viernes, 17 de noviembre de 2017

MISTERIO EN LA CASA DESHABITADA



+MISTERIO EN LA CASA DESHABITADA
De la casa deshabitada, allá en lo alto del cerro, dos columnas de humo subían hasta las nubes. Salían de sus grandes chimeneas. 
   
 Ese día, iluminado por un sol radiante, se había disipado la densa neblina que habitualmente ocultaba la silueta del vetusto caserón. 
   
 Todos los habitantes del lugar, recordaban las historias que habían trascendido acerca de aquella casona, contadas por los ancianos al calor de la hoguera en las largas noches de invierno.

 ¡Esa casa está embrujada! —decían—.  Nadie se atrevía a acercarse a ella.  Cierto era que, el paso del tiempo no se hacía notar en su antigua estructura, permanecía sin mácula, como recién construida. 

 Comentaban los lugareños, amedrentados por el misterio, que las noches de luna llena una lucecita difusa se dejaba vislumbrar a través de la densa niebla que envolvía el edificio del promontorio. Unas veces era verde. Otras de un rojo intenso; pero nunca, azul. 
   
 Azul, dicen que se llamaba la hija del dueño. 
Cuentan, que era una niña especial. Cuando llovía, Azul salía a la ladera del monte y cantaba canciones nunca oídas y las dedicaba a su madre a la que nunca conoció. 
  
Tenía una madrastra de comportamiento melifluo. Se comunicaba con el maligno. Éste le había prometido la eterna juventud si era capaz de pervertir a la niña... Cómo no conseguía su propósito, buscó en los bajos fondos ocultos un hechizo, y la convirtió en un pan de hogaza. Acto seguido, con la colaboración de señor de las tinieblas, convocaron a los malos espectros. 
Intentaron comer la hogaza de pan, pero no pudieron, éste desapareció entre la bruma, volando con alas de cóndor andino.
  
 Ahora, cuando el sol difumina la niebla, sale humo por las chimeneas, y todo el valle se impregna de un delicioso olor a pan de pueblo recién cocido.


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miércoles, 15 de noviembre de 2017

UNA NOCHE ESTRELADA

Era una noche estrellada de verano. A pesar de ser entrada la madrugada, el calor se hacía notar. La familia al  completo, compuesta por cuatro hijas y el matrimonio de José y de Josefa, esperaban que la noche apaciguara el bochorno que se notaba en los dormitorios, a pesar de tener las ventanas abiertas, para retirarse a descansar. Sin más alumbrado que el que venía de las estrellas, charlaban sentados a las puertas de su casa. 
    Se hallaba ésta en el llano, cerca del monte. Cantaban los grillos y las cigarras como música de fondo.  
  
  El ladrido de Fani, una perra de raza Pastor aleman, y el relincho de su caballo, de pura raza española, que tenía por nombre, Mágico, les puso sobre aviso de que alguien se acercaba. Entraron de inmediato a la casa y cerraron la puerta con mucho temor. Los vecinos más cercanos estaban a dos kilómetros de distancia. No era muy frecuente, pero se habían dado casos de asaltos a los escasos habitantes de aquellas soledades.
   
  José, dispuesto a defender a su familia, dispuso su escopeta. Las niñas se encerraron en su cuarto. Temerosas, encendiendo una velita a una  imagen de la virgen del Carmen que tenían en una hornacina hecha en un hueco en la pared, se pusieron a rezar.
     En el gallinero, las gallinas formaron un gran alborozo, desacostumbrado a aquellas horas de la noche. Hasta el gallo se puso a cantar. 
    
 Josefa, toda amedrentada, se dispuso con apremio a guardar las ristras de ajos y de cebollas que tenía en el cobertizo del patio. También guardó las  obleas puestas a secar, y las almendras, provisiones que se hacían de los cultivos de verano para pasar el invierno. ¿Quién será? Se preguntaba. Hacía meses que no pasaba nadie por allí. 
     
 Nadia, la hija más pequeña, se subió al palomar. Las palomas, asustadas al recibir a la intrusa, salieron en bandada por los huecos de escape aleteando y tropezando unas con otras en la oscuridad de la noche.
     
 Elena, la mayor de las hermanas, abrió la trampilla que conducía al aljibe seco que estaba debajo de su cama y que sus padres habían habilitado para conservar allí las provisiones para el invierno. Llamó a sus hermanas para que se ocultaran allí con ella, y viendo que faltaba Nadia, salió en su busca. 
    
  Cuando la encontró, comenzaba a rayar el día. Primero todo se tiñó de rojo. Después, fue apareciendo el disco solar en el horizonte. 
Cuando fueron a la cuadra, Mágico no estaba. Había desaparecido. No sabían cómo, pero se había esfumado. Quedaron anonadados. 
Se consolaban unos a  otros con el susto todavía en el cuerpo. A ellos no le había pasado nada... Y...
    Bueno, por lo menos las palomas, habían vuelto todas al palomar.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

CASTAÑAS ASADAS

La noche era de lo más normal para la época del año que corría: odiosamente fría y muy desangelada.
En las calles de toda la ciudad, —a pesar de estar excesivamente iluminadas—no se veía ni un alma. Hasta las ratas temían sacar el hocico, por si se les congelaba.
En un rincón escondido entre parterres y setos de la glorieta, un indigente y una indigente se disponían a pasar la noche apretujados, uno contra otra, aportando al conjunto el propio calor de sus cuerpos. Se arrebujaban con una manta dentro de su cabañita de cartón, hecha a propósito.

