacía como si fuera lo más natural del mundo.
Nosotras disfrutábamos de ágape cuando sucedió un hecho sorprendente: se presentó en casa de mi amiga Visita, sin previo aviso, una hermana de su madre con un bebé envuelto en una toquilla de lana. Era una niña de pocos días. Dormía el angelito ajena a la trama que se cernía en torno a ella.

Entró con cara de circunstancias y doña Celina, después del saludo de rigor, la hizo pasar a su cuarto cerrando la puerta. Yo jugaba con mi amiga y enseguida me percaté de que allí pasaba algo raro.
Las dos mujeres estuvieron largo rato en la habitación contigua hablando con mucho misterio. Cuando la hermana de doña Celina salió, el bebé ya no estaba en sus brazos. Las dos hermanas se dirigieron silenciosas hacia la cocina. Allí siguieron hablando casi en susurro de manera que no pude captar ni una palabra de lo que hablaban.
Mi amiga y yo estuvimos saltando a la comba hasta que casi oscureció. Pude comprobar que la hermana de doña Celina se marchaba sin el bebé que había traído envuelto en toquilla de lana. Y así fue como entró “Plácida” a formar parte de aquella familia tan entrañable que tanto supuso para mí en tiempos de mi niñez.
Pasaron los años y crecimos lejos una de otra, pero nuestro cariño permaneció inalterable.
Un día, paseando por el bulevar de mi ciudad, me encontré frente a frente con mi amiga Visita. Iba acompañada de una preciosa joven de tez morena y ojos color azabache. Los rizos incontrolables de su larga melena le daban un aspecto muy particular.
Ella es Plácida— me dijo Visita. Todos creen que es mi hermana, pero es aquella niña que dejó mi tía aquella tarde que tú te marchaste. No quería que nadie supiera que su hija había tenido una niña siendo soltera. Ahora mi tía, quiere que venga a vivir con ella porque mi prima a muerto. Nosotros lo dejamos a su elección. Somos su familia, lleva nuestros apellidos.
Plácida, con una sonrisa entre ingenua y divertida, dijo: —Me vuelvo al campo. Mi abuela, ni me quiso antes, ni me quiere ahora.
«Me obliga a permanecer horas y horas a remojo en la bañera para ver si se me aclara la piel».

miércoles, 23 de mayo de 2018

EL GUSANITO DE SEDA

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Había una vez, una casita emplazada en un huerto de moreras. Allí vivía Crispín, un gusanito de seda. 

A pesar de encontrarse a gusto en su hogar porque no le faltaba el sustento, él solo comía hojitas de morera, tenía mucha ilusión por viajar a lugares desconocidos.

Hacía mucho tiempo que maduraba una idea un poco atrevida, quería visitar un país llamado “China”. Siempre había oído decir que los gusanos de seda procedían de allí. 

No sabía qué hacer para conseguir hacer viaje tan largo, pues China quedaba algo lejos. 
Su obsesión fue creciendo y ya ni comía ni dormía, solo pensaba en la manera de hacer realidad su gran ilusión. 

Viendo que no podía comer ni dormir, pensó en hacerse una casita para meterse dentro a descansar. 

Así lo hizo. Sacó un hilito que llevaba en su vientre, y lo fue tejiendo, tejiendo, y cuando estuvo cerrado se echó una siestecita para descansar de tanto trabajo. 

Cuando despertó, al desperezarse de su sueño, encontró que ya no era un gusano, se había convertido en una mariposa, le habían salido unas preciosas alas. Se puso muy contento. Pensó que al tener alas, sus problemas se habían resuelto. Con sus alas volaría hacía lugares desconocidos sin ningún problema. 

A veces estas cosas suceden. Piensas que tienes problemas para hacer lo que te hace ilusión. Te duermes, y cuando despiertas los problemas se han resuelto de una manera fácil y placentera. Lo importante es no desfallecer y mantener siempre la esperanza de que todo irá bien. 



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viernes, 18 de mayo de 2018

LÁGRIMAS DE MIEL

LÁGRIMAS DE MIEL

Una cuna se mecía con la brisa marina  una  mañana de primavera. Desde el balcón poblado de exuberantes bugambillas se divisaba la dársena del puerto. La incauta joven, al pie de la cuna, derramaba lágrimas que humedecían la cuna de su niño. Había caído en la trampa que la naturaleza tiende los que se enamoran. Se había atrevido a entregarse a un hombre sin pasar antes por el altar. El joven, faenando ,trabajaba en un pesquero.
                                                                                           
Un día,  una tormenta hizo zozobrar su barco. Nunca más se supo de él ni de su tripulación.  Una joven embarazada quedó sin amparo. Su hijo destinado a ser un genio recordado por siempre, nacería de madre soltera. 
 Tiempos difíciles para cometer ese pecado. La familia, avergonzada,  otorgaba sin otra  opción.  ¡Una mancha en la familia!  
Años de intachable reputación tirados por la borda.


