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miércoles, 2 de septiembre de 2020

Delanda y el fantasma del cuadro

 


Delanda miraba de reojo al copiloto de eterna sonrisa que le acompañaba en su corto viaje. Este, le devolvía la mirada por un instante, después, ponía su atención en la autovía. Ella le hablaba como dispuesta a decirlo todo sin esperar respuesta:

—Estoy confundida, Lelo: me ha dicho mi psicóloga que abuso de “procrastinar”. Me ha dejado la palabreja de una pieza. No le he hecho comentario alguno; pero al volver a casa he consultado al diccionario, para saber qué quiere decir ese término.

 

Mis dudas han aumentado en vez de aclararse. Solo me faltaba ese “meteorito“ en  mi cabeza: procrastinar puede ser posponer un trabajo o un deber y también un trastorno bipolar. ¿Sabes qué es un trastorno bipolar? 

 No voy a entrar en detalles porque no lo vas a entender, Lelo; pero estoy segura de que yo no lo tengo. Otra cosa es lo de posponer responsabilidades para después, de eso sí adolezco.

Lelo estaba impasible, como siempre. A Delanda le gustaba acariciarle y le daba cachetitos que él agracecía. Era agradable para ella ser escuchada en silencio, sin recibir comentario alguno. Sabía que era comprendida y aceptada sin condiciones.

Siguiendo las indicaciones que le había dado su amiga Indea, Delanda salió de la autovía.

Circulaba por un paraje solitario. La basta llanura que tenía ante sí era esteparia. Sintió cierta inquietud. El polvoriento camino lleno de baches parecía no ser muy transitado. Muy a lo lejos, difuminados por los rayos del sol poniente, uno cipreses dibujaban su silueta puntiaguda y alargada.

 

Según se iba acercando, tuvo la seguridad de estar en el camino correcto, el caserón punto de llegada a su destino estaba allí, impasible, con su gran palomar y su aljibe, imponentes, de estilo  mudéjar, su belleza la dejaron sin aliento.

Aparcó el coche en un cobertizo, antiguo y bien conservado: en otros tiempos fue caballeriza. Tenía el suelo empedrado con china del tamaño del huevo de una paloma haciendo mosaico en círculos con chinas de distintos colores.

Delanda esperaba que su anfitriona la estuviese esperando. La había invitado a pasar el fin de semana junto con otros amigos que no eran comunes; pero todo estaba desierto y silencioso.

Abrió la puerta del copiloto y Lelo saltó y fue a todo correr hacía el palomar. Había gran profusión de palomas que buscaban semillas por los alrededores. Salieron volando hacía los buitrones.

Delanda le dejó correr y expansionarse del viaje, luego lo llamó con autoridad, sentía necesidad de tenerlo cerca por si necesitaba de su protección, un cierto recelo se había apoderado en su ánimo, al parecer, se hallaba sola en lo desconocido.

Anduvo inspeccionando el entorno. En la fachada principal de la casona había un bello porche de arcos perfectos. Construido de ladrillo rústico y azulejos, tenía enfrente un largo camino de cipreses centenarios que rozaban las nubes con sus copas.

 

Una mecedora solitaria se balanceaba a impulsos del viento. De momento pensó sentarse en ella y esperar la llegada de su amiga, pero lo pensó mejor y prosiguió el recorrido, el sol se estaba ocultando y la noche en aquel paraje sería oscura.

 En la fachada de levante encontró una robusta puerta, oscura, de cuarterones tachonados con clavos de hierro pintados de negro: estaba abierta. Hizo sonar un aldabón en forma de puño, con fuerza, pero no obtuvo respuesta.

 

Tomó la decisión de entrar con toda cautela, temía encontrar algo siniestro dentro. Se vio al momento en un recinto de gran dimensión con todos los pertrechos de una gran cocina con años de antigüedad.

 

Le sobresaltó una gran mancha roja sobre la larga mesa. 

Pensó por un momento que se trataba de sangre, pero pronto desechó esa idea, pues un gran recipiente que se hallaba junto a la mancha contenía un pigmento del mismo color.