¿Cómo te has escapado de la recogida de indigentes?—Y, a todo esto... ¿Cómo te llamas? —dijo el chico a la chica a la que acababa de conocer de modo fortuito.
¿Para qué quieres saber cómo me llamo? ¿Acaso te he preguntado yo a ti cómo te llamas?
Si te parece bien, —antes de entrar en intimidades—, vamos a comernos ese bocadillo que dices que has comprado y a echar un trago, porque... has traído vino, ¿verdad? —le contestó ella algo tiesa.
No. He traído coñac. Pero coñac del bueno. ¿A que no sabes cuánto dinero he recogido hoy?
Si no me lo dices, no.
He recogido... ¡Cien euros!
¡Qué barbaridad! Podrías haber dormido en una pensión. Con las ganas que tengo yo de coger un colchón decente, en una cama decente, en una habitación decente, con un cuarto de baño... más o menos decente...Y hablando de decencia, tú, ¿por qué estás en la calle... tirado?
¿No me has dicho que antes de intimidades el bocadillo? — Anda, toma y come. —Le replicó él irritado, —Y, ojo con meter la mano donde no debes meterla. Que he visto como te brillaban los ojos cuando te he dicho el dinero que he recogido.
No se hable más. Venga el bocadillo y a comer. Y prepárate para ir a comprar unas castañas asadas calientes para el postre, que mañana tendrás que regalarme algo bueno si quieres que pasemos la noche juntos. Ah...y otra cosa... pasa por los servicios de la estación de autobuses y lávate, que pareces el hombre de las cavernas. Ya no se sabe a qué hueles.
!Mira, quién vino a hablar! ¿Acaso te has creído que tú hueles a rosas? ¿Y que eres la reina de Sava? Pues que sepas que vas dejando un tufillo que se sabe donde estás a cien metros de distancia.
¡No te enfades, que la noche es larga! Trae ese coñac para acá... A mí ya no me queda bocadillo, ¿y a ti?
Vamos a callarnos... que como se den cuenta de que estamos aquí... vendrán, nos recogerán y nos llevarán al albergue.
¡Al albergue no! ¡Qué manía tienen...! —¿Por qué no la dejarán a una vivir su vida en paz?— Tú crees que si yo quisiera vivir de otra manera, ¿no buscaría la forma de hacerlo? Los vagabundos somos necesarios en esta vida: El estímulo, el ejemplo para la gente que nos ve. Se sienten generosos y buenos cuando nos ayudan, y se animan a trabajar duro para no verse en nuestra situación... Somos muy necesarios para que los demás se sientan ricos—, por pobres que sean.


Anda, echa otro trago y arrímate pacá, que me has salido muy filósofa.

sábado, 21 de octubre de 2017

EL DESPERTAR


¡Qué bonito despertar!
Y ver que estás a mi lado.
Ver que en la almohada mi pelo
con tu pelo se ha enredado.


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Andrés Elles quedó gratamente sorprendido cuando al salir del  trabajo hizo un alto en su camino. Entró en un bar, como era su costumbre, y sintió que alguien le tocaba en el hombro.  Era Paco, su amigo de la infancia que le saludaba con alegría, había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron. Desde que Andrés se casó con Pepa, había descuidado sus amistades, su vida era rutinaria y desabrida, nada había salido como él esperaba.

 —¡Qué bien te debe ir la vida, amigo mío! Dame un abrazo, hombre... y cuéntame... ¡«tienes muy buen aspecto»! —Le dijo su amigo con gran regocijo.
—Sí... bastante bueno. Si me hubieses visto hace un mes, seguro que no habrías pensado lo mismo. Aunque no lo parezca, mi vida es un asco. Para empezar, mi salud hace tiempo que hace aguas: me hacen revisiones de colon, me falta un riñón, duermo todas las noches con una mujer que no me gusta, y por si eso fuera poco, me han clavado en una deuda de doce mil Euros.

—¡Vaya...! Pensé que eras un hombre afortunado y que tu mujer era el centro de tu vida.
—¡El centro de mi vida! Hace tiempo que abrí los ojos a lo evidente, toda su belleza se olvida a los cinco minutos  hablando con ella. Es inconstante, vulgar, pasiva, y qué sé yo. Aburre hasta la saciedad. Necesita que el dinero caiga del techo sin parar de noche y de día, es una manirrota.

—Hombre, tal como lo pintas, cualquiera saldría corriendo por piernas.
—Todos los días salgo pensando en no volver.    
—¿Por qué no lo haces?
—Cualquier día lo hago.
Venga, hombre, la vida es una sola. No la desperdicies. 
—A veces me veo por mares lejanos, sobreviviendo como Robinson Crusoe en una isla desierta.

—¿Por qué no te vas a Australia? Creo que allí necesitan gente especializada. Tú eres un buen veterinario.
—¡Hombre, Paco! ¡Qué lejos me mandas! además, no tengo dinero para todos los gastos...
—No te preocupes de nada. Si quieres que te eche una mano cuenta conmigo. Yo lo puedo mirar todo. Tú, sigues tu vida normal. Cuando esté todo preparado te llamo y hablamos. Del dinero no te preocupes, allí se ganan sueldos muy altos. Ya me lo irás devolviendo.
—¡Paco, me parece algo canallesco! Desaparecer así, sin más, es muy fuerte la cosa.
—Tú puedes hacer lo que quieras, Andrés; pero vivir así, sin ilusión, vale más no vivir. El tiempo todo lo borra. Ella se sobrepondrá y quizá sea lo mejor para los dos.

—¡Creo que me estoy ilusionando con la idea! Qué gran amigo eres, Paco. 
—¡Venga, venga! ¡Los amigos se ayudan! Tú sabes que puedes contar conmigo.

Se separaron ambos compañeros y Andrés marchó a su casa dispuesto a dar un cambio a su vida.

Pasaron unos días y la rutina hizo olvidar a Andrés los proyectos que iniciara junto a su amigo de la infancia. Desde la guardería fueron compañeros inseparables. Se apreciaban como hermanos, con una sincera amistad.
Una mañana sonó el teléfono en casa de Andrés. Pepa, la mujer de éste, atendió la llamada:

—¡Hola, soy Paco, ¿está Andrés?
—Hola, Paco. Andrés no está. ¿Quieres dejarle un recado?
—Sí, dile que me vea en el bar.
—Paco, ¿cómo estás? no vienes mucho por aquí.
—Estoy muy liado Pepa. Cualquier día paso. ¡Un saludo!

