domingo, 22 de noviembre de 2015

CUÉNTAME UN CUENTO

Cuéntame un  cuento madrina
que soy un niño chiquito.
Y a mí me gustan los cuentos,
de patos y pajaritos.
Los patitos porque nadan,                
pajaritos porque vuelan
Y porque me dan penita,
Cuando están en la cazuela.
Los criamos en grangitas,
Parece que los queremos,
Y cuando están creciditos,
Resultado de imagen de fotos de granjasvamos y nos los comemos.
Tú, si me cuentas un cuento,
hazlo también de conejos,
pero que al final me digan,
que se han muerto de viejos.
¡Manolito, Manolito!
Que el mudo así no es,
si has nacido para eso,
¡Es que te han de comer!


¿Entonces madrinita,
eso no tiene remedio?
¡Tú come y vive,
y no pienses más en ello!
¡Vive y no le des más vueltas!
Que a nosotros esas cosas,
ya nos las dieron resueltas.

AHORA

¿Dime, qué quieres ahora?
Que el llanto se me derrama, 
cuando veo  a los olivos, 
que el agua en sequía claman.
¿No será que te complacen, 
los tormentos de mi alma?
¡Que vives de mis suspiros,
y de mi falta de calma!
¡Dónde estás, pájaro fiero,
con cabeza de serpiente!
¡Que te alimentas de sangre,
de suspiros y de muerte!´

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viernes, 20 de noviembre de 2015

LOS SUEÑOS DE UN CARACOL

Un caracol feliz vivía junto a una oruga en un bancal de coles. Sonreía..., y también reía a su gusto cuando la oruga resbalaba y caía de las hojas húmedas por las gotas del rocío. Pensaba él:
--Tengo suerte. Mi cuerpo es una ventosa que se adhiere y no resbala. Ni las gotas de rocío, ni los vientos huracanados pueden tumbarme, y si atisbo un peligro, me adentro en mi casita y nadie puede hacerme daño. Y vivía tan feliz.
Un día de exaltada alegría se dio cuenta de que, todo lo que pensaba le salía en verso: -—¿Seré un caracol poeta? —decía para sí. Y se dispuso a crear su primer verso sobre la hoja de una frondosa col:

Vivo en una col muy tierna, 
junto a la oruga Marcisa. 
Cuando resbala y se cae,
a mi me da mucha risa.

La oruga Marcisa que andaba cerca quedó perpleja al leer las cosas que escribía su vecino acerca de ella en las hojas de las coles, -—¡pero qué se ha creído éste! ¿pensará que es el único que sabe hacer versos? —decía mientras empezaba a horadar en las coles sus proclamas sin parar:

¡Este caracol creído!
Con sus babas me da asco.
Ha creído que es muy listo,
y se va a llevar un chasco.

Y así, de ésta manera, fueron llenando las hojas de todas las coles del bancal de agujeros; pero  al ser tan poéticos y tan originales venían a verlas del mundo entero. El caracol feliz y la oruga Marcisa se hicieron famosos. Les llamaban de todas partes para dar conferencias. Al final fueron muy amigos. Hicieron sociedad para seguir escribiendo en todos los bancales de coles de la huerta... 

¡Que estuviesen sin fumigar, claro!
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jueves, 12 de noviembre de 2015

BONIFACIO


Bonifacio era un ratoncillo travieso que jugaba con las moscas debajo de un precioso sauce llorón. Su vida era dechado de gloriosa felicidad. Todavía no se había topado con humano alguno. Ese día de sol, que más que otoño parecía primavera, viviría una aventura que cambiaría su vida para siempre. Los trinos de los pajarillos acariciaron de improviso los oídos de una intrépida ciclista que paseaba el maravilloso jardín de "Manolo" tierra natal de Bonifacio. Decidió ésta hacer un alto en el camino junto a unas yucas y unos sauces y unos limoneros y demás árboles que poblaban el jardín. Dejó la bicicleta apoyada en la valla y se sentó en un banco a contemplar las luces y sombras de los rayos del sol.
Resultado de imagen de dibujos de niña cicliA Bonifacio le fascinaron los brillos del cesto de la bicicleta y se introdujo en él acompañado de la mosca Maruja.