 Por unos peldaños que daban acceso a un largo pasillo, pasó corriendo como un relámpago, un ratón; fue tal el impacto que le causó, que salió fuera con la misma prontitud que corría el diminuto roedor; pero pronto se armó de valor y entró sin demora a recorrer el pasillo, le había despertado gran curiosidad. 

Tenía este a ambos lados puertas cerradas con llave. Daba acceso su final a una estancia amplia, amueblada con gran estilo.

 Estaban sus paredes cubiertas de estanterías repletas de libros que por su aspecto parecía que nunca nadie los había leído. 

Una gran chimenea en la cual cabía el tronco de un almendro entero, presidida por el retrato al óleo de una dama de gran belleza y vestida de largo con gran pompa, estaba encendida; un gran leño crepitaba saltando chispas que una gran mampara de hierro les impedía salir al exterior.

Un ruido misterioso la sacó de sus apreciaciones. Al dar la vuelta sobre sí, aterrorizada, llamó a Lelo que acudió al momento con las fauces abiertas y rugiendo como una fiera... —¡Ja, ja, ja! —se oyó una risa siniestra.

 Lelo se abalanzó contra la figura de la dama que había salido del cuadro con el rostro pintado de pigmento rojo y llevaba en la mano alzada un puñal amenazante.

 Al contacto con las fauces de Lelo, se desvaneció; solo quedó el maravilloso vestido que salió por el pasillo flotando y fue a mecerse en la mecedora a impulsos del viento.

 Allí lo encontró Delanda al salir. La mancha de pigmento flotaba por encima de la pechera del vestido.

 Se dirigió a su coche, abrió la puerta del copiloto para que entrara su fiel perro Lelo, y se fue chirreando neumáticos a coger la autovía para ir a casa. Se prometió hacer mejor elección de sus amistades y dejarse de procrastinar para correr aventuras.

María Encarna Rubio 



lunes, 6 de julio de 2020

La guitarra misteriosa

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Jadeante, iba pedaleando a toda prisa, con todo el ímpetu que me permitían mis cansadas piernas. Las nubes amenazaban lluvia y en un largo trecho no se veía lugar donde guarecerse. Había  bancales a ambos lados del camino con sus cultivos de distintas hortalizas: lechugas, alcachofas, coliflores y varías clases de plantas aromáticas. El viento arrancaba al pasar aromas embriagadores. Una golondrina surcó los vientos, rauda. Aparqué mi bicicleta, saqué mi bloc de notas, y me dispuse a dar rienda suelta a la inspiración que su paso había provocado en mi interior:


Dime, golondrina bella,

tú que viajas y vuelas...

¿Has visto a mi amor volando

por otras tierras?


Peregrina vas y vienes,

surcando valles y mares,

buscando para ser feliz

al amor que aquí dejaste.


Yo bien quisiera tener

alas para desplazarme

a buscar al amor mío...

¡Para poder abrazarle!


.


No pude seguir escribiendo. No fue falta de inspiración: fue la lluvia que comenzó a caer con fuerza, y toda empapada, con mi blog de notas estropeado por las gotas de agua que caían, se me ocurrió refugiarme en un cuartucho casi en ruinas que había en unos bancales de coliflores. 


Me sorprendió encontrar una chimenea encendida cuando hube entrado en el recinto. Era una estancia pequeña y no había nadie allí. Tenía un camastro en un rincón. Estaba desaliñado y había una guitarra encima que parecía estar dormida después de un arduo trabajo: tenía una cuerda rota. 


Quedé frente a la entrada mirando como llovía. De pronto, sobresaltada por unos acordes musicales, di la vuelta, y allí estaba, la guitarra rasgueaba una rumba. Nadie la tocaba. Con su cuerda rota haciendo surcos cimbreantes. Me daban ganas de ponerme a bailar; pero me contuve. Me percaté de que estaba sola en medio del campo, en un cuartucho solitario y con una guitarra que tocaba una rumba sin que nadie pusiera sus manos en ella. Salí corriendo de allí. Subí a mi bicicleta, y con la lluvia chocando contra mi cara, marché con la intención de contar a quién quisiera escucharme la extraña experiencia que había vivido. 