Cuando vino Andrés a casa recibió la noticia y se dispuso a ir al encuentro con Paco. Pepa, haciendo gala de su falta de tacto, en opinión de Andrés, se empecinaba en acompañarle.
—Necesito que me hagas un favor, Pepa. —Le dijo de un modo solapado—. Espero una llamada importante. ¿Quieres esperar aquí y atender al teléfono? Te prometo que no tardaré.

Pepa dejó marchar a regañadientes a Andrés. Éste anduvo el camino hacia el bar en cuatro zancadas; nervioso, apresurado. 
—¿Qué hay Paco? —Le dijo a modo de saludo a su amigo:
Ya no me acordaba del trancazo que llevamos entre manos. Me parece una locura indigna.
—Pues todo está dispuesto. El martes a las seis sale el avión que te llevará a Sidney. Tienes hotel y contactos que se comunicarán contigo nada más llegar para el contrato de trabajo. Te adjunto, con el pasaporte, una cuenta bancaria. Confío en que serás prudente en el gasto ya que pongo mis recursos en tus manos.
—Amigo, no tienes que preocuparte. Basta que seas tú el perjudicado para que yo procure no ponerte en apuros. Te devolveré con creces el favor que me haces. —Le dijo Andrés—

Aquella noche Andrés observaba a Pepa más que de costumbre. Los remordimientos querían aflorar... ¡qué diablos! —Se dijo—, ¡libertad divino tesoro! Todo estaba decidido. ¡Viva la aventura! ¡Adiós a la rutina!
¡Viva la libertad!

Llegó el día. Él salió para el trabajo, al parecer, como de costumbre; pero estaba de acuerdo con su amigo, que le  recogió  y le llevó al aeropuerto donde embarcó rumbo a Australia. 



Por la ventana entreabierta, la luz tamizada y suave de la mañana iluminaba la habitación. En la cama, Pepa duerme despreocupada; se acostó temprano y ni se había dado cuenta de que su marido se había ido. 
 Los ruidos de la calle la despiertan. Coge el  móvil y llama a su marido. El teléfono de Andrés no da señales. Toda nerviosa se tira de la cama con tan mala fortuna que resbala y cae. Pierde el sentido y queda inconsciente en el suelo. 
¡Pobre pepa! Nadie la va a socorrer, Andrés ya estaba surcando el espacio que le llevaba a su nuevo destino. 


Paco, que tenía la misión de comunicar a Pepa la marcha de Andrés, fue hasta su casa a darle la noticia. Llamó al timbre y nadie le abrió.
Después de varias llamadas telefónicas y al timbre sin respuesta, con un extraño presentimiento de que algo extraño pasaba, avisó a la policía. 
La encontraron como ya sabemos, inconsciente en el suelo. La trasladaron al hospital, donde, después de muchos cuidados, Pepa despertó con una amnesia total: no recordaba nada de su vida anterior, ni de si tenía familia, ni de la existencia de Andrés... 
A Paco se le complicaba la vida. Él, que había elegido la vida de soltero huyendo de responsabilidades y de problemas, ahora, sentía la obligación de cuidar de aquella mujer que conocía muy poco. Se sentía culpable. ¡Quién le mandaría a él  meterse de redentor de nadie!  ¿Qué iba a hacer ahora? Andrés ya habría llegado a su destino; pero estaba obligado a permanecer en ese país cinco años sin salir ni de vacaciones. Era la norma que se imponía al firmar el contrato.

Cuando le dieron el alta a Pepa le dijeron que sola no podía vivir de momento. Al no tener familiares cerca, Paco la tuvo que instalar en su casa para poder seguir con su trabajo y cuidar de ella hasta que recuperase la memoria, si es que lo hacía.


Los días fueron transcurriendo y Paco al volver del trabajo encontraba a una bella mujer esperándole. Se sorprendía al encontrar cambios en su hogar que a él nunca se le hubiesen ocurrido. Salían a caminar e iban juntos al gimnasio. Los domingos paseaban en barca por el estanque del parque e iban al cine. 

Paco se sorprendió deseando que Pepa no recuperase nunca la memoria y que Andrés se quedara en Australia para siempre. 




sábado, 14 de octubre de 2017

LAS MANÍAS DE DOÑA ASUN

Doña Asun, mujer luchadora y muy activa, tenía preocupada a toda su familia y gente que le tenía gran aprecio. A pesar de que su aspecto físico y su clarividencia mental eran inmejorables, por tener ya una edad preocupante, pensaban que estaba perdiendo el juicio. Corría por toda la casa de un lado para otro sin parar, y hasta que no transcurría una hora, no dejaba de hacerlo.

Ella caminaba también por las calles siempre que le apetecía. Le gustaba mirar los montes en su lejanía, disfrutaba del paisaje con deleite; pero, cuando estaba tranquila en su hogar y no le apetecía salir al exterior, hacía su caminata a golpe de reloj. Caminaba con movimientos circulares de brazos hacía delante y hacía tras hacía tras haciendo natación : —Tengo en casa un gimnasio que no se paga cuota; conecto mi ordenador, y tengo: teatro, Universidad, salón de música, discoteca, conferencias, biblioteca, piscina, ópera, cine y todo lo que pueda desear. «YouTube querido», ¡gracias por existir!, —se decía.
Todo sucedió, porque su hijo dejó en casa un ordenador conectado en perfectas condiciones de uso.
—¡Qué pena que esto esté aquí sin darle utilidad! Se va a estropear. —Pensó ella que siempre, a lo largo de su vida, había aprovechado todo lo servible que se había puesto a su alcance. 
Ni corta, ni perezosa, habló con su vecina que acababa de terminar la carrera de ingeniería, y la contrató para que le diera clases de  informática. 


