lunes, 6 de abril de 2026

Rufina reflexiona y argumenta


Desde que el ratoncito Perolo se fue de esa manera tan extraña Rufina no pudo conciliar el sueño. No estaba acostumbrada a esa actitud tan reservada hacía ella. Qué pasaría en la biblioteca, se preguntaba preocupada. No tardó en estar al corriente de lo acontecido, pues el saltamontes Nicasio hizo su aparición posado en la hoja de una colocasia del balcón. 
Hablaron largo y tendido. Nicasio había presenciado todo desde la estantería donde se encontraba el libro más bonito que alguien había escrito jamás. Al comienzo de la charla, Nicasio se hizo un poco de barullo, mezclaba retazos de lo acontecido en el sótano de la biblioteca con el tema del libro que había estado leyendo. Rufina anduvo un poco perdida entre la confusión de lenguas y las aventuras de un rey león. Llegó a la conclusión muy premeditada de que el desconcierto en la comprensión de lenguas nada tenia que ver con lo de la Torre de Babel, que era algo más cercano y simple, que Perolo, influido por los consejos de doña Carlota la gata sabía, había aceptado tomar el camino más fácil para él y no se había molestado en ayudar a su congénere ratonil venido del extranjero. No le parecía propio de Perolo, siempre tan altruista, dispuesto a ayudar sin mirar a quién. 

La mañana siguiente Rufina buscó un encuentro con Perolo. En la casita de juegos para niños del parque, allí lo encontró, sentado, meditabundo. —¿Qué haces Perolo?—Las palabras salieron de su boca en lenguaje gatuno... o sea, "miau, miau, miau" Perolo entendió a la perfección su pregunta, —Estoy esperando a doña Carlota, la gata sabia—contestó con murmullo ratonil—. Estoy decepcionada de ti—le interpeló Rufina mesándose los bigotes y guiñando un ojo. —De manera que ya no sabes tomar ni una sola decisión por tu cuenta. Necesitas que la gata doña Carlota supervise y evalúe cada situación comprometida que te acontece. No te conozco, Perolo. Ya no eres mi héroe, mi ratoncito querido y admirado, y dando un respingo desapareció entre los setos del jardín. 
La tribulación que sufrió Perolo con el desplante de su amiga la gata Rufina era evidente. Su tristeza se reflejaba en sus párpados caídos y su rabito quieto, sin vida. Cuando llegó la gata sabia, doña Carlota lo encontró así, pensó que algo había alterado el ánimo de Perolo. —Qué te ha pasado, Perolo—adujo doña Carlota sentándose junto a él. —No me ha pasado nada que no sea normal—argumentó Perolo—los amigos, la familia, todos se toman la molestia de opinar sobre nuestras acciones. Algunas veces con buenas intenciones, otras llevados de la mano de celos, de envidia. Pero la vida sigue siempre y el tiempo pone cada cosa en su lugar.

María Encarna Rubio          

 

sábado, 4 de abril de 2026

Los amigos del ratoncito Perolo

 


 Los amigos de Perolo eran múltiples y cosmopolitas. Casi todas las naciones del mundo tenían representantes en el sótano de la biblioteca donde residía Perolo. Cómo se entendían entre sí era un misterio. Fuerzas sobrenaturales hacían una simbiosis ratonil en el sótano de la biblioteca. Cada cual hablaba su idioma, pero la comprensión entre todos era perfecta, exceptuando vocablos de insultos y groserías. La comunidad era tan extensa que Perolo había cerrado la admisión de nuevos componentes.  

Todo parecía ir bien, pero llegó un emisario que todo lo estaba alborotando. Traía noticias para sus compatriotas muy notables, les conminaba a volver a su país de origen en un dialecto difícil de descifrar. Perolo tenía ante sí un gran dilema. Como moderador del grupo, su responsabilidad era ineludible para resolver el problema. 

Dejó aplazado todo acto y marchó en busca de la gata Rufina, no porque ella fuese pieza clave para la solución del asunto directamente, pero a través de ella podría contactar con doña Carlota, la gata sabia. Llegó al piso de la anciana Consuelo, la escritora de cuentos y poemas infantiles, la que cambió su nombre de Dolores por el de Consuelo.

 Salió por la ratonera secreta abierta en la despensa de la escritora. Encontró a Rufina dormitando en su cesta de mimbres. —¡Esta gata siempre dormitando! —Dijo para sí, en su semblante se dibujó un gesto de asco. Dio un salto propio de ratón que ejercita su potencial de robustez y se encaramó en el lomo de Rufina. —¡Rufina, despierta! Necesito hablar con doña Carlota. La espero en el Jardín de Manolo, a la sombra del tronco seco del ficus centenario. Por favor, avísale, es muy urgente. 

