jueves, 19 de marzo de 2015

HACIA LO INCIERTO


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--Mi remanso, mi paz..., mi casa. --Críspulo ansiaba disfrutar del descanso del guerrero. Dormitar al calor del fuego, sin ruidos, sin alborotos que perturben su somnolencia infinita. 
Ristolina,su mujer, al contrarío, quería verle picando en el túnel que años atrás comenzara, queriendo atravesar el monte que les separaba de la ciudad incipiente.

--¡Levanta, Críspulo! Te has hecho viejo, y el túnel está sin acabar. ¡Qué triste, dejar la vida con los retos impuestos sin terminar! Cuando mueras, no encontrarás la paz. Querrás volver a terminar lo que dejaste a medio.
--¡Calla  ya, mujer del demonio! Si no me importa ahora, ¿crees que me importará luego?
Así pasaban los días. Ristolina tenía que subir el monte y luego bajarlo para recoger los pertrechos necesarios para la vida diaria.

Una mañana de Mayo Críspulo se levantó muy temprano decidido a terminar el túnel; quería ir a la ciudad incipiente. Él nunca había estado  allí, siempre era Ristolina la que subía y bajaba el monte.
También era Ristolina la que cuidaba las cabras, las ordeñaba, hacía el queso, calentaba el horno y hacía el pan. También ayudaba en la siembra del trigo, y en la siega. A veces, tenía que sacar a rastras a Críspulo de debajo de la higuera. Hacía un descanso para echar un cigarrillo y se quedaba traspuesto con el fresquito de la sombra en los calores del estío.

--¡Es una mujer de armas tomar! --Se decía críspulo cuando le obligaba a cortar la leña y organizarla para el invierno.
--¡Qué hombre me ha tocado! --Se lamentaba ella a veces--. Mis hermanas y mis primas prosperan, disfrutan, van a las fiestas, y yo, aquí me tienes, ¡ni hijos me ha dado Dios!
Esa mañana de Mayo oyó  Ristolina los golpes del pico y el azadón.

--¡Dios mío! ¿Se habrá producido el milagro?
Críspulo trabajó sin descanso. Se hizo realidad la ilusión de Ristolina. Por fin, el túnel, que había de conducirla a la ciudad incipiente, desembocaba justo en las inmediaciones de la iglesia del convento de las Hermanas Trinitarias.

Hizo Ristolina una fiesta para inaugurar el túnel. Fueron invitadas sus primas y hermanas, que le llevaron ricos presentes. Desde aquel día, Ristolina hacía visitas a sus familiares y amigos. Paraba poco en casa.

Críspulo, mientras tanto, disfrutaba del descanso merecido del guerrero: 
--Mi remanso, mi paz..., mi casa. 
  
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