Siguieron jugando al "corre que te pillo" sin darse cuenta de que la bicicleta rodaba y rodaba sin parar alejándolos del sauce llorón donde vivían.
Aparecieron en un trastero lúgubre sin ventanas y sin luz. Miraron la manera de escapar de aquel lugar tenebroso sin conseguir encontrar la salida. Bonifacio que tenía facultades para moverse en la oscuridad,  le dijo a la mosca Maruja:  --no pierdas la calma, todo acabará por resolverse. 
Anduvo buscando por los rincones por ver si encontraba algo para la cena. Encontró algo envuelto en un papel que resultó ser una carta que la intrépida ciclista había escrito a sus compañeros de clase. Se situó en un rayito de luz que se filtraba por debajo de la puerta para leerla sin acordarse de que no sabía. Le preguntó a la mosca Maruja si sabía leer porque la curiosidad le podía. 
La mosca Maruja, gran lectora de las "Aventuras de Porkin" no tuvo inconveniente en leer la carta para su amigo Bonifacio. Ésta decía así:

  Queridos compañeros y amigos:
Hoy tengo que deciros que el jardín de "Manolo", por las mañanas es una maravilla bonita. Yo lo visito cada mañana cuando salgo a pasear con mi bicicleta. Me asiento a leer un ratito en un banco y a pesar de ser otoño parece una primavera esplendorosa. Los pajarillos no dejan de trinar con una melodía inigualable. Esta mañana se me ha ocurrido un cuento muy infantil y muy bonito. Se trata de un ratoncillo y una mosca. Mañana lo pondré en los deberes de ortografía para que corrijamos entre todos los acentos, que son las notas musicales de los escritos. Aunque me veáis que escribo así como si fuese tonta, no es así, es que quiero enamoraros a todos. Muchos besos.
  
Bonifacio y Maruja no salían de su asombro. Eran mencionados en la carta y no comprendían cómo la intrépida ciclista pudo percatarse de ellos. Pensando, pensando, se metieron en el cesto de la bicicleta a esperar el nuevo día: la  intrépida ciclista decía en su carta que cada día visitaba el jardín de "Manolo", pero antes cenaron un trozo de bocata, el que envolvía la carta...

lunes, 9 de noviembre de 2015

LA GATITA RUFINA

La gatita Rufina,
tenía sueño.
No tenía casa,
ni tenía dueño. 
Ella vivía sola, 
en un olivo, 
en un agujero grande,
muy escondido.
Cuando salía sola,
tenía miedo,
de las fauces abiertas,
de un perro fiero.
La estaba esperando,
y si salía,
con las fauces abiertas,
la perseguía. 
¡Vete ya perro fiero, 
a otra guarida!
¡Y déjame tranquilita,
vivir mi vida!

domingo, 8 de noviembre de 2015

RECUERDOS DEL AYER

Resultado de imagen de casitas en la montañaHacía años que la casita de la colina no había sido visitada por Elve, su dueña. Ésta había vuelto después de muchos años dispuesta a restaurarla y sacarla del abandono y el olvido. Ubicada sobre la cima de un cerro, parecía la casita de muñecas construida para la niña más mimada y querida del mundo. Y así fue. Fue querida y mimada por el primer hombre que la hizo sentirse mujer.

 El destino, cruel e implacable, se lo llevó presa de enfermedad dolorosa y terrible. Ella había marchado lejos a recomponer su destrozada vida. Después de muchos años, recuperada y con un nuevo amor ponía su ilusión en habitarla.
 Introdujo la llave en la cerradura y sintió un escalofrío al ceder la puerta quejumbrosa sobre sus goznes herrumbrosos. Todo estaba tal como lo dejara aquella triste mañana de septiembre. Los paños que protegían los muebles estaban cubiertos de polvo y de la chimenea pendían las telas de araña,ennegrecidas y polvorientas por el paso de los años.

  Abrió la ventana con esfuerzo, se resistía a dejar pasar la luz del sol y el viento fresco de la mañana. ¡Qué lindo le pareció el paisaje que se veía desde lo alto del cerro! La primavera había sembrado la pradera de margaritas y amapolas. El arroyo que serpenteaba, jalonado de sauces en ambas orillas, ponía brillos de plata en el paisaje. 
  Se puso manos a la obra y comenzó con ahínco la tarea de poner la casa habitable antes de que llegara Ramiro, su nuevo marido. Éste, había quedado solucionando algunos problemas burocráticos allá en su tierra natal.  