Cuando la gata doña Carlota fue a encontrarse con el ratoncito Perolo encontró a este muy afanado en roer una porción de la raíz seca del tronco centenario. —¿Qué haces, Perolo?—maulló doña Carlota. Sus ojos centellaban. La extrañeza producía ese efecto sin que lo pudiera evitar. —Tengo que aprovechar cada momento para desgastar mis incisivos, nunca dejan de crecer — razonó Perolo ante la gata sabia. —Rufina me ha dicho que necesitas hablar conmigo—argumentó doña Carlota. Presentaba esta una piel limpia y brillante y hasta parecía más delgada. Perolo cesó en su tarea de roído. Se posicionó ante la gata sabia y  fue relatando el cometido que la había traído hasta allí. 

Pasaron dos horas. Rufina los observaba desde el balcón de la casa de la escritora de cuentos. Veía gesticular a Perolo con vehemencia y a la gata sabia asentir con expresiones de locución acentuada.

Por fin Perolo hizo su aparición ante Rufina. Su semblante denotaba la satisfacción por tener un proyecto claro para la solución de su problema. —Verdaderamente, doña Carlota es una gata sabia—adujo enfatizando la frase con ímpetu. A Rufina la corroía la curiosidad. Sentía necesidad de pedir a Perolo explicaciones de su charla con la gata sabia, pero Perolo estaba lejos de perder tiempo en complacerla, le dijo que ya hablarían después y se marchó.

     En el sótano de la biblioteca  Perolo fue recibido con euforia por el  grupo de ratones. Ansiosos por ver resuelto el problema. Se presentó calmado y muy elocuente. —¡Silencio, escuchad todos!—Aclamó con enérgica resolución—Nosotros, todos nos entendemos a la perfección, el problema no es nuestro. Si este nuevo visitante no es capaz de comunicarse con normalidad con nuestro grupo, le aconsejo que se presente con interprete. El caso queda cerrado. 


María Encarna Rubio

 

    

   








viernes, 13 de febrero de 2026

El relajado mundo de la abuelita Dora

  




Camino de almendros en flor

la abuelita Dora paseaba.

Con diminutas pisadas

los pétalos caídos arrastraba.

La sensación de dañarlos

el alma se le apenaba.

Una tórtola preciosa

en una rama posada

al ver a Dora afligida

esta canción le cantaba:

No te aflijas, pisa firme,

el manto de hojas tupido

para recibir tus plantas

de sus flores han caído.

Alfombra mullida y bella

que deleita y enamora

la dedican los almendros 

para ti, abuelita Dora.

Una ensoñación de amor

aromas de primavera

sabía de pasión y vida

por tus venas reverbera.

María Encarna Rubio

 


martes, 13 de enero de 2026

FIESTA DEL NIÑO JESÚS DE LA HUERTA 2025—2026

 

FIESTA DEL NIÑO JESÚS DE LA HUERTA Y DEL ROSARIO PATRÓN DE LOS AMIGOS DE LA MÚSICA Y LAS TRADICIONES, LA CUADRILLA 2025 – 2026

PADRINOS: GINÉS ROMERO

 TOÑI TRISTÁN

¡Escuchad, Toñi y Ginés¡

¿Estáis oyendo el rasgueo

de guitarras que se acercan,

el murmullo de la gente

que viene hasta tu puerta?

El niño Jesús está aquí,

ha venido a saludaros

y con su amor infinito

el corazón inundaros.

Mira Toñi con Ginés

al niño JESÚS tan tierno

tiene brillando en sus ojos

mensaje de amor eterno.

¡Qué bonito, qué bonito!

Toñi y Ginés con ilusión

lo llevarán para siempre

dentro del corazón.

La madrina primorosa

le preparará una cuna

mullida de tiernos besos

 y almohada luz de luna.

¡Qué regalo mi Dios padre!

Hiciste a la humanidad,

nació pobre entre los pobres

como ejemplo de humildad.

Al Niño Dios le divierte

que se acerquen los pastores,

y le canten villancicos

con dulzainas y tambores.

le encanta que en Santomera

este grupo de cantores

con notas de sus guitarras

le dediquen sus canciones.

¡Qué no se pare la fiesta!

La alegría santifica.

Con fraternidad compartida

su templo Dios edifica.

Nosotros somos el templo

que Dios quiere habitar,

su hijo es el camino

El Mesías vino ya.