Desistí de ello, ya que me tomarían por loca y nadie me iba a creer.


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miércoles, 10 de junio de 2020

LA JOVENCITA MISTERIOSA









 
 Una noche de verano, de modo misterioso, apareció junto a la fuente de la Plaza Mayor de la ciudad una joven que vestía de modo inusual.

 La sorpresa de los allí presentes fue tal, que se le acercaron para informarse de hecho tan particular. La acosaron a preguntas; pero pronto comprobaron que tenía la gran dificultad de no poder hablar.

 Sus oídos funcionaban con precisión absoluta, y a pesar de ello, era incapaz de pronunciar palabra. 

En contraposición al hecho, sabía y comprendía cualquier idioma que ser humano pronunciara en su presencia. 

 Las autoridades del pueblo le dieron la acogida establecida para todos los casos de jóvenes en desamparo. 

 
Una mañana despertó con una sensación extraña. Se levantó de la cama, abrió la ventana, y lanzó al viento un grito que progresivamente se fue convirtiendo en una melódica canción con una facultad de expresión genial. Su voz se pudo escuchar a kilómetros de distancia.

 Era tan fabulosa y genial, que todos los transeúntes se agolpaban bajo su ventana para escuchar aquel prodigio de la naturaleza.

 
No lejos de allí, una reunión de jóvenes, que como era su costumbre todo lo celebraban, oyeron la portentosa voz. Quedaron alunizando. Se dispusieron a difundir la noticia.

 Mandaron whatsApp a todos sus grupos. Pronto se llenó toda la plaza de gente que quería escuchar los cantos de la extraña joven; pero esta, cerró la ventana y se ocultó a los ojos de todos; seguía sin poder hablar.

 Se había percatado de que si quería comunicarse con los demás tenía que hacerlo cantando. 

 
La peculiaridad del hecho se divulgó por todo nuestro globalizado planeta. Todos querían escucharla y le proponían actuaciones en los  más importantes teatros. 
Una duda se hacía patente:

 ¿Será esta joven extraterrestre? ¿Nos la habrán enviado para darnos un mensaje?

 
Le hicieron seguimientos médicos de alto alcance. Comprobaron que llevaba implantado un omóplato de un metal no conocido.

 

Sumidos en la incertidumbre decidieron extraerlo para analizarlo; pero la chica les cantó un "fado" con letra demoledora; les comunicaba que si hacían tal cosa tendrían que atenerse a las consecuencias.

 Luego les propuso a ritmo de "Cha, Cha, Cha" que la dejaran disfrutar de las excelencias de este maravilloso planeta, y cuando fallezca, entonces y solo entonces, le extraigan el omóplato, y tienen su permiso para estudiarlo cuanto quieran. 

 
Los científicos no estaban muy convencidos. Ella cantaba y cantaba sus protestas; pero solo conseguía que los aplausos duraran cada vez mayor cantidad de minutos.

 Por fin tomó la determinación de cantar solo flamenco; al principio no lo hacía muy bien,  pero según fue practicando dominaba la especialidad con gracia y arte que los aplausos duraban horas. 

 
Dejó el flamenco y se dedicó al Rok duro. Ella quería ser escuchada en sus protestas, por lo mal que entendían sus razones; pero solo conseguía éxito tras éxito.
¡No cabe duda, es extraterrestre! —decían los eruditos en materias de extraña índole. 
¿Será una emisaria que nos trae soluciones a los problemas que padece la humanidad? Si nadie habla, y todos cantan sus ideas...

 Si los políticos cantasen sus intenciones... ¡Tal vez sean poseedores de voces prodigiosas sin saberlo! Y todos sus actos se conviertan en éxitos rotundos... 



sábado, 23 de mayo de 2020

Ensayo de relato sin adjetivos




Fobos hijo de Ares y Afrodita.

Ares volvía al hogar. Dejó sobre la mesa la pieza de caza que portaba en sus hombros el arco y las flechas.
En ese momento, Afrodita lavaba su cabello con espuma de baba de caracol.
Ares vio la pierna de Afrodita que asomaba por la raja de su túnica. Sintió su sangre hervir, rugió. Gritó. Se acercó a Afrodita y la tomó por la cintura… 
 De pronto la baba de caracol del pelo de Afrodita, pegó las pestañas de Ares que soltó a Afrodita y fue a lavar sus ojos al manantial que discurría por la ladera del monte.