A partir de ahí, todo  vino rodado.  Su viudedad reciente y sus setenta y tantos sufrieron un cambio drástico. Entró en un mundo  impensable para ella. Mujer dedicada a cuidar de la familia, nacida en la posguerra en un pueblo de provincia, está completamente actualizada y llena de vitalidad. 
«¡Ancianos, aprender informática, es genial »










jueves, 28 de septiembre de 2017

LA SEÑORA PACA Y SU CARRO DE LA COMPRA

Con gran determinación, la señora Paca avanzaba por la acera empujando su carrito de la compra. Le servía de apoyo y pasito a pasito, hacía cálculos de lo que le faltaba para llegar al supermercado.
Había tomado la costumbre de caminar hablando a su carrito de la compra, en su soledad, hablaba a cualquier cosa:
—¡Vaya tiempecito que nos hace esta mañana! Suerte que se me ha ocurrido ponerme la manteleta. Cuando mi pobre Ernesto vivía, siempre miraba como estaba el tiempo fuera antes de salir. Yo, no soy tan precavida, salgo a la buena de Dios. Ayer sin ir más lejos, salí sin paraguas y me calé hasta los huesos; debo tener bien las defensas porque no me he resfriado. Mi vecina Lola está perdiendo la chapeta, se ha puesto de «vaqueros» y con ochenta cumplidos, tú me dirás; pero... ¡qué vas a decir tú!...
 Está bien eso de que tú no hables... Pero no te preocupes, pronto sacarán uno que hablará... Aunque lo saquen, yo a ti no te cambio por nada del mundo, eres el mejor compañero que he tenido: escuchas en silencio y me llevas los paquetes de la compra; también me echas una mano y me sostienes el equilibrio. Qué malo es llegar a viejo. ¡Quién me ha visto y quién me ve...! Yo, que me comía el mundo:  siete hijos he criado, y mira, si quiero conversar con alguien tengo que hacerlo con el carrito de la compra; claro, que si quisiera ir a vivir con alguno... Tengo a mi Paquita que con el alma y la vida. Pero no. Si me voy de mi casa no podré recibir a todos, eso está claro. Se irán distanciando y perderán el interés de ver a su madre. Ellos cuando vuelven a casa encuentran allí los recuerdos de su infancia. Les encanta subir a sus habitaciones y encontrar lo que dejaron en su sitio, y rememorar sus vivencias en el hogar de sus padres... ¡No, no me iré! ¡Ah, mira, ya hemos llegado! Espera aquí que enseguida vuelvo.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

ENSALADA DE PERLAS


—Cuéntame un cuento Yayi, y dime que comen las hadas. 

—Ensalada de perlas, aderezada con jazmines y suspiros de estrellas.
Es lo que comen las hadas cuando quieren celebrar el equinoccio. Sueltan su melena al viento y encienden las luces de sus baritas. Van buscando a las niñas soñadoras y les conceden un deseo. 
«Dime, Thais, ¿que deseo es el tuyo?»

—¿Acaso eres tú un hada con facultad para conceder deseos?
—Soy la noche y el día, soy el viento y la lluvia; soy el Sol y la Luna, soy la Tierra y el mar. Pide lo que desees, que yo con mi poder te lo voy a conceder.

—Es mi deseo que la luz de la sabiduría inunde mi entendimiento.
 Saber tomar siempre la decisión correcta.
Conectar mi ser espiritual con mi ser físico en perfecta armonía.


—¡Oh, Thais!  deseos de una niña precoz; de todas formas...

 Todo eso se consigue comiendo la ensalada de perlas aderezada con jazmines y suspiros de estrellas. Las hadas no han dejado ni pizca de ella. Hasta el próximo equinoccio te tendrás que conformar con iluminación intermitente, acertar en tus decisiones solo de vez en cuando, y el desajuste entre tu ser físico con el espiritual cada vez que te distraigas en cosas banales del mundo. Escucha con atención a quién te habla en el silencio. La voz de tu interior te dirá cuando la ensalada de perlas aderezada con jazmines y suspiros de estrellas está preparada, y come antes de que las hadas acaben con ella. 

—Sí, bien... ¿Pero dónde la podré encontrar?
—Las hadas, cautelosas, van dejando mensajes ocultos.  «Adivina tú dónde»
—¡Tengo sueño, Yayi! «Mañana terminaremos el cuento»



   


martes, 26 de septiembre de 2017

CADA DÍA ES NUEVO

El agua del grifo caía con fuerza produciendo chispazos que lo estaban mojando todo alrededor del lavabo. El ruido que hacía atrajo la atención de Julina, gran amante de la limpieza y el orden:

—¡Pacooo! —gritó—. El grito se que se oyó salió por la ventana, y el viento de Tramontana lo arrastró hasta el valle que se extendía allá a lo lejos. El viento quiso jugar con él, y lo fue llevando por montañas y valles, hasta que en su enredo con ellos, se lo fueron pasando convertido en «eco» que repetía una y otra vez... —¡Pacooo... Pacooo...!

Paco, al oír la potente voz de Julina, dejó la pastilla de jabón en la jabonera, y temeroso, corrió asustado y arrepentido del tremendo delito cometido, y no encontrando otra salida, se deslizó por la barandilla, escaleras abajo.

En su escapada precipitada y sin saber dónde esconderse, vio que la puerta que daba absceso al sótano de casa estaba abierta: bajó, cerrando cauteloso tras de sí.
La oscuridad más absoluta lo envolvió. No tuvo que esperar largo rato a que sus pupilas se adaptaran a la oscuridad, pronto fueron apareciendo ante sí los objetos que el lugar tenebroso contenía: baúles, máquinas de coser antiguas, maniquís sin brazos y sin piernas, y un gran armario con las puertas abiertas que parecía quererlo  tragar.