                                              
Sentía sobre sí las miradas de rechazo cuando caminaba por las calles del pueblo de empinadas cuestas. También las lascivas de algunos que pensaban en ella como presa fácil de conseguir por el hecho de tener un hijo siendo soltera. Las vecinas evitaban mirarla cuando pasaba cerca.
.
                                                    

El mar se divisaba desde el balcón de las buganvillas. Acunaba a su niño y  miraba cómo salían los barcos cargados hacía el Nuevo Mundo. Un día marchó dejando tras de sí brisas perfumadas de brumas del mar y jarales de los montes. Se llevaba a su hijo del pueblo discriminador de jóvenes incautas… Se enfrentaba a un futuro lleno de incógnitas, misterios…
Quedó una cuna vacía. El viento la mecía en arrebatos de lágrimas derramadas. ¿Es justo arrebatar de manera tan cruel el inmenso placer de ser madre?  ¿Sabemos de qué se vale la naturaleza para crear un genio? Cada ser humano que nace puede serlo. No importan los documentos previos.  Esperemos expectantes respetando a toda mujer que se expone para que surja ese milagro.

En la torre del homenaje aparecieron nuevas insignias. No era feudal ni de regio linaje el señor de las nuevas huestes.  Quedaban lejos los tiempos en que las doncellas cubrían sus cabelleras con finos velos. 
Las que ahora paseaban por los salones del castillo, decorados con blasones, pendones y armaduras, lucían ajustados vestidos que modelaban su figura y dejaban adivinar  sus torneadas piernas. Había una orquesta de afinados Instrumentos  manejados por artistas especializados, como correspondía  a  tan destacado  anfitrión.
El ambiente medieval contrastaba con el lujo derrochado por doquier. Coches de gran categoría, privilegio de unos cuantos. Joyas de valor incalculable. Se inauguraba el capricho de un genio mimado  por la fortuna.
Se podía permitir comprar un castillo medieval y transportar a  decenas de invitados a miles de kilómetros de distancia para festejarlo. De prestancia varonil, su gran porte y su historial profesional harían sentirse orgullosa a cualquier nación de contar con su presencia. El genio, el artista, el señor que todo lo podía comprar, guardaba secretos. 

Se miraba al espejo…  ¿Qué veía?:
Veía a un hombre enamorado de unos ojos negros clavados en su memoria que jamás podría encontrar. Un sueño que le tenía obsesionado por la frecuencia con que se repetía:   “Un balcón con buganvillas  y brisas perfumadas con jarales de los montes.”
--¿Dónde están esos ojos negros? ¿Dónde ese balcón de buganvillas?
Paseaba por su castillo en las noches de insomnio. Desde las almenas de su torreón, miraba los campos queriendo encontrar una respuesta a su inquietud, a su terrible ansiedad.  

El transeúnte  dormía  en el banco del jardín del los ficus centenarios.  Los parterres de las rosas se deshacían en perfumes con el rocío de la noche. El caminante recorría caminos sin fin. Los pajarillos que dormían junto a él se contaban historias antes de alzar el vuelo.  Se decían unos a otros:
¿Con porte de gran caballero, y durmiendo en un banco del jardín?
—Tenemos un intruso 
—No temáis —decía el transeúnte— yo voy de paso. Busco un balcón con buganvillas, con brisas perfumadas con jaras de los montes.
La verja del jardín, que de noche se veía negra, de día se volvió dorada. Una mujer bella, de pelo negro, clavó sus ojos en los suyos y rompió  el  hechizo.
—¿Qué te ha pasado? ¿Por qué un hombre como tú anda de transeúnte por la vida?  —Le dijo.
—Busco un balcón con buganvillas y unos ojos como los tuyos.
—Sal de tus sueños, yo te ayudaré.  Encontraremos juntos jarales y ese balcón que, con sus brisas marinas, te hará sentir fantasías sin fin.   Soñaremos  que navegamos para encontrar un castillo donde  tú crearás cuentos  fantásticos que asombrarán al mundo.