María Encarna Rubio

 

lunes, 24 de noviembre de 2025

La gata Rufina desafina


La gata Rufina recibía con frecuencia la visita de su vecina la gata doña Carlota. El ratoncito Perolo sentía celos de muerte por este hecho. Hacía críticas perniciosas sobre ello con el saltamontes Nicasio que se había instalado por unos días en el sótano de la biblioteca donde vivía Perolo desde que dejó la casita del bosque. —Has de saber, Nicasio, que la gata Rufina está acusando bastante la mala influencia que ejerce sobre su comportamiento la amistad de su vecina la gata Carlota—refería Perolo a Nicasio con un movimiento de bigotes descontrolado. No podía disimular pelusa. Nicasio le observaba sorprendido, nunca lo hubiese imaginado, Perolo haciendo comentarios negativos acerca de Rufina.
—¿Qué te hace pensar así de tu amiga gata?—Inquirió Nicasio con displicencia.
—Noto que Rufina ya no se presenta tan aseada como antes de conocer a su vecina—adujo Perolo con sonrisita sarcástica —a veces, hasta noto a distancia que huele mal.
—¿Sabes qué pienso, Perolo, que sientes celos de la gata Carlota—adujo Nicasio moviendo una de sus alas—precisamente oí a Carlota exaltar el buen aliño de Rufina. 
—¡Es extraño lo que dices!—Argumentó Perolo con fastidio—oí a Carlota decir todo lo contrario, recomendaba a Rufina con palabras de gata sabia que la felicidad provenía en gran parte del orden, la limpieza y el aseo meticuloso.
—¡También de los buenos alimentos!—Expuso Nicasio con contundencia—para tener una mente sana y un cuerpo sano has de tener buenos hábitos, aseo meticuloso, buena alimentación y orden en todo en tu alrededor.
—¡Pues, todo eso lo está olvidando Rufina, y cada día está más fea!—Exclamó Perolo con sus dos dientes roedores raspando su labio inferior.
—¡No será para tanto!—Alardeó Nicasio dando un gran salto que le hizo subir hasta el último estante y fue a parar encima del cuento de Pinocho.


María Encarna Rubi


 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Carlota, la gata sabia



 —¡Bonito día! —Comentaba la gata doña Carlota. Junto a la gata Rufina, ambas esperaban ver aparecer al ratoncito Perolo y al saltamontes Nicasio, apostadas en un huequecito del tronco seco del ficus centenario. Hacía conclusiones Carlota de por qué Rufina concertaba reuniones si allí el sol calentaba,  ese árbol no tenía ramas con follaje que diera sombra. Aquél tronco seco no servía para nada en el jardín y así se lo hizo saber a Rufina: 
—No encuentro explicación para dejar este esqueleto de árbol en un jardín tan bonito como este.
Rufina no hizo comentario alguno hasta pasados unos minutos. Quedó meditando acerca de la crítica de la gata anciana doña Carlota sobre el tronco seco. La respuesta fue muy analizada antes de ser comentada:
 —La razón de no ser sacado de este entorno es puramente sentimental —adujo la gata Rufina —cuando ese tronco era un bello árbol frondoso y lleno de vida, el "Jardín de Manolo" pertenecía a una finca cuyos dueños vivían en Madrid. Este era su lugar de recreo. Pasaron por él grandes personajes y a la sombra de ese árbol espectacular se hacían tertulias de jóvenes destacados en las artes y las letras. Ha visto pasar los años que han transformado el pueblecito apostado al margen de la huerta en una ciudad. Le amamos. Queremos todos que sea testimonio de lo fue.