Se fue acercando medroso con la intención de esconderse detrás de la gabardina de papá, que tenía las mangas en posición de abrazo, invitándolo a refugiarse a su abrigo. En ese preciso instante, los goznes de la puerta chirriaron a modo de lamento. Una voz un tanto excitada, exclamó: «Pacooo, ¿estás ahí?» — Paco estuvo tentado de decir: «¡nooo!»; pero, contuvo la respiración y esperó a que la voz se hiciera silencio y la puerta se cerrara. 

Paco tenía miedo de las sombras, pero el temor a mamá lo superaba... "Era tan limpia y exigente" De vez en cuando hasta pegona. Si Paco no era obediente en todo, se enfurecía, gritaba y zarandeaba al pobre chico. Éste le tenía un miedo tal, que le era sumiso hasta la médula: no se atrevía a contradecirle. Si había de despedirse de ella por el motivo que fuese, le aterrorizaba acercarse para darle un beso. 

A pesar de estas circunstancias anómalas de lo que es una madre, Paco era un niño soñador. Jugaba con los bichitos que encontraba a su paso cuando salía al jardín y le gustaba bañarse en la acequia que lo surcaba de Norte a Sur. Se tendía bajo el magnolio  centenario y leía los cuentos que su tía abuela le regalaba en su cumpleaños. Recordaba con deleite sus caricias y sentía el calor placentero de que alguien lo quería. —Cuando estés triste, —le decía— recuerda al buen «Jesús», cuando dijo a Lázaro: —«Lazaro, levántate y anda». — Lázaro se levantó y anduvo... 

Y vendrá la Tramontana. Se llevará por la ventana los temores, los reproches... Y el agua de la acequia regará el magnolio centenario, y cada año, tendrás ante tus ojos la maravilla de verlo en flor. 

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domingo, 24 de septiembre de 2017

CUIDADO CON LO QUE DESEAS

—¡Fuera de mi vista! No quiero verte más. Ensucias lo que limpio y estoy harta de ti.
Éstas y otras increpaciones eran frecuentes en casa de Ariana. Hablaba sin piedad cuando lo veía deambulando por el salón. 

Él, cuando esto sucedía, la miraba y seguía con displicencia, con absoluta carencia de alteración por las increpaciones. Era el rey de la casa y buscaba el mejor sitio para él, sin importarle si el piso aún estaba mojado después de haberlo fregado.
Ella en el fondo disfrutaba de su compañía y admiraba su belleza, pero aquel día, sus increpaciones habían subido de tono y en su corazón deseó lo que decía: «¡No verlo nunca más!»

Marchó Ariana a los recados que tenía previstos. Cuando regresó, él no estaba: «Se había marchado y no volvió a verlo nunca más». Desde entonces el misterio la abruma...En adelante cuidaré lo que deseo... 
Con frecuencia se pregunta:
«¿Qué habrá sido de aquel lindo gatito?»

sábado, 23 de septiembre de 2017

EL DELANTAL

Levantó los ojos del diario y, por encima de sus lentes, fijó su atención en los graciosos zapatos que se posaban con elegancia sobre el piso de la cocina. La instantánea quedó en su retina repitiéndose una y otra vez como flax  que se acciona  a intervalos. Después de los zapatos fue subiendo hasta llegar a la cintura. Diminuta.
 El lazo voluptuoso del delantal se expandía hasta las caderas con sus puntas largas, largas... ¡Dios mio, que prodigio! De pronto, se inclinó para poner detergente en la lavadora... ¡Indescriptible! Las piernas sobre los tacones subían la falda de manera que, solo tapaba su ropa interior el lazo del delantal...
    Amadeo esperaba hojeando el periódico con impaciencia la hora en que Adelina subía y bajaba las escaleras haciendo las tareas domésticas; pero sobre todo, cuando en la cocina, anudaba en su cintura su precioso delantal: Era una catarsis que renovaba sus energías y le devolvía la paz...«para seguir leyendo el diario»

viernes, 22 de septiembre de 2017

LA ESCAPADA

Resultado de imagen de imagenes notas musicalesEra plácido y feliz el transcurrir de sus días. Nada enturbiaba su devenir. Cuando tenía un ataque de melancolía, abría su blog y escribía: cuentos fantásticos, estimulando su imaginación con bella música de fondo.  

Sus relatos, eran a veces ingenuos, otras no tanto; pero siempre dentro de una linea marcada por la ética y la moderación. —No se puede lanzar al viento nada que enturbie la atmósfera límpida de mi valle, —decía—. Aguas cristalinas inundan los rincones más recónditos de mi alma. Sólo un «Señor» abita los remansos que a su paso tortuoso va dejando el cauce de mi río. Cauce que ha recorrido todo un sin fin de sinuosos parajes donde sus torrentes han excavado profundos desfiladeros. No vuelven atrás las aguas. Buscan nuevos parajes por vados y quebradas. Sigue el cauce su destino hasta perderse en la inmensidad de mares y océanos. Todos los ríos se unen en un solo mar infinito sin tormentas, donde la paz tiene su morada.
 «La paz se alimenta con sueños de amor y esperanza»       

jueves, 14 de septiembre de 2017

SÁTIRAS DEL SENADO

TRINIANA MUJER DE QUINIANO

Triniana mujer de Quiniano,
mujer entre las mujeres;
ha inventado el zarangollo
y lo hace que te mueres.

Los romanos que no saben
comer nada más que pollo, 
no tienen la mínima idea
de lo que es el zarangollo...

Ni patatas con alioli,
ni ensaladilla murciana, 
estas cosas las inventa:
Triniana mujer romana.

 Son tan ricos los platos suyos,
y las cosas que los componen,
que después de dos mil años...
«Los murcianos aún las comen.

Esta mujer de Quiniano
conquistó sus pensamientos
poniendo sobre la mesa
estos platos suculentos.