Un día, paseando por una villa rocosa con historias milenarias, la vista del balcón se hizo patente.
¡Allí estaba el soñado balcón!
Todavía se mecía la cuna con el golpe de los vientos. Las buganvillas  llenaban de colorido el lugar y se movían con la brisa del mar, despidiendo  perfumes de las jaras del monte.
-No llenaré  mi balcón de ánforas milenarias, ni glorias de estos tiempos, —se decía—. Se secaron con los vientos las lágrimas derramadas sobre mi cuna.  Daré mi fruto al lugar dónde encontré cobijo.
—¡Encontré el balcón de mis recuerdos!  
—¡En mis recuerdos lo guardaré en arcón cerrado con siete cerraduras! 
—¡He vuelto!  Me acompañan unos ojos negros…  Más los de mis sueños...
—¡Tenían lágrimas de miel!



domingo, 22 de abril de 2018

LA NENA PINTANDO ES BUENA

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 Yayita se iluminaba
 si acauarelas pintaba.
Por consejo de su abuela
siempre pintaba acuarela.
 Y mezclando los colores
lo hacía de mil amores.
Le parecían rosarios,
 neutros o secundarios.
La imagen imaginando
figuras iba pintando.
Soñaba con los laureles
ganados con los pinceles.
No tenía gran problema
para la elección de tema.
Lo mismo un personaje
que bodegón o paisaje.
¡Qué bonito es pintar!
Se decía sin cesar.
Pintaré amaneceres
y también atardeceres.
La estrellada  noche
como colofón y broche,
del esplendoroso día
que escribí mi poesía.







miércoles, 11 de abril de 2018

LA SONRISA DE PASCUALA


LA SONRISA DE PASCUALA
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Rosita era una niña que vivía en un pueblo perdido en el campo.
Su abuela Engracia, cuando venía a verla, siempre le contaba cuentos. Ella la esperaba con ilusión y la llamaba “abuela cuenta-cuentos”.
Un día de invierno vino la abuela “cuenta-cuentos” de visita, y fue tan grande la nevada, que cubrió puertas y ventanas y no se podía salir de casa. Rosita no fue a la escuela. Todos quedaron al calor de la chimenea.
Cuenta un cuento, abuelita—. Pidió la niña con ilusión.
Vale. Te contaré uno que me contó mi abuela un día de invierno que quedamos atrapados por la nieve. Habla de mariposas y de sol ,y de otras cosas. A mí me  gustan los cuentos que hablan de sol en invierno, y los que hablan de nieve en verano. Decía así:

Pascuala tenía una bella sonrisa, ella lo sabía y abusaba un poco de ello: siempre tenía la boca abierta. Su madre le anunciaba sin cesar malos presagios:
¡Pascuala, cierra la boca! Se te va a colar por ella todo lo que pulula por el embrutecido ambiente.
Pascuala hacía caso omiso a las advertencias de mamá, y no solo en eso, sino que tenía por norma no obedecerla en nada. Campaba a sus anchas haciendo siempre lo que le venía en gana.

Un día de sol radiante, salió Pascuala al campo, le gustaba cazar mariposas. Corría y corría tras ellas. Tenía una habilidad especial para atraparlas con sus propias manos: las cogía, las observaba durante un largo rato, y luego las dejaba abandonadas a su suerte con las alas rotas e inservibles para seguir volando.

Esa mañana de primavera, Pascuala iba riendo tras las mariposas. Llevaba como de costumbre la boca abierta. Una mariposa bruja se coló por ella, y la tuvo que tragar. Al pasar entre sus dientes, los fue impregnado de todos los colores de sus alas. No quedaban muy bonitos, más bien algo asquerosos.

Cuando llegó a casa, su madre quedó asustada al verla, su sonrisa era fea y repugnante. Las orejas se habían convertido en una especie de alas, que más bien parecían dos orejas de elefante. Ella, no se daba cuenta de que las movía sin cesar, y formaba tal ventolera, que las cortinas de casa estaban bailando a ritmo de vals.

Su madre asustada la llevó al médico. Cuando estaba en la consulta, todos los papeles que estaban encima de la mesa salieron volando por los aíres.
El médico, presuroso, le puso dos inyecciones en cada oreja, con el fin de conseguir su relajación.
Las orejas se relajaron, pero Pascuala no: empezó a cantar tan alto y desafinado, que todos los pacientes que esperaban en la consulta empezaron a increparla para que se callase.

El médico, que entendía mucho de hechizos de mariposas brujas, le dio un jarabe de polen de “mandrágora”, y Pascuala quedó profundamente dormida.
Cuando despertó ya se encontraba bien. Tenía las orejas como siempre las había tenido y los dientes también. Se los lavó con esmero, y desde ese mismo instante, obedeció a su madre, cuidó de todos los animales que veía, y solo abrió la boca para hablar cosas correctas y sonreír en los momentos que eran oportunos.

