sábado, 16 de mayo de 2015

NATAEL SE BASTA A SÍ MISMO

Esta historia nos cuenta algo que sucedió en los albores de la humanidad. En una comunidad que habitaba una cueva junto al mar había nacido un chico bastante peculiar; hablaba cosas que casi nadie entendía:
--Madre, --decía--, veo más cosas con lo ojos cerrados que con ellos abiertos. Pasaba horas sentado, pensando, oyendo los sonidos del mar.
--¿Qué ves? --Le preguntaban.
--Veo la noche cuando es día, y día cuando es noche. Veo historias, que no han ocurrido, pero que puede que ocurran.
Le cogieron, le tumbaron sobre una piel de cordero y le ataron. --Ahí estará seguro. --Dijeron, veremos si recobra la razón. Pasados unos días le soltaron, dado que ya no decía incoherencias y parecía del todo normalizado. 
Le vieron atareado formando con cuatro palos y unas cuerdas hechas con fuertes tendones de caballo un artilugio elevado del suelo con mullida alfombra de lana encima.
--¿Qué es esto? Le preguntaron.
--Esto es para que si volvéis a atarme me pongáis encima.
¡Y, ya nunca más habló con nadie! Dialogaba consigo mismo.
--¿Con quién hablas, Natael? --Le preguntaban.
--¡Conmigo mismo! --
--¿Porqué?--
--Porque yo me escucho y callo. No me traiciono. Rectifico si algo no me gusta, y esto, me complace.
--¿Y, porqué nunca hablas conmigo?
--Tú me lo pedirás, cuando contigo quieras que hable.
Un día se marchó y nunca más volvieron a verle.
Su madre decía: --¡Él no necesita de nadie; Natael se basta a sí mismo.
Hicieron falta muchos milenios para que otro libre pensador glosara el invento de Natael:
¡" La necesidad agudiza el ingenio"!  

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