También porque está muy buena,
y por ella, él se pierde. 
Igualito que los platos...
«Él se le pone que hierve»

¡Ellos ya son dos abuelos!
Pero no tiene importancia.
Ellos se conectan mucho...
«¡Sobre todo en la pitanza!»



domingo, 20 de agosto de 2017

SÁTIRAS DEL SENADO

EL JEFE DE LA CENTURIA

Bertonio y Josilina
engañan a los paganos,
parece que son ateos
pero ellos son cristianos.

Él, jefe de la centuria,
hombre fuerte y aguerrido,
se ha mostrado generoso
con Josilina, de quien es marido.

Le ha comprado brazaletes,
pulseras y muselinas
para que se haga con ellas
las túnicas más divinas.

Bertonio con Josilina
con sus trajes de romanos
en la casa de la huerta
nos reúne como hermanos .

Se congrega la centuria
para organizar la fiesta
con Bertonio y Josilina
en la casa de la huerta.

Le tiene celos de muerte
y la quiere encerrar
en la casa de la huerta,
donde se va a celebrar.

¡Ay! Dios, que no la encierre,
porque tiene que fregar
los platos de la pitanza
que es lo que le gusta más.

A mí me dijo en secreto
esta honorable señora
que las grandes comilonas
día y noche las añora.

Y no es por lo bien que come
ni lo bien que pasa los ratos
es porque calma sus ansias
de hartarse de fregar platos.

¡Qué fiestas, qué algarabía!
Que se hacían los romanos.
Ahora que ellos no existen
las hacemos los cristianos.

¡Y, es con buena voluntad!
La alegría Dios amó...
Ama la luz y la bondad
que emana de un buen corazón.




SÁTIRAS DEL SENADO

EL QUE BIEN TOCA

Juanjoniano y su guitarra
no le teme a los leones.
La afina y también la toca
que los duerme con canciones.

Se asustan, se van corriendo
cuando se marca el compás
pateando fuerte el suelo
rasgueando sin parar.

¡Qué alegría, qué romano!
Qué manera de tocar.
Es lo que dice Candiana
cuando por la senda va.

Este romano en su villa
cultiva flores sin par.
Son las gentes que se acercan
para enseñarse a tocar.

El pueblo entero le admira
porque siempre está dispuesto
a regalarnos su arte
en todo acontecimiento.

Por eso Dios bien le asiste
y pronto le va a regalar
un instrumento precioso
para que pueda tocar.

En el coro de la iglesia
que será todo un acierto,
el ÓRGANO estrenará
y nos dará un buen concierto.


sábado, 19 de agosto de 2017

SÁTIRA DEL SENADO

REGALO REGALADO

Pilirondo que ama a Antoniana
se porta como un chiquillo,
para ganar sus favores
le regala un cochinillo.

Con rodajas de limón
en el hocico y el rabo
y para ser más notorio,
él mismo lo ha cocinado.

Todo untado de manteca,
con perejil y con fuet,
ha copiado la receta
del programa Master Chef.

Se le ve tan jugosito,
y sabe y huele tan bien,
que Antonina generosa,
da buena cuenta de él

Se ha comido una pezuña
que sabía a pan bendito,
y le ha dicho a Pilorondo
que el próximo sea un cabrito.

Antoniana que desmuestra
tener muy buen corazón
 ha dejado a Pilorondo
que se coma una ración.

Viendo que todos miramos
como su apetito aplaca
dice que para invitar a todos
hay que traer una vaca.

SÁTIRAS DEL SENADO

VIVIR Y VER

Josefonia y Joseleno
viven en un campopillo
y se pasan todo el tiempo...
Anda y corre que te pillo.

Tienen su huerto delante,
y como buenos romanos
se tumban y comen siempre
después de lavarse las manos.

Comen tragan, comen comen
y todo lo hacen bueno,
que la vida está muy cara
y que vomiten los leones.

Que después de la pitanza
lo que hace es descansar,
hacer bien las digestiones
dejarse de vomitar.

Josefonia y joselino
son amantes de por vida
y han venido al Senado

a reírse de la vida.

SÁTIRAS DE SENADO

EL SOLISTA

Trinitario de voz bella
tiene un trino en su garganta,
le falta tocar la lira
para adornar lo que canta.

Un solista como éste
cualquier grupo lo desea,
hay que llevarlo a YouTube
para que el mundo lo vea.

Habrá que pedir permiso
a su espléndida morena,
no sea que se lo roben
y se nos muera de pena.

De morir nada se ha dicho,
a vivir que son dos días,
cenaremos,  cantaremos,
y lo demás son tonterías.


SÁTIRA DE SENADO


SORNA DE TIEMPO

Sabia virtud de conocer el tiempo.

A tiempo amar y desatarse a tiempo.

Y como dice el refrán, “dar tiempo al tiempo”,

que de amor y dolor, alivia el tiempo.

Martirizarme tanto y tanto el tiempo,

que no sentí jamás correr el tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,

amor de aquellos tiempos, como añoro

la dicha inicua de perder el tiempo.


SÁTIRAS DEL SENADO

LA CRISIS

Vamos a hablar de la crisis
sin herir los sentimientos;
siempre hay cosas positivas
en estos acontecimientos.

Muchos montados en el “denario”
grandes despilfarrones,
se han visto obligados
a ajustarse los cinturones.

Y, es, que en la vida señores,
no hay mal que por bien no venga;
si alguien se da por aludido
que medite y se contenga.

Que aquí no se insulta a nadie,
simplemente se comenta.
para eso está el senado
y se arregla...O se intenta.

A mi primo Tolorino,
hombre fornido y muy alto,
que usaba sandalias de cuero
ahora las lleva de esparto.

Y camina cómo un tigre...
Con fuerza de dos elefantes...
Recorriendo muchas millas
lo mismo que hacía antes.




SÁTIRAS DE SENADO

LOS ENSAYOS

La cuadrilla en los ensayos
bien lo solemos pasar;
aparcamos los problemas
y nos ponemos a cantar.

