La hormiguita Buba había abandonado el huevito que fue su cuna. Las historias que oyera desde el lugar en que creció la llenaban de confusión. ¿Sería cierto que el mundo se componía de tierra y agua? ¿Qué el planeta Tierra viaja a gran velocidad por el espacio y nadie se da ni cuenta? ¡No puede ser! —Pensaba— Tenía que averiguarlo por sí misma.

Salió del hormiguero una mañana muy temprano, el rocío de la noche perlaba las hojas de las flores del camino. Vio salir el Sol y se asustó mucho al contemplar el disco rojo que asomaba detrás de los montes iluminando con rayos incandescentes el horizonte lejano. Corrió despavorida a esconderse debajo de unas hojas de margaritas. Pasó largo rato esperando ver si algo se movía en su alrededor. Asomó su cabecita y pudo comprobar que nada se movía. ¡Qué mentiras nos cuentan a los críos, aquí nadie viaja! Todo está quieto. Salió alborotando con gritos de protesta. ¡Nos engañan! ¡Todo mentira!
El búho Caroncio que dormía despertó con gran disgusto. Siempre aparecía alguien que no le dejaba descansar. Había pasado la noche intentando encontrar algún ratoncillo despistado para atraparlo para alimentar a sus pollitos buhitines y se encontraba muy cansado. Ahora, una hormiguita de nada gritaba sin respeto por los que de día descansan después de trabajar toda la noche. Salió a increpar a la inoportuna ruidosa.
—¿Por qué gritas, insensata? Dime, qué te pone tan furiosa—adujo el búho Caroncio tratando de abrir sus ojos agredidos por la luz del día.
—Soy pequeña pero no tonta. Dicen que la tierra viaja a gran velocidad por el espacio y no veo que nada se mueva, cada cosa permanece en el mismo sitio que ayer—aclaró la hormiguita Buba con mucho desparpajo.
El búho Caroncio se dio a reír, sus ojos binoculares permanecían fijos en la hormiguita Buba, de pronto movió su cabeza de modo que Buba quedó atónita, parecía una peonza dando vueltas.
—Escucha, hormiga infantil—argumentó Caroncio aguantando los espasmos que le producía la ignorancia de Buba—¿has visto salir el Sol esta mañana?
—Lo he visto, grande y rojo como el fuego. Estaba escondido detrás de los montes.
—Bien—afirmó el búho con actitud de personaje sabio —¿Adónde lo ves ahora, crees que se ha movido?
—Sí, se ha movido, está en la mitad del cielo—dijo la hormiguita con ojos muy abiertos. —Entonces es el Sol el que viaja.
—¡No, el Sol está quieto! Es la tierra la que jira alrededor del Sol y tarda un día en dar la vuelta. Nosotros no sentimos la velocidad porque una poderosa fuerza nos atrae y nos mantiene tal como nos ves. Dios es poderoso y todo lo ha creado a propósito para que nosotros podamos disfrutar de su grandiosa creación.
María Encarna Rubio








