miércoles, 2 de enero de 2019

What I percive




¡♫Hola...! ¡Soy yo...

Nunca estarás sola, he venido de lejos...

Te acompañaré siempre.

Solo escucha.

Mi voz es la distancia entre lo bello y lo nefasto;
la esperanza y el abandono.

También entre el amor y el desamor.
Auroras y oscuras noches.
I love you

domingo, 23 de diciembre de 2018

NAVIDAD SIN NIEVE

Fotos e imágenes de Navidad con paisajes

Era Navidad. La nieve cubría  todo el bosque y hasta el agua del río se había congelado. No había patitos nadando bajo el puente, habían emigrado a otros lugares donde la Navidad no era blanca ni las aguas de los ríos se convertían en frío hielo. 
En la chimenea de la casa de Enea las llamas  brillaban calentando el ambiente con sus chispas crepitantes. 

 Enea soñaba con tener unas Navidades sin nieve. Poder emigrar igual que lo hacían los patitos a esos lugares donde el sol brilla en invierno y los campos tienen su esplendor igual que en primavera. 



—Mamá, ¿sería posible marchar a otro lugar donde el sol luzca siempre? —le decía a su madre cansada de no poder salir a jugar.
—Mi niña —le decía su madre—: en el resto del mundo, esos países templados, quisieran tener todo nevado en Navidad. Adornan sus casas con motivos que recuerdan nuestros paisajes, nuestros árboles nevados. Les parece que nosotros disfrutamos de la auténtica Navidad... Te diré una cosa: la Navidad no la hace ni la nieve ni el Sol, la Navidad es una ilusión, un sentimiento que nos inunda de amor y buenos deseos para toda la humanidad. Allá donde te encuentres, vívela con sentimiento cristiano, porque es la celebración del nacimiento de Jesús, que vino al mundo a darnos esperanza de salvación para la vida eterna. A decirnos que nos amáramos unos a otros como Él nos amó, y como un milagro, ese mandato suyo, en Navidad se cumple con más fuerza que en el resto del año. 

M.E. Rubio González 

jueves, 6 de diciembre de 2018

QUE COMIENCE LA FIESTA

Todo estaba preparado para sorprender a Chelo, cumplía  treinta años. Al verla nadie lo diría. Por su aspecto frágil parecía no haber salido de la adolescencia; aún así, nada más lejos:  terminó su licenciatura de Derecho a los veinticinco años. Tenía un currículum deportivo con varios diplomas, ocupaba despacho en un bufete de abogados y estaba catalogada como una letrada muy competente, lo demostraba día a día resolviendo los casos que se le asignaban con eficacia.


 Estaba en su trabajo.  su jefe, que era cómplice con el resto de compañeros para dar la sorpresa a Chelo,  le dio aviso de una entrevista importante a la que tenía que asistir vestida de gala a un famoso salón de conferencias esa misma noche. 

  Llegó a la peluquería  agobiada y sudorosa, había tenido que aparcar el coche a bastante distancia. 



Se había pasado la hora de su cita. La peluquera atendía a otra cliente. 

Se propuso ser paciente y esperar cuando la puerta de entrada se abrió bruscamente y apareció ante ella un encapuchado pistola en la mano.  Se dirigió directamente a ella, la conminaba seguirlo.

 De modo instintivo, sin apenas dar tiempo a la reacción del agresor, desplegó sus piernas en una kata perfecta de karateka consumada desarmando al delincuente: lo redujo tirado en el suelo dejando a los presentes con un sello de incredulidad en sus semblantes demudados por lo insólito de lo que estaba sucediendo.

Con el arma en la mano, levantó la capucha del  hombre fornido al que había reducido; resultó un extraño. Pidió que llamasen a la policía que no se hizo esperar llevándose al agresor.



Decidió marchar a casa. Arreglarse por sí misma y acudir a la cita con su jefe.

Salió a la calle. Más que andar corría a toda prisa. Tropezó en varias ocasiones con transeúntes que  la miraban con cierta desaprobación;  ninguno recibió una disculpa. 

Al doblar una esquina ¡sorpresa! se vio frente a frente al delincuente que la había asaltado en la peluquería el que le dirigió una sonrisa sarcástica, e inmovilizándola asiendo su brazo derecho, le susurró al oído unas palabras casi imperceptibles: —Ya eres mía. Ahora no te escapas—. Con fuerte impulso, la introdujo en un coche que salió corriendo como alma que se lleva el diablo, dejando tras de sí un rastro oscuro en el asfalto y un rugido de ruedas en el aire que se oyó a bastantes metros de distancia.
Cuando Chelo se vio inmersa en la oscuridad del coche protegido por cristales opacos, sintió una punzada en el bíceps de su brazo izquierdo e inmediatamente perdió el sentido.  

Cuando despertó toda entumecida, se hallaba tendida  sobre una fría losa a forma de altar de sacrificios en la cúspide de una muy alta pirámide, rodeada de una veintena de jóvenes ataviadas con túnicas de un blanco inmaculado. Todas eran rubias. Los destellos de las joyas que las adornaban nublaban los ojos de Chelo. 

Trató de incorporarse. Estaba sujeta a la base por los tobillos y las muñecas.
Sonaron cánticos. Un sacerdote comenzó a rociar su cuerpo desnudo con un líquido aromático, y fue entonces, cuando vio descender un objeto con forma  de cometa con larga cola, muy brillante.

