jueves, 26 de noviembre de 2015

SIEMPRE HAY QUIEN NOS VE


Caminaban sedientos, cogidos de la mano. El tortuoso sendero, serpenteaba, subía, bajaba y parecía no tener fin. El oscuro manto de la noche amenazaba con hacer imposible el tránsito por aquel lugar que hacía apenas unas horas parecía idílico, hermoso, pero las oscuras alas del crepúsculo vespertino lo estaban tornando frío, oscuro y tenebroso. Cada árbol, cada arbusto, se asemejaba al monstruo de fauces abiertas que se los quisiera tragar. Apresuraron sus pasos esperando encontrar una salida a lugar conocido que les permitiese orientarse. 

Resultado de imagen de fotos de paisajes--¡Estamos perdidos!, dijo Andrea a Matías,  su marido, que trataba por todos los medios de infundirle confianza en que saldrían con bien del atolladero. Viendo éste que la noche se les venía encima y que no salían del intrincado bosque, maduraba los pasos a seguir en caso de tener que pasar la noche en aquel lugar desconocido para ellos. Iba calculando, sin decir palabra, el sitio adecuado para hacer un alto y disponerse a esperar pacientemente a que llegase el nuevo día, seguro de que sólo era la noche la que los limitaba. Vio al borde del ramblizo por donde bajaban tres pinos que habían crecido cerca el uno de los otros. Se detuvo, y, aparentando tranquilidad, dijo a Andrea:

--No podemos seguir caminando entre estos pedruscos. Nos vamos a detener aquí. ¿Ves esos pinos que están tan juntos y que dejan un espacio entre ellos?,  aprovecharemos los últimos claros que quedan para cortar ramas y cubriremos los espacios libres entre ellos. Verás que haremos un sitio donde guarecernos y pasar la noche. Recogeremos hojarasca y haremos un lecho blando y caliente y verás que pasaremos la noche bien, uno junto a otro no pasaremos frío.
Afanados en la tarea,  la noche si hizo negra. El hambre y la sed les mordía las entrañas sin piedad. Acurrucados uno junto al otro, se hallaban entre aromas de monte. El romero y el tomillo que habían puesto de lecho les invadía los sentidos. Matías se puso en la boca una ramita de romero y la masticaba saboreando sus jugos: 

--¡Vaya, toma ramas de romero y mastica!, le dijo a Andrea, al comprobar que se saciaba y dejaba de molestarle el hambre. 
El viento arreciaba haciendo saltar lamentos de los pinos. Oían, o creían oír ruidos extraños. Se abrazaban para darse calor, y en la oscuridad más absoluta, sentían la tibieza confortante de sus cuerpos y el latir de sus corazones. Ya habían olvidado sensaciones gratas sentidas. La rutina y los años habían desgastado los impulsos de atracción de sus almas gemelas. Olvidaron por un momento que tenían muchos inviernos viviendo juntos: sintieron la pasión de la primera vez que se amaron y se unieron en el más dulce de los besos. 

No había tregua para el sentimiento de gran ternura que les invadía cuando el sonido que produce el motor de un coche se fue acercando. La luz de unos faros encendidos iluminaron el entorno. Pronto se dieron cuenta de que se hallaban cerca de un camino. Con toda clase de precauciones se dispusieron a investigar qué sucedía. Lo que vieron les dejó estupefactos: allí, en las soledades del monte, dos personas del mismo sexo que ellos conocían daban rienda suelta a sus pasiones.
  

lunes, 23 de noviembre de 2015

OJO QUE TODO LO VE

Uno de los ojos de Torcuata Recua era de cristal. Había venido a vivir a Dardavilla de otros lugares y nadie conocía su historia. Todos pensaban que por ese ojo no veía: nada más lejos de la realidad, veía por él los sueños y los pensamientos más ocultos de todos.

Todo comenzó una noche de San Juan un veinticuatro de junio. Danzaba con los amigos alrededor de una hoguera en la playa, junto al mar. Pidió un deseo con fuerza y se adentró en el agua. Su petición consistía en tener cámara oculta para leer  los pensamientos de los demás. De pronto se acordó de que quería ser escritora de cuentos y añadió "posdata" pidió añadir al lote el leer también los sueños. Puso mucha devoción y se le concedió el deseo. Apareció en la playa, sin saber cómo ni cuándo, con un ojo de cristal. Todos creían que por él no veía nada, cosa que no era cierta, pues con el otro cerrado veía cosas que ninguno de ellos nunca verían:los dislates y disparates que muchos de ellos pensaban.

