lunes, 9 de agosto de 2021

U














 ¿Sabías que, sabios y sabías, sabían?

Un sabio de la antigüedad 

 sabía... "Que no sabía nada".

Aún no sabiendo nada...

Se propuso acabar con una Época.

 Lo consiguió después de morir por ello.

Otro, el más sabio de todos los sabios, decía: "Mi Reino no es de este mundo"

También se propuso cambiarlo todo en este mundo, a pesar de no ser el suyo.

También lo consiguió después de morir por ello.


Todos los males que me aquejan derivan de saber...

¡Que no sé nada!

¿Cómo sabré que algo sé? si he de morir.

😕


María Encarna Rubio



 







lunes, 2 de agosto de 2021

Ellos eran ellos





   Ellos eran ellos... Nosotros... nosotros.

Tú, eras tú... Yo, era yo.

 Te esperaba...  Venías.

Largas eran nuestras charlas,

pero, no me conocías...

Tampoco te conocía,

a pesar de que a diario...

te veía.

Ellos eran ellos... Nosotros... nosotros.

Hasta que llegó aquel día...

que ellos eran aquellos

que su mano nos tendía.

Para enlazar nuestras manos,

nuestros cuerpos, nuestra vida.

Y por su acuerdo oportuno...

Nosotros dos fuimos uno.

Y fue así que me amaste...

Y fue así que te amé.

Mi deseo deseaste.

Tu deseo deseé.

No fue que me abandonaste.

No fue que te abandoné.

Fue que entraste y te quedaste

para vivir en mi ser.

Y por tu acto oportuno...

Para siempre somos uno.

María Encarna Rubio





lunes, 26 de julio de 2021

Poema al abuelo Juan

  


 En la casita de campo
Vivía el abuelo Juan.
Trillaba el trigo en la era
Y luego lo hacía pan.

Me paseaba en la era
Sentada sobre su trillo.
Y dando vueltas cantaba
Canciones sin estribillo.

Sus pantalones de pana
Al andar hacían ruido.
Se le oía desde lejos
A mi abuelo tan querido.

Hacía sus espardeñas 
Con esparto de la sierra.
Lo buscaba entre los riscos
Saltando de piedra en piedra.

María Encarna Rubio


Narcisos



 






De qué nos sirve estar en este mundo, si no perseguimos un sueño... Sea el que sea.

Anoche soñé que soñaba.
Y soñando desperté.
Estaba tan aturdida...
Que mi sueño olvidé.

  De una cosa estoy segura
No tengo duda ninguna...
En mi sueño estaba el mar,
También estaba la luna...

Tus brazos ya no me abrazan
No me pueden abrazar
Porque son células mías
Y mi aíre al respirar.

 María Encarna Rubio
 


viernes, 12 de marzo de 2021

Los libros del alma





 No mires, no mires...
Lo pasado, pasado queda
en el libro del alma.
Libro que cuenta batallas ganadas,
batallas perdidas, lloradas batallas.
Y vamos llenando las hojas en blanco
 con nuestras vivencias que vamos pasando.
Se borran las tintas, se borran las letras,
y quedan retazos, y quedan secuencias.
Nadie lo atisba, nadie podrá verlo
que solo nosotros podemos leerlo.
 Yo tengo mi libro en mi pensamiento.
A veces a trozos a alguien lo cuento.
Y quito, y pongo cosas que me invento.
Porque soy autora del libro que tengo
escrito sin tinta en mi pensamiento.
A nadie he podido leer su verdad.
En eso radica nuestra libertad.
La más grande que Dios ha creado.




María Encarna Rubio

 

 





 

 

martes, 9 de marzo de 2021

Un corazón vacío

 


Tengo mi corazón vacío.
 Se diluye, se hiela en él
 el recuerdo de tu sombra.
A la eternidad llevaré tu brisa en el estío.
Y para llenarme de alegría en el recuerdo, buscaré,
 buscaré el rincón que me inspiraba,
 que animaba a mi pobre corazón vacío.
Me arrebatan los años los amores míos.
Se llevan uno a uno, mis sueños y fantasías.
Y para no llegar al final de mi contienda,
con el corazón sin sueños ni alegrías,
inventaré rincones que me devuelvan
las mismas ilusiones de otros días.
No cederé en el empeño.
Lucharé por gozar sin temor y sin arrobo,
la suave brisa y la acariciadora sombra
que brinda la otra parte de mi rincón, 
al abrigo de la otra cara del algarrobo.

María Encarna Rubio


  

domingo, 21 de febrero de 2021

Vestía de blanco


 —¡Dalam, dalam!, ¡Dalam, dalam!

—¿Qué sucede?, ¿Por qué suenan las campanas a estas horas de la madrugada?

Esta es la pregunta que se hacían los vecinos del  pueblo perdido entre un mar de limoneros.

La madrugada era fría y una espesa niebla todo lo invadía; a pesar de ello, un aroma intenso de azahar saturó el olfato de los vecinos que vivían próximos a la iglesia del pueblo. 

Habían abandonado su descanso para salir a averiguar por qué tañían las campanas a horas tan intempestivas.

Atemorizados, se acercaron al antiguo portón del templo: permanecía entreabierto... 

El tumulto penetró en la iglesia. La niebla los seguía. Pronto las imágenes en sus hornacinas quedaron veladas por un halo de misterio.

El Cirio Pascual que permanecía encendido junto al Sagrario, hacía su llamita tintineante casi invisible.  

Al instante, en el coro de la iglesia, el antiguo órgano dio comienzo a ejecutar la

´Marcha Nupcial F. Mendelssohn´

Quedaron todos petrificados. Hacía años que había quedado mudo con sus ancianos tubos enmohecidos.

¡Y eso no era todo: estaba funcionando solo, nadie había sentado en el banquillo!

Y fue entonces, cuando apareció su imagen frente al altar mayor, velada por la niebla... Iba vestida de blanco.

Fue bajando los escalones con pausa. Se situó frente al pasillo central que forman los bancos que ocupan el recinto de la nave central de la iglesia.

El silencio se hacía palpable. Nadie era capaz de pronunciar palabra:

´La novia de la niebla´ era un vestido flotante, sin manos y sin rostro.

 Entre paso y paso, transcurría un minuto. 

Al llegar al final del pasillo anduvo más a prisa. Llegó hasta la salida y atravesando el anciano portón, salió a la plaza al tiempo que el tañer de las campanas modificó el significado de su mensaje:

¡Dinn... Donn!, ¡Dinn... Donn!

«¡Duelo!»

La novia sin rostro anduvo ligera. Fue por las calles oscuras veladas de Boria. Llevaba tras de sí a la comitiva de curiosos que la seguían en silencio.

De pronto se detuvo. Volviéndose, quedó frente a frente a sus acompañantes: 

—¿Recuerdan cuando a estas horas se levantaban para rezar el Rosario de la Aurora?

Su voz sonaba como de ultratumba. Siguió recorriendo plazas y calles. 

Llegó silenciosa hasta una casa apartada, con verja y jardín.

Su vestido blanco se fue llenando de rosas carmesí.

—¡Mi amado!, ¡Su nombre debió ser Ilustre!

Pero nunca será ilustre. Ni acudirá a mi boda.

Soy la novia de un Ilustre que esta noche en esta casa ha sido abortado. 


María Encarna Rubio





416 palabras












MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...