 El salón estaba desempolvado y ya en la cocina se disponía a terminar de organizar el menaje. Dejó unos vasos sobre el anaquel. Se disponía a ordenarlos cuando sintió un aliento tibio sobre su rostro. Volvió la cabeza con la impresión de tener a alguien muy cera pero pronto salió de su error, no había nadie. Siguió con su tarea. Al poco rato, le pareció ver que una sombra difusa se movía cautelosa por el salón. Extenuada y aturdida dejó el trabajo y salió al porche a descansar un rato. Sobre la manta que cubría el columpio, para su sorpresa, alguien había dejado una nota que decía: "Te sigo queriendo igual que antes".  A punto estuvo de caer desmayada al suelo, el recuerdo de Crisántomo su primer marido, la estaba obsesionando de tal forma que creía verlo por todas partes. Aquella nota, lo mismo no había sido escrita para ella, pues era fácil que algunos de sus vecinos rondasen la casa durante el tiempo que estuvo cerrada. En estas divagaciones estaba cuando le vio venir. Ya no le cupo la menor duda,¡era él! Su modo de andar, la escopeta al hombro, y su perro mastín labrador. ¡Se acercaba con su caminar tan peculiar! ¡Guapo! ¡Esbelto! Con su sonrisa maravillosa de hombre que lo sexy camina de la mano de la mesura y el comedimiento... ¡Pero...,si habían pasado los años! ¡Estaba tan joven como cuando le conoció! Estoy segura...¡Lo han clonado! 
Se acortaba la distancia y sus ojos color miel se habían clavado en su mirada febril. Con un saludo insustancial, pasó de largo y se perdió en la distancia...

sábado, 7 de noviembre de 2015

LARGO CAMINAR

--¡Niña! Trae el botijo, que me eche un trago de agua fresca.
La mañana en verdad era calurosa. La hora del día no se correspondía con la alta temperatura que se hacía notar con una calma absoluta.
--¿No me oyes? ¡Trae el botijo, Manuela!
A Manuela, no le hacía ninguna gracia dejar la labor de ganchillo para llevar el botijo a Ruperto, su marido. Éste, se hallaba metido de lleno en la tarea de reparar  y ampliar el establo.
--¡Qué comodón! --decía para sí. No está contento si no me tiene detrás y delante de él. El botijo está dentro del pozo. Con estos calores es la única manera de mantener el agua fresca. ¡Y, allá tiene que ir Manuela..., sacar el botijo del pozo..., para llevárselo al señorito!
 En estas divagaciones andaba Manuela, cuando de pronto, un ruido tremendo, y un grito de Ruperto le hicieron dar un salto de la silla y correr a ver què sucedía. Cuando llegó donde Ruperto, él, ya no estaba. Su voz se oía subir de la lejanía más profunda...
..¡Manuelaaa! ¡Estoy aquiiii! ¡Pide ayudaaa!
--¡Ay, Dios mio! ¡Pobre Ruperto! ¿Pero, qué te ha pasado?
--¡Algo grande, Manuela, algo grande! ¡Teníamos una fortuna debajo de nuestros pies y no lo sabíamos!
-- ¡Voy a bajar, Ruperto! Tengo que ver lo que me estás diciendo. Lo mismo no nos interesa que nadie sepa de nuestro hallazgo --se apresuró a decir Manuela, subiéndose la falda hasta la cintura y de modo impremeditado, se dejó caer por la rampa que había quedado al descubierto en el suelo por la que se había deslizado momentos antes Ruperto. Durante siglos, había estado cegada aquella entrada al laberinto de habitáculos que se habrían ante ellos. Cuando sus pupilas se acomodaron a la oscuridad, con la sola iluminación que se filtraba a través de la abertura producida de modo fortuito por el pico de Ruperto, no daban crédito a lo que estaban viendo: ¡Todo un arsenal de objetos, al parecer, de la época romana! y ¡Un cofre de monedas de oro!
--¡Ay Ruperto, que a mí me da algo! ¡Esto es una fortuna inmensa Ruperto!
--¡Sí Manuela! ¡Una fortuna inmensa! ¡Ja,ja, ja! ¡Manuelica mía dame un abrazo!
--Calla, Ruperto. Habla más bajo. Si alguien se entera, ésto nos lo quitan. Se lo llevaran todo y nos quedaremos mirando. Cuando queramos verlo tendremos que ir a museos y exposiciones, y tú me dirás si nosotros vamos a esos sitios.
--¡Prefiero tapar el agujero y que siga aquí enterrado para siempre!
--Eso mismo es lo que vamos a hacer, dijo Manuela que como siempre ella ponía el punto sobre la i. De momento taparemos el agujero y ya pensaremos más tranquilos lo conveniente.
Trabajo les costó, salir del agujero. A duras penas se podía subir aquella rampa tan empinada. Primero lo hizo Ruper, --como le llamaba Manuela--después tendió la mano a Manuela, por poco más le saca el brazo del hombro de tirón tan fuerte. Aquella noche no pudieron dormir pensando la forma de aprovechar el hallazgo sin declararlo ni levantar sospechas.