Aunque a veces aun cantando
la tristeza nos conmueve
cuando dice Encarnita
que el caballo se le «muere».

Y es que ese caballo suyo
que ni relincha ni da trotes,
dice que hojas de limonero
son para «paparajotes».

Que si quiere alegría
en su forma de trotar
tiene que cambiar el pienso
que «hojas verdes» le caen mal.

El señor director presidente
que no se sienta en la silla
dice que quitando a cuatro,
los demás no cantan, «chillan».

A mi no me sienta bien.
Y me pongo enfadada.
Por eso cuando otros cantan
yo permanezco callada.

¡Jolines! Me estoy pasando.
Que de esto me condenan;
me van a mandar al menos...
«¡Al penal de Cartagena!»




SÁTIRAS DEL SENADO

LOS POLÍTICOS

De los políticos hay que hablar
y ellos muy bien lo saben;
ya salen con vaselina
para que los dardos resbalen.

Es una raza especial
que al mundo su cara enfrentan
y si sale bien o sale mal
dignidad siempre aparentan.

¡Yo quise hacerlo bien!
Es siempre su cantinela,
sujeta el mango de la sartén
y las migas a su cazuela.

Qué esta vida son dos días...
Según mi abuela decía...
con la bolsaca bien llena
mañana será otro día.

Y ya no me extiendo más
porque se hace pesado;
que lo que hoy es noticia
mañana será olvidado.



SÁTIRAS DEL SENADO

ME VENGARÉ DEL SECRETARIO

Va diciendo un centurión
que le han hecho un agravio
y lanza su represalia
dirigida al secretario.

¡Mi venganza será horrible!
Grita blandiendo su espada.
¡Le cortaré la cabeza
y en mi lanza irá clavada!

¡Soy jefe de una centuria!
Con la fuerza de un león.
Y acostumbro a quien me insulta,
arrancarle el corazón.

¡No, no lo mates!
Grita y gime “Albertario”.
¡De dónde saco a otro que trabaje
sin pagarle un honorario!

¡Bonico es el tiempo que corre!
Que nadie da un palo al agua
como no sea que cobre
y ni así a veces trabaja.

¡Ay! Mi secretario hermoso!
¡Qué majo!, y ¡qué trabajador!
Lo único malo que tiene...
Es que rompe el ordenador.

Ha veces yo calculando,
y me lo callo por pudor...
«Lo que no cobra currando

lo pago al reparador».

SÁTIRAS DEL SENADO

Asustado Pablorino
mirando por la ventana
a visto que su esposina
se ha convertido cristiana.

No quiere que se la maten
y no ha visto mejor manera
que traer a su cristiana
y esconderla en Santomera.

¡Ay! Dios, que desventura
si a esta mujer tan hermosa
se la comen los leones
de una manera asquerosa.

¡Una pierna sin sandalia!
¡Un brazo sin brazalete!
La túnica toda rota
que no tapa ni el culete.

¡Dios! del cristiano que ayudas
al pobre y al desvalido...
¿Por qué no cambiar leones
por su amado Pablorino?

Él la tratará mejor...
Si la come será fino.
Para que no se le acabe
la comerá con buen tino.



SÁTIRAS DEL SENADO

Al senado y pueblo llano,
a todos quiero explicar:
Lindado con Santomera,
«Lindo» vive en el Siscar.

Le gusta el arroz con habas.
Le gusta el arroz con con carne
y le gusta el arroz con conejo
que prepara Maricarmen.

Ella sabe hacer buñuelos,
bizcochos de chocolate,
vaya mujer primorosa
que Lindo supo buscarse.

Se me acomoda en su silla
cuando acude a los ensayos
asombrando a la cuadrilla
igual que cien papagayos.

El presi que es certero,
cuando algo quiere aclarar
dice que son la mejores
nuestras «chicas del Siscar».

¡Vaya piropo les echa!
La verdad que a veces cuela.
Nos cautiva y nos admira
la sonrisa de «Rafaela».

En verdad es atrayente,
se porta muy bien cantando,
por eso al presidente
con maña se va ganando.

Ello suele pasar siempre.
Los halagos se va llevando
y las chicas de Santomera
solo de cuando en cuando.

A mí nadie me hace caso.
Hago muy pocos progresos.
Por ello he dado este paso:
de hacerles a todos versos.

Yo me siento afligida...
Tengo que hacer muchos versos,
con el trabajo que cuesta...
¡«Rompiéndome hasta los sesos»!



jueves, 17 de agosto de 2017

MESCOLANZA

Según el Diccionario de la Real Academia Española, el significado de «mescolanza», es un entramado de situaciones y notificaciones expuestas gráficamente con falta de orden y sentido. No es mi intención faltar a las reglas y sí intentar que, a pesar de disparates  fuera de orden y sentido, todo lo expuesto por mí en este relato quede lo más organizado y compresible para cualquier lector que se aventure a internar su atención en lo que aquí se expone.

Me sucedió cierta mañana cuando paseando por la playa encontré a un conocido tirado en la arena a ras del agua. Las olas parecían querer llegar hasta él sin conseguirlo una y otra vez. De momento me pareció que dormía, pero observando su lasitud me acerqué y pude comprobar que su estado era de inconsciencia, o tal vez de algo más... grave. Recogí su mano del abandono y le tomé el pulso. Creo que era lo más adecuado en ese momento. Sentí los débiles latidos de su corazón.  Alcé la mirada para buscar en el entorno a algún ser humano que pudiera echar una mano en la difícil situación en que me encontraba pero solo vi cangrejos, toda la playa se había llenado de cangrejos multicolor. Me asusté. Venían todos con sus pinzas abiertas y empinadas hacía nosotros y sus ojos, perceptiblemente agrandados nos miraban con fijeza y no presagiaban nada bueno. Zarandeé a mi compatriota con una fuerza inusual en mí y le insté a que despertara para salir corriendo, pero no hizo reacción alguna, siguió sumido en su desmayo. Yo, por un momento pensé salir por pies y dejarlo, pero nunca me lo hubiera perdonado. Conocía a su mujer y a sus niños y la conciencia me hubiera perseguido haciéndome la vida amarga el resto de mis días. Viendo que los cangrejos pretendían cercarnos y dar buena cuenta de nosotros, sujeté con fuerza sus tobillos, y tirando de él hacía dentro, nos internamos en el mar hasta que la profundidad fue suficiente para que su cuerpo flotase y así lo pude desplazar con facilidad lejos de aquel tortuoso enjambre de crustáceos hambrientos caníbales.