Afrodita quitó la baba de caracol de su pelo para poder atender a Ares como es de desear, pero por la llegada de su hijo Fobos  se vio obligada a aplazar el acto para después.

Fobos, fijó su atención al ver que la pieza de caza movía una de sus patas, supo que estaba sangrando. Efebo gimió. Levantó al animal y lo llevó a la cuadra. Trataba de curar su herida cuando oyó que Ares lo llamaba:
 — ¡Fobos, ve al monte! Observa desde ahí si el anfiteatro ya tiene espectadores vociferando. ¡Tu madre y yo actuamos!

Efebo obedeció. Subió al monte. Se divisaba el teatro.  —¡Padre! —, gritó— ¡el teatro está a rebosar!

Ares oyó a su hijo. ¡Llama a Pegaso!  le ordenó.
Fobos, llamó al caballo con alas, "Pegaso". También llamó a "Centauro",  mitad caballo mitad humano, que dejó caer sus excrementos. Cayeron sobre un aloe que enderezó sus raíces… 

Ares enjaezó a Pegaso, y lo montó Afrodita  para volar con él. Ares montó a Centauro y fueron a su trabajo en el anfiteatro de Aspendo. Afrodita surcando los vientos. Ares galopando por el valle.  

Ya en el teatro, comenzaron a actuar, con las alas de Pegaso para airear.
 Al regreso al hogar, Afrodita argumentó a Fobos si se iba a casar, para ser padre en el Olimpo. Fobos le respondió que ya lo era, había nacido padre de todas las fobias para la eternidad, y que tenía esposa, se llamaba: “Adjetiva sin Objetivo”

  
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viernes, 18 de mayo de 2018

LÁGRIMAS DE MIEL

LÁGRIMAS DE MIEL

Una cuna se mecía con la brisa marina  una  mañana de primavera. Desde el balcón poblado de exuberantes bugambillas se divisaba la dársena del puerto. La incauta joven, al pie de la cuna, derramaba lágrimas que humedecían la cuna de su niño. Había caído en la trampa que la naturaleza tiende los que se enamoran. Se había atrevido a entregarse a un hombre sin pasar antes por el altar. El joven, faenando ,trabajaba en un pesquero.
                                                                                           
Un día,  una tormenta hizo zozobrar su barco. Nunca más se supo de él ni de su tripulación.  Una joven embarazada quedó sin amparo. Su hijo destinado a ser un genio recordado por siempre, nacería de madre soltera. 
 Tiempos difíciles para cometer ese pecado. La familia, avergonzada,  otorgaba sin otra  opción.  ¡Una mancha en la familia!  
Años de intachable reputación tirados por la borda.


                                              
Sentía sobre sí las miradas de rechazo cuando caminaba por las calles del pueblo de empinadas cuestas. También las lascivas de algunos que pensaban en ella como presa fácil de conseguir por el hecho de tener un hijo siendo soltera. Las vecinas evitaban mirarla cuando pasaba cerca.
.
                                                    

El mar se divisaba desde el balcón de las buganvillas. Acunaba a su niño y  miraba cómo salían los barcos cargados hacía el Nuevo Mundo. Un día marchó dejando tras de sí brisas perfumadas de brumas del mar y jarales de los montes. Se llevaba a su hijo del pueblo discriminador de jóvenes incautas… Se enfrentaba a un futuro lleno de incógnitas, misterios…
Quedó una cuna vacía. El viento la mecía en arrebatos de lágrimas derramadas. ¿Es justo arrebatar de manera tan cruel el inmenso placer de ser madre?  ¿Sabemos de qué se vale la naturaleza para crear un genio? Cada ser humano que nace puede serlo. No importan los documentos previos.  Esperemos expectantes respetando a toda mujer que se expone para que surja ese milagro.

