martes, 19 de mayo de 2015

EL DULCE FRUTO

Caminaba errante, acuciado por sentimientos tortuosos, con una gran angustia existencial bajo un tórrido sol. Apareció el árbol más esbelto que jamás había visto. Estaba éste en la orilla del largo y serpenteante camino. Era frondoso, de tiernas hojas y fuertes ramas que se abrían esplendidas llenas de dulce fruto. Sin saber porqué, sintió la imperiosa necesidad de trepar y encaramarse en su altura, reponer energía con sus frutos, y descansar de la larga caminata mecido en sus ramas. Así lo hizo y 
después de saciada su sed y su hambre, quedó dormido y entregado a sus sueños. Se vio volando como hoja que arranca el viento. Subía y subía hasta que, en una nube blanca le cazaron al vuelo como lo harían con una mariposa. La joven más bella que jamás había visto le sumergió en un mar de espuma, y le dijo: 
--¿Cuándo miras y agradeces las bellezas creadas para que pusilánimes cómo tú las disfruten? ¿Porqué no te has enamorado al pie de un doncel escuchando una bella serenata? --Él se la quedó mirando, y después de mucho pensarlo le dijo:
--Yo estoy dispuesto y quiero ser feliz, pero me pierdo a veces no sé  qué  quiere Dios de mí.
--Dios quiere que le ames como ser que habita en el siglo XXI. Para saber lo que Él quiere de ti, has de estar atento a lo que Él te dice. ¡Sal de la espuma, y baja de la higuera! La vida te espera.¡Vívela!
Pero con la sabiduría que corresponde aun hombre del siglo XXI.

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