Manuela se levantó como cada día, dispuesta a asearse bien aseadita tal como le enseñó su abuela:
--Hay que lavarse y peinarse lo primero de todo, --le decía-- nada más tirar los pies al suelo y colocarse el delantal, una mujer a de ir pulcra moviéndose por su casa. Levantar la cama y airear la habitación. El ritual era cumplido a rajatabla pasase lo que pasase.
--¡Ruper! ¡Ruper! Ya sé lo que vamos a hacer.
Acudió Ruper a los gritos de Manuela.
--Mira, vas a sacar sólo una moneda del cofre. Me voy a la capital a visitar a mi prima Pardina. Ella se dedica a comprar y vender trastos viejos y cosas antiguas. Se la enseñaré así como el que no quiere la cosa y ya veré que me dice.

Pardina tenía su casa a las afueras de la capital. Además de comprar y vender antigüedades, se dedicaba a comerciar con las flores y las plantas aromáticas que cultivaba en su jardín. Era mujer bastante peculiar. Tenía el pelo rojo y su cara toda pecosa. Se metía en pleitos con los vecinos al menor descuido de éstos. Sabía mucho de leyes a pesar de no haber estudiado nunca. Prohibía a sus hijos a relacionarse con otros niños y los obligaba a arreglárselas solos pues faltaba mucho de casa. Todas sus amistades eran de alta alcurnia, por aquello de comprar y vender antigüedades.

Cuando llegó Manuela sin previo aviso, pues los tiempos eran otros, un enorme perro negro flanqueaba la puerta del jardín. A los ladridos del animal acudió Pardina: ese día por casualidad estaba en casa. Le hizo los honores en su jardín, del que se sentía muy orgullosa. Cuando le enseñó la moneda, Pardina quedó alucinando.
--Conozco a una persona que dará un buen dinero por ella. Tú déjame a mí. ¿Tienes más?
--Bueno..., no sé. La encontré entre las cosas de mi abuela. Miraré por allí. ¡Cómo cerramos la casa después de morir ella y no hemos vuelto! ¡Me da una cosa ir! ¡Como yo la quería tanto! --Y comenzó a dar suspiritos muy apenados--. ¡Todavía lloro cuando hablo de ella!

Quedaron en que volvería a la semana siguiente. Pardina, antes de que se marchase quiso enseñarle a Manuela el interior de su casa, tan peculiar como ella. No quedaba ni pizca de pared libre. Estaban cubiertas de fotografías antiguas sin dejar tregua al respiro. Podías pasar el día mirando sin que las llegases a ver todas. En una de ellas descubrió Manuela a su prima retratada con su melena de pelo suelta que ahora recogía en retorcido moño tan grande como su cabeza. Ésta le dijo que  de noche se lo suelta y se viste con camisones transparentes para enamorar a su marido.
Volvió Manuela a la semana siguiente como tenían previsto: halló que su prima había hecho buen negocio con la moneda; ésta era de oro de veinticuatro kI y de gran valor por su antigüedad. 
Cuando arreglaron cuentas su prima se llevó un buen pellizco. 

Ruperto dijo a Manuela que probara con alguno de los otros objetos que había allí. Manuela le contestó que había que andar con cuidado, que su prima no era de todo comer.
Se compró Manuela zapatos y traje de señorona. A Ruper lo equipó de ropa de gran señor. Los vecinos los miraban y no salían de su asombro al verlos así vestidos y saliendo a pasear al puerto sin ser domingo. Y es que Manuela encontró varías monedas más entre las cosas de su abuela y se las llevó a su prima.
Ésta, ahora lucía pendientes de los que a ella le gustaban: largos, llegaban hasta los hombros. También se había comprado camisones transparentes y babuchas decoradas con brillantes lentejuelas, para lucirlas de noche y enamorar al marido. 
     




MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...