Anduve bastante trecho arrastrando un cuerpo inerte pero, al parecer, vivo. Ya pensaba arribar en la playa cuando me pareció ver que su boca se movía de modo extraño. No tardó el estupor en dejarme anonadado... Abrió la boca: empezó a vomitar cangrejos que salían blandiendo sus pinzas y me miraban amenazantes con sus grandes ojos saltones.  

  Salí corriendo sin mirar atrás. De pronto oí la voz de mi paisano que gritaba:
—¡Corre!, ¡no te detengas!, ¡da aviso!, ¡la invasión es inminente!
Di parte a las autoridades, pero nadie quiso creerme. Ahora, cuando alguien dice algo fuera de lo normal le hacen el «tes antidroga»... A mí me lo hicieron, y a pesar de dar negativo, me obligaron a permanecer en una celda unas horas, hasta que, para que me dejaran marchar, declaré que sí, que algo había tomado que me hizo ver visiones. 


miércoles, 5 de julio de 2017

LA INVERNADA

La ventisca lanzaba sus quejidos por la chimenea hacia el interior de la cabaña. Por suerte, esta, se encontraba bien asentada. La nieve cubría hasta la mitad de las ventanas.
Acurrucado contra su dueño, Mitrón, un dogo alemán, dormitaba al calor de las llamas amarillas y azuladas de la hoguera. Todo parecía tranquilo.

Joe, un joven escritor hacía su primera invernada en el Parque de YELLOWSTONE. Había construido su cabaña a orillas del lago del mismo nombre. Tallaba con sumo cuidado la cabeza de un oso. A pesar de la tormenta de nieve que azotaba la comarca y la baja temperatura del exterior, un agradable ambiente se respiraba en la estancia, única habitación de que constaba el hogar de Joe. Tenía un altillo donde se hallaba un camastro al que se accedía por una tosca escalerilla de troncos, hecha de modo rudimentario, como todo lo que había dentro de la cabaña: una mesa, una silla y un balancín, en el que Joe se mecía leyendo y repasando los capítulos de su novela. También dedicaba algún tiempo a tallar. Siempre le había gustado hacer figuras de animales salvajes.

Tenía víveres para pasar un invierno tranquilo en compañía de su perro. El más bello de los canes. De pronto Mitrón dio un salto y se dio a una furiosa envestida contra la puerta que se hallaba cerrada con un fuerte travesaño de hierro que la cubría de parte a parte. Joe oyó unos arañazos sobre la parte exterior de la puerta. Se asomó a la ventana por la parte que quedaba al descubierto de la nieve y vio a un enorme oso pardo que intentaba tirar la puerta abajo.
Se apresuró a proteger la puerta con todo lo que tenía a mano, pero la fuerza descomunal del animal amenazaba con echarla abajo. Mitrón ladraba furioso. Se alzaba sobre sus patas traseras apoyando la delanteras en la puerta subido sobre la mesa y la silla.

Joe, con toda calma preparó su fusil. Apagó los leños que ardían en el hogar, y con la escalerilla se deslizó por la chimenea hasta el tejado de la choza. Lanzó unos metros más allá de donde se encontraba el animal un trozo de carne ahumada. El oso se dispuso a cogerla, momento que aprovechó Joe para con un certero disparo dejarlo abatido sobre la blanca nieve.
Nunca antes había tenido oportunidad de tal cosa, pero el joven se dispuso a sacar la piel del oso intacta y lo consiguió con destreza inusitada. Trabajosamente lo hizo partes y lo guardó enterrado bajo la nieve. Sería un buen alimento para Mitrón.
La piel del oso quedó tendida en el exterior en la rama de un enorme abeto. Pronto lucia una blanca rigidez. Se había congelado.
Las noches eran eternas en YELLOWSTONE. Esa noche Joe no pudo pegar ojo. La tremenda soledad en que vivía, de pronto, se le hizo penosa. La huida de la gran ciudad, ahora le resultaba inverosímil.
CONTINUARÁ


martes, 4 de julio de 2017

NI MEJOR NI PEOR


Lo recuerdo como si fuera ayer. Sonaba muy suave una sucesión de canciones que me transportaban a tiempos lejanos de mi infancia, cuando mi abuela mojaba una rebanada de pan con vino, le ponía una buena capa de azúcar, y me la daba para merendar.

Era ella una mujer blandita y tierna, siempre sonreía. A mí, me gustaba subir a su regazo, tibio y mullido. Cuando me rodeaba con sus brazos, yo, sentía algo que me adormecía y quería quedar allí,
arrebujada y segura. El sopor me lo produciría el pan con vino y azúcar.

—Cuéntame un cuento —le decía. Y ella, desgranaba en mi oído un entramado de historias que hilaba unas con otras de osos que se subían sobre caballos voladores y peces que salían del río para comer margaritas.
También me enseñaba a rezar. Casi no sabía hablar, y ya rezaba el Padre Nuestro, y la oración al ángel de la guarda antes de ir a dormir :

Ángel de la guarda
dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día.

Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me acompañan.

Con Dios me acuesto
con Dios me levanto
la virgen María
y el Espíritu Santo.

¡Sí, han quedado lejos... lejos y olvidados los tiempos de mi infancia! Aunque en mis recuerdos vivirán para siempre.