El terror la paralizaba. Aquella estela se posó sobre ella y todo su ser vibró. No salio despedida a toda velocidad porque sus firmes ataduras se lo impidieron. Perdió nuevamente el sentido, pero seguía oyendo el murmullo de las doncellas que contaban cantando el sentido de la ceremonia que se estaba celebrando. Todas ellas tenían la profesión de abogadas; todas cumplían ese día treinta años, todas eran rubias y nunca se habían enamorado. 

Sintió sobre su piel el fino tacto de la muselina del atuendo con que la vestían, idéntico al que todas ellas llevaban. También las joyas complementaban su look. Así vestida, como si su hada madrina la hubiese tocado con su barita mágica igual que a Cenicienta, apareció en una flamante limusina en la puerta del local donde estaba citada.

Fue sensacional, espectacular su entrada en el salón. (CONTINUARÁ)




   







 


miércoles, 28 de noviembre de 2018

BROTAR RESURGIR

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 ¡Qué milagro!
En mi pequeño desierto
gotas de lluvia han caído,
y como inmenso regalo,
mi desierto es florido.
De mil colores se ha llenado
 lo árido convertido en lindo prado.
Y si prima el violeta, el verde, o el amarillo
todo es unificado por el esplendoroso brillo
que surge de los montes con aura bella 
nutrida por brumas de amor si estás en ella.
 Si no cae lluvia del poder tu ser y eres ausente
para el minifundio de mi alma será la muerte;
para el deleite por mí sentido,
al ver mi desierto bello y florido.
Llorarán las células que conforman,
mi ser que tu amor ha esculpido;
 espero de tu luz infinitas maravillas...
Que en el minifundio de mi alma humana,
con la lluvia de tu amor broten nuevas semillas.






miércoles, 14 de noviembre de 2018

UN POEMA PARA NIÑOS

 LITA Y CASIO

Casita verde, casita blanca;
 tú ¿tienes puertas, tienes ventanas?
¡Sí que las tienes, y están cerradas!
Para que "Lita" ni entre ni salga.
Lita la verde, es una rana
que da saltitos y vive en el agua.
Ella sonríe, es optimista,
el sapito Casio es su conquista.
Los dos se aman bajo la luna,
y cantan canciones como la tuna.
Comen insectos con precaunción,
le tienen miedo a la indigestión.



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viernes, 9 de noviembre de 2018

PIRIGILO

El ratoncito Pirigilo
que solo queso comía,
comía de cualquier cosa
cuando queso no tenía.
Se lavaba en el arroyo.
 Había nacido en el campo,
y se lavaba los dientes
con ramitas de amaranto.
Con amaranto que es bueno
los dientes blancos ponía
y si tenía mucha hambre,
el amaranto comía.
Se presentaba en la escuela,
 pulido y reluciente.
Pirigilo el ratoncito
era limpio y obediente.
Hacía bien los deberes.
Les ponía atención.
Su gran ilusión sería
ser un gran campeón.
Campeón en los estudios.
 Tenía buenas razones.
Quería ser capitán
en la escuela de ratones.

María Encarna Rubio


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miércoles, 7 de noviembre de 2018

SIEMPRE CON ZAPATILLAS


 Adel era un niña traviesa a la que le gustaba caminar descalza. Su abuela le decía siempre que no lo hiciera. Se ensuciaba los pies y se podía lastimar


Un día que dormía en casa de su abuela, Adel le pidió que le contara un cuento. 

Su abuela, que la quería mucho y siempre la complacía. La sentó sobre sus rodillas y empezó a contar este cuento:

 Gachitas, era pequeña, menuda, y nadie sabía por qué la llamaban así, porque su verdadero nombre era  Adel. 

Ella, vivía en  un pueblo de montaña, y todas las mañanas, cuando se levantaba de la cama, se asomaba a la ventana para ver las nubes pasar. Le parecía muy bonito. Veía figuras blancas en el cielo, como si fuesen los sueños que había tenido esa noche. El eco le devolvía lo que decía y ella pensaba que eran las cabritas las que le contestaban.
¡Buenos días cabritas! —Les decía.
¡Buenos días...días...días...! —El eco le contestaba.

Una mañana que la niebla había bajado tanto que no se veía ni el monte ni las cabritas, Gachitas salio descalza a buscarlas. Una espina se clavó en uno de sus piececitos y le salía mucha sangre.

Gachitas se asustó, pero no lloraba, porque ella era  una niña fuerte. Se sentó a la orilla de un camino pedregoso a esperar a que alguien pasara y la encontrara allí. 

La anciana Marusa, que buscaba setas para hacer su comida, pasó y la vio.
—¿Qué haces aquí, niña, cómo te llamas?—Le dijo.

Gachitas casi no podía hablar de lo asustada que estaba. Empezó a tiritar de frío. 
La anciana Marusa le puso su toquilla, la tapó y la llevó a casa.

Su mamá, cuando entró en su habitación y vio que no estaba, se había asustado mucho, y la estaba buscando. Se alegró tanto de verla y le daba besos. —No te vayas más de casa solita —le dijo —y siempre te pones las zapatillas al bajar de la cama, porque los pies se lastiman sin ellas y se ensucian. 

Si te ha gustado el cuento ya sabes, nunca salgas descalza ni te vayas de casa sola. Si te pierdes y no está la anciana Marusa alguien te puede llevar lejos de casa. 
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MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...