En la torre del homenaje aparecieron nuevas insignias. No era feudal ni de regio linaje el señor de las nuevas huestes.  Quedaban lejos los tiempos en que las doncellas cubrían sus cabelleras con finos velos. 
Las que ahora paseaban por los salones del castillo, decorados con blasones, pendones y armaduras, lucían ajustados vestidos que modelaban su figura y dejaban adivinar  sus torneadas piernas. Había una orquesta de afinados Instrumentos  manejados por artistas especializados, como correspondía  a  tan destacado  anfitrión.
El ambiente medieval contrastaba con el lujo derrochado por doquier. Coches de gran categoría, privilegio de unos cuantos. Joyas de valor incalculable. Se inauguraba el capricho de un genio mimado  por la fortuna.
Se podía permitir comprar un castillo medieval y transportar a  decenas de invitados a miles de kilómetros de distancia para festejarlo. De prestancia varonil, su gran porte y su historial profesional harían sentirse orgullosa a cualquier nación de contar con su presencia. El genio, el artista, el señor que todo lo podía comprar, guardaba secretos. 

Se miraba al espejo…  ¿Qué veía?:
Veía a un hombre enamorado de unos ojos negros clavados en su memoria que jamás podría encontrar. Un sueño que le tenía obsesionado por la frecuencia con que se repetía:   “Un balcón con buganvillas  y brisas perfumadas con jarales de los montes.”
--¿Dónde están esos ojos negros? ¿Dónde ese balcón de buganvillas?
Paseaba por su castillo en las noches de insomnio. Desde las almenas de su torreón, miraba los campos queriendo encontrar una respuesta a su inquietud, a su terrible ansiedad.  

El transeúnte  dormía  en el banco del jardín del los ficus centenarios.  Los parterres de las rosas se deshacían en perfumes con el rocío de la noche. El caminante recorría caminos sin fin. Los pajarillos que dormían junto a él se contaban historias antes de alzar el vuelo.  Se decían unos a otros:
¿Con porte de gran caballero, y durmiendo en un banco del jardín?
—Tenemos un intruso 
—No temáis —decía el transeúnte— yo voy de paso. Busco un balcón con buganvillas, con brisas perfumadas con jaras de los montes.
La verja del jardín, que de noche se veía negra, de día se volvió dorada. Una mujer bella, de pelo negro, clavó sus ojos en los suyos y rompió  el  hechizo.
—¿Qué te ha pasado? ¿Por qué un hombre como tú anda de transeúnte por la vida?  —Le dijo.
—Busco un balcón con buganvillas y unos ojos como los tuyos.
—Sal de tus sueños, yo te ayudaré.  Encontraremos juntos jarales y ese balcón que, con sus brisas marinas, te hará sentir fantasías sin fin.   Soñaremos  que navegamos para encontrar un castillo donde  tú crearás cuentos  fantásticos que asombrarán al mundo.

Un día, paseando por una villa rocosa con historias milenarias, la vista del balcón se hizo patente.
¡Allí estaba el soñado balcón!
Todavía se mecía la cuna con el golpe de los vientos. Las buganvillas  llenaban de colorido el lugar y se movían con la brisa del mar, despidiendo  perfumes de las jaras del monte.
-No llenaré  mi balcón de ánforas milenarias, ni glorias de estos tiempos, —se decía—. Se secaron con los vientos las lágrimas derramadas sobre mi cuna.  Daré mi fruto al lugar dónde encontré cobijo.
—¡Encontré el balcón de mis recuerdos!  
—¡En mis recuerdos lo guardaré en arcón cerrado con siete cerraduras! 
—¡He vuelto!  Me acompañan unos ojos negros…  Más los de mis sueños...
—¡Tenían lágrimas de miel!



miércoles, 27 de septiembre de 2017

ENSALADA DE PERLAS







—Cuéntame un cuento Yayi, y dime qué comen las hadas. 

—Ensalada de perlas, aderezada con jazmines y suspiros de estrellas.
Es lo que comen las hadas cuando quieren celebrar el Equinoccio. Sueltan su melena al viento y encienden las luces de sus baritas. Van buscando a las niñas soñadoras y les conceden un deseo. 
Dime, Thais, ¿Qué deseo es el tuyo?