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¡Qué bonito! Me ha gustado mucho, abuelita. Cuenta otro.
Vale... Contaré otro. Pero antes tomaré una tacita de caldo calentito para recuperar fuerzas. El que voy a contar ahora es de los que absorben toda mi energía... Ese no me lo ha contado nadie.







martes, 3 de abril de 2018

GOLONDRINA PEREGRINA

Jadeante, iba pedaleando a toda prisa, con todo el ímpetu que me permitían mis cansadas piernas. Las nubes amenazaban lluvia y en un largo trecho no se veía lugar donde guarecerse. Se veían los bancales a ambos lados del camino con sus cultivos de distintas hortalizas: lechugas, alcachofas, coliflores y varías clases de plantas aromáticas. El viento arrancaba al pasar presuroso, aromas embriagadores. Una golondrina surcó los vientos, rauda. Aparqué mi bicicleta, saqué mi bloc de notas, y me dispuse a dar rienda suelta a la inspiración que su paso había provocado en mi interior:

Dime, golodrinita,
tú que viajas y vuelas...
¿Has visto a mi alma volando,
por otras tierras?

Peregrina vas y vienes,
surcando valles y mares,
buscando para ser feliz
al amor que aquí dejaste.

Yo bien quisiera tener
alas para desplazarme
a buscar el alma mía
y con ella encontrarme.




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sábado, 31 de marzo de 2018

ARDILLA COLOR FRESA

La ardilla Pedicusa no era una ardilla normal y corriente. Ella era una ardilla color fresa.
Resultado de imagen de ardillas disneyCorría de pino en pino buscando las piñas maduras para con sus fuertes dientes, abrir sus escamas y comer sus sabrosos piñones.

Todas las ardillas del bosque le tenían envidia, por su color fresa. Ella quiso dejar de ser de color fresa y tener el mismo color que las demás, pero su amigo el búho Caroncio, que era muy sabio, le dijo que cada uno se tiene que aceptar como lo ha hecho la madre naturaleza porque es la única manera de ser feliz y porque no hay otro remedio. 
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También tenía otra peculiaridad, el sol y la luna, cuando salían, lo primero que hacían era darle los buenos días con muchos besos. A nadie le pasaban desapercibidos, porque eran muy sonoros y atravesaban montes y valles con ondulantes ondas convertidas en ecos... 


Mua...Mua...Mua... El viento enmudecía, las nubes corrían a esconderse detrás los picos más altos de las montañas cuando los escuchaban, y la ardilla Pedicusa, se abanicaba con su larga cola y reía feliz subida en una rama del pino más alto. 
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Un día que estaba nublado, Pedicusa se puso triste, nadie la iba a besar aquel día. 
El búho Caroncio, que siempre admiraba a la ardillita, se compadeció de ella, la quiso consolar con sus sabios consejos y le dijo:


No te preocupes, Pedicusa. El sol, si no sale hoy saldrá mañana. Siempre es así con todas las cosas de la vida. Los días tristes pasan y después de un día nublado siempre sale el sol.

martes, 20 de marzo de 2018

ALMA MÁGICA



Cuando abro un libro y leo...
¡siempre te veo!
"Tu alma mágica"
Siento sueños alados.
Transportan mi pensamiento
por altas cumbres y verdes prados.
Siento en el aire un lamento,
Veo en su vibrar tu sentimiento.

miércoles, 7 de marzo de 2018

POEMA PARA ANGELITA


Tengo una casa en el campo.
Huele a tomillo y romero.
Cuando aspiro sus perfumes,
sé lo mucho que te quiero.

Tengo una fuente en mi huerto,
me fascina su murmullo,
cuando lo oigo yo siento:
Que eres mi amor y mi orgullo.

Tengo alas y no vuelo.
Preciosas como tu cara;
tan bonita y tan clara...
¡Tan linda cómo un cielo!

Puedo seguir componiendo
si yo quiero hasta mañana
versitos maravillosos...
¡Y para dormirte una nana!


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viernes, 9 de febrero de 2018

UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera, sin previo aviso,
llegará la alegría a tu corazón.
Si perdonas y olvidas las ofensas,
los agravios, y amas sin condiciones,
la paz será tu aliada
y el rencor dejará de azuzaste.
Las noches serán serenas
y serán las fuentes cantarinas.
 Verás más azul el cielo
 los ruiseñores te mecerán con sus trinos.
 Alguien aparecerá en tus sueños
y el recordarlo te hará sonreír.
Sentirás que formas parte del infinito
y cantarás poemas de amor.

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 Sigue la senda de lo bello.
Sueña las bondades del Creador.
Si pones empeño en ello,
tu ser prodigará esplendor.
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 Frescas están tus mejillas.
De miel parecen tus  ojos.
Cuando te miro y me miras,
mi amor te adora de hinojos.

En las noches en mis sueños
apareces deslumbrante.
Es tan limpia tu mirada,
¡imposible el olvidarte!

La paz que tu aura desprende
se hace de mí, la ¡bendigo!
Espero que llegue la noche
para encontrarme contigo.

Me duermo pensando en ti.
Pongo en verte mis empeños.
Porque me ayuda a vivir,
pensar que te veré en mis sueños.