Se le hizo la vida amarga de tanto ver lo que veía. Se emancipó de su pueblo y apareció en Dardavilla, lugar que al parecer, había gente sensata. Pronto salió de su error, pues eran igual que todos. Había grandes pendejos que pensaban disparates. Se arrepintió de querer saber los pensamientos de demás. Todo estaba bien calculado. "Cada cuál piense lo que quiera y todo quede en secreto"
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MANOLITO PINGUI

Manolito Pingui tenía un gran secreto. Su madre siempre decía: --¡Eres más basto que un bocadillo de esparto! Su secreto, guardado a capa y espada, era revolucionario, espectacular y bastante peculiar: cuando cogía un libro de Historia y se ponía a leer...¡Viajaba en el tiempo! --¡Se trasladaba de inmediato a la Época del tema que leía!... 

A veces, no se daba cuenta..., ¡y volvía sin cambiar de traje!
Para disimular delante de su madre, le decía que estaba ensayando..., ¡una obra de teatro del colegio! 
La madre no se extrañaba de nada. Porque ella pagaba un buen colegio para que su hijo aprendiese de todo. 

Una mañana, amaneció en la cama con un camisón hecho con esparto. Su madre le preguntó:  -¿Porqué te ponen esas cosas tan bastas?, él le respondió: -¡Mamá, no sabes nada!, en la prehistoria, el esparto era Materia Prima. Con él hacían de todo.
--¡Cuánto sabe mi hijo! 

Un día apareció con una túnica tan blanca que deslumbraba con los rayos del sol. Al verlo su madre cerró los ojos y le dio por toser, debido al olor tan penetrante que desprendía. Puso el grito en el cielo diciendo:
--¡Manolito! ¿De dónde has sacado eso? ¡Se ve blanco, pero cómo huele!
--En la Época Romana blanqueaban la ropa con orines. Ponte las pilas mamá. Lee más Historia.Si el mundo sigue como va, será importante saber sobrevivir.
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domingo, 22 de noviembre de 2015

CUÉNTAME UN CUENTO

Cuéntame un  cuento madrina
que soy un niño chiquito.
Y a mí me gustan los cuentos,
de patos y pajaritos.
Los patitos porque nadan,                
pajaritos porque vuelan
Y porque me dan penita,
Cuando están en la cazuela.
Los criamos en grangitas,
Parece que los queremos,
Y cuando están creciditos,
Resultado de imagen de fotos de granjasvamos y nos los comemos.
Tú, si me cuentas un cuento,
hazlo también de conejos,
pero que al final me digan,
que se han muerto de viejos.
¡Manolito, Manolito!
Que el mudo así no es,
si has nacido para eso,
¡Es que te han de comer!


¿Entonces madrinita,
eso no tiene remedio?
¡Tú come y vive,
y no pienses más en ello!
¡Vive y no le des más vueltas!
Que a nosotros esas cosas,
ya nos las dieron resueltas.

AHORA

¿Dime, qué quieres ahora?
Que el llanto se me derrama, 
cuando veo  a los olivos, 
que el agua en sequía claman.
¿No será que te complacen, 
los tormentos de mi alma?
¡Que vives de mis suspiros,
y de mi falta de calma!
¡Dónde estás, pájaro fiero,
con cabeza de serpiente!
¡Que te alimentas de sangre,
de suspiros y de muerte!´

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viernes, 20 de noviembre de 2015

LOS SUEÑOS DE UN CARACOL

Un caracol feliz vivía junto a una oruga en un bancal de coles. Sonreía..., y también reía a su gusto cuando la oruga resbalaba y caía de las hojas húmedas por las gotas del rocío. Pensaba él:
--Tengo suerte. Mi cuerpo es una ventosa que se adhiere y no resbala. Ni las gotas de rocío, ni los vientos huracanados pueden tumbarme, y si atisbo un peligro, me adentro en mi casita y nadie puede hacerme daño. Y vivía tan feliz.
Un día de exaltada alegría se dio cuenta de que, todo lo que pensaba le salía en verso: -—¿Seré un caracol poeta? —decía para sí. Y se dispuso a crear su primer verso sobre la hoja de una frondosa col:

Vivo en una col muy tierna, 
junto a la oruga Marcisa. 
Cuando resbala y se cae,
a mi me da mucha risa.