—¿Acaso eres tú un hada con facultad para conceder deseos?
—Sí, mi niña. Soy la noche y el día, el viento y la lluvia; el sol y la luna, la tierra y el mar. Pide lo que desees, que yo con mi poder te lo voy a conceder.

—Es mi deseo que la luz de la sabiduría inunde mi entendimiento.
 Saber tomar siempre la decisión correcta.
Conectar mi ser espiritual con mi ser físico en perfecta armonía.


—¡Oh, Thais!  deseos de una niña precoz; de todas formas...

 Todo eso se consigue comiendo la ensalada de perlas aderezada con jazmines y suspiros de estrellas. Las hadas no han dejado ni pizca de ella. Hasta el próximo Equinoccio te tendrás que conformar con iluminación intermitente, acertar en tus decisiones solo de vez en cuando, y el desajuste entre tu ser físico con el espiritual cada vez que te distraigas en cosas banales del mundo. Escucha con atención a quién te habla en el silencio. La voz de tu interior te dirá cuando la ensalada de perlas aderezada con jazmines y suspiros de estrellas está preparada, y come antes de que las hadas acaben con ella. 

—Sí, bien... ¿Pero dónde la podré encontrar?
—Las hadas, cautelosas, van dejando mensajes ocultos.  «Adivina tú dónde»
—¡Tengo sueño, Yayi! Mañana terminaremos el cuento.

M.E.Rubio González



   


viernes, 22 de septiembre de 2017

LA ESCAPADA

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Era plácido y feliz el transcurrir de sus días. Nada enturbiaba su devenir.
 Cuando tenía un ataque de melancolía, abría su blog y escribía:
 cuentos fantásticos, estimulando su imaginación con bella música de fondo.  

Sus relatos, eran a veces ingenuos, otras no tanto; pero siempre dentro de una línea marcada por la ética y la moderación. 

No se puede lanzar al viento nada que enturbie la atmósfera límpida de mi valle.
 Aguas cristalinas inundan los rincones más recónditos de mi alma.
 Sólo un «Señor» habita los remansos que a su paso tortuoso va dejando el cauce de mi río.
 Cauce que ha recorrido todo un sin fin de sinuosos parajes donde 
sus torrentes han excavado profundos desfiladeros.

 No vuelven atrás las aguas. 
Buscan nuevos parajes por vados y quebradas.
 Sigue el cauce su destino hasta perderse en la inmensidad de mares y océanos. 
Todos los ríos se unen en un solo mar infinito sin tormentas, donde la paz tiene su morada.
 «La paz se alimenta de sueños de amor y esperanza»       

miércoles, 3 de febrero de 2016

SÉ QUE LO SABES

Sé que lo sabes.
Sabes que me gustaría ser como el viento,
para acariciar tu cara y ser tu aliento.
Para ser tu mañana cada día,
para mecer tus laureles,
y en tus noches, 
ser dueña de tus sueños,
 y tus anhelos. 
Para escribirte los versos
 con las más bellas palabras,
 que se queden en un susurro.
Y si no es en verso que sea en prosa.
 Para que el viento se lleve mi sentimiento.
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jueves, 22 de octubre de 2015

NO SOY LO QUE PIENSAS

No soy lo que piensas.
Yo, dibujo mi imagen fuera de mi.
Escribiré ingenuas lindezas,
pero puedo asegurar, 
que son premeditadas.
Cuando describo escenas de amor y sexo,
una trama de mentiras sale de mí.
¡No existe el sexo en otras dimensiones!
La dimensión de donde procedo,
es la misma a la que me dirijo.
Hay que entrar desprovisto, 
de todo sentido humano.
¡Limpio de todo sentido!
¡Aunque todos los percibas! 

domingo, 23 de agosto de 2015

EMERGER

...¡Tus manos! 
Tus manos se deslizan por el teclado,
 y siento mi espíritu emerger.
 Vuela como paloma que sube y sube para luego,
 dejarse caer en picado...
 Bajar casi a ras de suelo para volver a subir,
 sin mirar que las nubes se asustan
 y se abren para cederle el paso.
 Mi alma y la tuya se entrelazan en suspiros y abrazos..., 
que nadie ve ni nadie oye.
. No hay quien detenga a los espíritus que abren puertas de sueños y quimeras. 
Y...¡Siento, que siento..., lo que tú sientes!
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sábado, 1 de agosto de 2015