Pasó largo rato, Perolo y Nicasio no aparecían. Rufina, cansada de esperar dispuso marchar a casa, pero la gata Carlota propuso una estrategia, esconderse ella detrás de un arbusto por un ratito ya que los amigos de Rufina no la conocían y era de suponer que no se acercarían entre tanto que ella permaneciese junto a Rufina, pues era una gata y no estarían seguros por ser ellos ratón y saltamontes.
Así lo hicieron, Carlota se escondió y Rufina quedó solita junto al tronco seco del ficus centenario. Pasados unos momentos aparecieron los dos.
—Hola Rufina —comentó Perolo nada más llegar —¡Quién era esa gata gorda que te acompañaba! Qué miedo hemos pasado Nicasio y yo. 
—No tenéis que tener miedo, es una vecina. La pobrecita es muy anciana y poco daño puede hacer a nadie. Ha venido a vivir aquí desde una aldea del campo y se encuentra necesitada de cariño y amistad. Se encuentra escondida detrás de ase arbusto. Espera que la adoptéis como amiga. 
—¡Recáspita!—Exclamó Perolo. El saltamontes Nicasio no dijo palabra, esperaba la reacción de Perolo, si él estaba de acuerdo no pondría objeción alguna en aceptarla como amiga.
—¡Qué salga! —Dijo Perolo en alta voz —queremos conocerla.
Salió Carlota de detrás del arbusto a tres patas, pues se había lastimado una patita con una espina y su cara era un poema, sonreía y lloraba al mismo tiempo. Acudieron todos a ayudarla y la acomodaron yunto a una raíz del tronco centenario. 
Como hicieron en otros tiempos personajes ilustres, conformaron una tertulia  interesante. Hablaron de todo. Cada uno contó anécdotas de los avatares de sus vidas. Rufina expuso algunas inquietudes que le causaban desasosiego.
—Cómo sabéis, la anciana de mi casa antes se llamaba Dolores—argumentó Rufina —un buen día decidió que no quería ya más ese nombre y que en adelante se llamaría Consuelo. Pues bien, observo que desde entonces lo a tomado por costumbre y miente sin ningún reparo siempre que se le presenta la ocasión. A las amigas les cuenta que vive muy ocupada, que tiene tareas sin fin cuidando a una anciana. Cuenta que esta es muy exigente en su alimentación, los zumos naturales de licuadora son diarios. Esa máquina es trabajosa, está compuesta de muchas piezas y su limpieza es engorrosa. Sus platos favoritos requieren bastante manipulación y la limpieza y el orden del hogar son muy meticulosos. Se parte de risa cuando cuelga la llamada de las amigas, pues no está cuidando de ninguna anciana, miente como una bellaca.
—¡Ja, ja, ja,!—Rio de buena gana la gata anciana Carlota —la anciana Consuelo hace gala de tener un sentido del humor exacerbado, adivina quién es esa anciana de la que ella se cuida si no hay otra persona que cuide de ella. 
Fue una como una fiesta el fin de la tertulia. Marcharon cada uno a su lugar habiendo quedado para reunirse otro día.

María Encarna Rubio    



 

 

 


jueves, 6 de noviembre de 2025

Carlota viene de lejos

 
 


 La mirada triste de la gata doña Carlota lo decía todo. Habían cambiado su estancia en una aldea de campo por la vida en una ciudad. El piso que tenían alquilado en un edificio bastante grande le resultaba claustrofóbico. No se atrevía a salir a pasear, se encontraba torpe, sus años le marcaban limitaciones, había engordado y su agilidad para dar saltos no se parecía en nada a la de antes. 
—¡Estoy enamorada de mí misma, tengo un talento que me lo piso!—Escuchó la gata Carlota con sorpresa. Observó con incredulidad, el sonido venía del piso contiguo, entraba por el balcón abierto de par en par. Asomó sus bigotes con prudencia. Acercó con sigilo sus patas hacía la baranda medianera y vio a la Anciana Consuelo escritora de cuentos y poemas infantiles tecleando en el ordenador. Cerca se encontraba una cesta de mimbres con una gata dentro que dormitaba.
—¡Santo cielo! Tengo una vecina—pensó en un arrebato de alegría por ver a la gata Rufina —estoy salvada, haré amistad con ella. 

Por otro lado, Rufina, al escuchar la exclamación de la anciana Consuelo le dio un ataque de risa gatuna. ¡Enamorada de sí misma! Qué esperpento de mujer—pensó para sí —lee las tontearías que escribe y cree que es un portento.
Al instante de sacar esta conclusión acerca de su ama y cuidadora, Rufina sintió vergüenza de sí misma. Debería sentirse feliz de ver que su anciana cuidadora estaba contenta. Dio un salto, salió de la cesta y puso rumbo al balcón. La grata sorpresa que allí le esperaba fue grande: quedó frente a frente a la gata doña Carlota que la miraba expectante. El primer impulso fue de extrañeza, quedó estática, no supo qué decir. Por el contrario Carlota reaccionó al instante, sacó su lengua y le propinó un solemne lamido de bigotes en señal de saludo. Era gata vieja y eso da mucha ventaja ante una gata que apenas ha salido de la adolescencia. Rufina hizo otro tanto y se formó una comunicación muy complacida entre ambas. Hicieron sus presentaciones y quedaron en reunirse en el jardín de Manolo bajo el tronco seco del ficus centenario a la mañana siguiente. Rufina había quedado allí con el ratoncito Perolo y el saltamontes Nicasio, estaba en su ánimo  presentarlos a Carlota.








   
 

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...