La oruga Marcisa que andaba cerca quedó perpleja al leer las cosas que escribía su vecino acerca de ella en las hojas de las coles, -—¡pero qué se ha creído éste! ¿pensará que es el único que sabe hacer versos? —decía mientras empezaba a horadar en las coles sus proclamas sin parar:

¡Este caracol creído!
Con sus babas me da asco.
Ha creído que es muy listo,
y se va a llevar un chasco.

Y así, de ésta manera, fueron llenando las hojas de todas las coles del bancal de agujeros; pero  al ser tan poéticos y tan originales venían a verlas del mundo entero. El caracol feliz y la oruga Marcisa se hicieron famosos. Les llamaban de todas partes para dar conferencias. Al final fueron muy amigos. Hicieron sociedad para seguir escribiendo en todos los bancales de coles de la huerta... 

¡Que estuviesen sin fumigar, claro!
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jueves, 12 de noviembre de 2015

BONIFACIO


Bonifacio era un ratoncillo travieso que jugaba con las moscas debajo de un precioso sauce llorón. Su vida era dechado de gloriosa felicidad. Todavía no se había topado con humano alguno. Ese día de sol, que más que otoño parecía primavera, viviría una aventura que cambiaría su vida para siempre. Los trinos de los pajarillos acariciaron de improviso los oídos de una intrépida ciclista que paseaba el maravilloso jardín de "Manolo" tierra natal de Bonifacio. Decidió ésta hacer un alto en el camino junto a unas yucas y unos sauces y unos limoneros y demás árboles que poblaban el jardín. Dejó la bicicleta apoyada en la valla y se sentó en un banco a contemplar las luces y sombras de los rayos del sol.
Resultado de imagen de dibujos de niña cicliA Bonifacio le fascinaron los brillos del cesto de la bicicleta y se introdujo en él acompañado de la mosca Maruja.

Siguieron jugando al "corre que te pillo" sin darse cuenta de que la bicicleta rodaba y rodaba sin parar alejándolos del sauce llorón donde vivían.
Aparecieron en un trastero lúgubre sin ventanas y sin luz. Miraron la manera de escapar de aquel lugar tenebroso sin conseguir encontrar la salida. Bonifacio que tenía facultades para moverse en la oscuridad,  le dijo a la mosca Maruja:  --no pierdas la calma, todo acabará por resolverse. 
Anduvo buscando por los rincones por ver si encontraba algo para la cena. Encontró algo envuelto en un papel que resultó ser una carta que la intrépida ciclista había escrito a sus compañeros de clase. Se situó en un rayito de luz que se filtraba por debajo de la puerta para leerla sin acordarse de que no sabía. Le preguntó a la mosca Maruja si sabía leer porque la curiosidad le podía. 
La mosca Maruja, gran lectora de las "Aventuras de Porkin" no tuvo inconveniente en leer la carta para su amigo Bonifacio. Ésta decía así:

  Queridos compañeros y amigos:
Hoy tengo que deciros que el jardín de "Manolo", por las mañanas es una maravilla bonita. Yo lo visito cada mañana cuando salgo a pasear con mi bicicleta. Me asiento a leer un ratito en un banco y a pesar de ser otoño parece una primavera esplendorosa. Los pajarillos no dejan de trinar con una melodía inigualable. Esta mañana se me ha ocurrido un cuento muy infantil y muy bonito. Se trata de un ratoncillo y una mosca. Mañana lo pondré en los deberes de ortografía para que corrijamos entre todos los acentos, que son las notas musicales de los escritos. Aunque me veáis que escribo así como si fuese tonta, no es así, es que quiero enamoraros a todos. Muchos besos.
  
Bonifacio y Maruja no salían de su asombro. Eran mencionados en la carta y no comprendían cómo la intrépida ciclista pudo percatarse de ellos. Pensando, pensando, se metieron en el cesto de la bicicleta a esperar el nuevo día: la  intrépida ciclista decía en su carta que cada día visitaba el jardín de "Manolo", pero antes cenaron un trozo de bocata, el que envolvía la carta...

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...