PUERTAS ABIERTAS

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¡Ay de mi! Si un día no pudiera verte...
Yo que te vi.
Te vi zigzagueando entre penumbras,
subiendo por las cuestas de lo imposible,
y, subiendo subiendo...,
¡hasta aquí llegaste!
Abriste puertas de jardines cerrados.
Se vanaglorian en ti los amaneceres.


¡Oh,cielos! ¡Qué buena ventura!
Andar los caminos si tú me acompañas.
Sentir que tu mano se enlaza en la mía,
Unidos por siempre en nuestra andadura.

sábado, 25 de julio de 2015

¿PARA QUÉ MENTIR?

¿Para qué mentir? No es tu cuerpo lo que deseo, lo que me atrae de ti. Tampoco quiero lo que escondes con denuedo debajo de tu colchón. Lo que yo pretendo, ni se ve, ni se toca. Quiero tus noches y tus días, tus sueños y tus esperanzas. Quiero  arrebatarte la paz de tus tranquilas mañanas, los tormentos de tus oscuras noches. Quiero poseer el presente de tu mañana...Quiero...



¡"Tu alma"! 

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martes, 14 de julio de 2015

ALMA Y PIEL

Su sueño era llegar alto

 Su alma: Por nada del mundo se hubiese atrevido a hablarle de tu a tu. Quería comunicarse de modo apropiado..., pero no sabía cómo hacerlo. 
Se abría su espíritu y también cimbreaba su sonrisa al sentir su presencia, que todo lo inundaba. 

("No me hables, mejor..., que lo haga el silencio") 

Su piel: Repletos mis nervios de savia nueva. También mis oídos te oyen y sienten. --¿Porqué sonríes y escuchas mis pasos? ¿Sábanas de hilo en noche de encuentros? ¿Porqué me requiebras y hueles mi pelo? ¡No sientes el halo! Mi cuerpo y tu cuerpo son trenzas de brazos y piernas.

(¡Nada hay que temer, sólo son..., coloquios, de alma y piel!)

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lunes, 6 de julio de 2015

MANOS ABIERTAS

Del monte bajaban voces extrañas.
Todos se preguntaban de dónde procedían.
Al rayar el alba, lucían antorchas encendidas.
Iluminaban en la lejanía el crepúsculo matutino.
No son tiempos de misterio...
¡Todo queda al aire, al descubierto!
Nadie cree en brujas... En fantasmas..., en encantamientos.
¡Las voces hablaban en danzas diabólicas..., en aquelarres!
 Aullidos de lobos matizaban el misterio.
¿Qué pasa en el monte?
¡Lloran las copas de los cipreses gotas de negras escarchas!
Las luces difusas enmarcan figuras de monstruos y de dragones.
¡No te aterrorices mi niño del alma!
Los miedos sólo deben sentirlos los sucios de corazón.
El misterio ya no es misterio cuando el sol sale.
Las brujas se esconden cuando...
 se abren tus ojos iluminando los continentes...,
¡que cada día se hacen más pequeños!
Tu sonrisa es mi sonrisa,
...¡Tu amor es mi amor!
Tus manos abiertas refrescan mi alma,
...¡Son las que me sujetan y me sostienen!
Nubes blancas adornan el cielo dónde tú vives.
¿Lanzamos al viento llantos...,
...o risas de ángeles  que bailan danzas con notas del amor eterno?
Se enredaron los velos en los bucles de tu pelo.
Rasgaron sus vestiduras, aquellos que te quisieron.
Hay temor en las mentes de aquellos que ni ven ni sienten...
Eres llama de fuego que nunca se consume.
Se oye tu luz que se expande hasta los últimos confines.
¡Llena de paz las almas, de sabiduría a los necios...Y de caridad a los ladrones!
Deja para mí tus manos abiertas.

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...