miércoles, 8 de febrero de 2023

Mamá clueca se ha perdido



 


 Mamá clueca andaba algo preocupada, había salido del gallinero con sus pollitos en busca del gallo Gazpachón y se había perdido. No reconocía el entorno. Nunca antes vio aquellos parajes con tanta maleza y zarzales. Temía que si sus hijitos se aventuraban entre los espinosos matorrales saldrían maltrechos y cieguitos si alguna espina hería sus ojitos. Quiso gritar, pero como estaba clueca, solo le salía un velado "clo, clo". 
Pasaba el tiempo y no encontraba el camino de regreso. 

 Por suerte, apareció el gallo Gazpachón que la condujo de nuevo al gallinero. Estaban los dos inmersos en la tarea de enseñar a sus hijitos a picotear los matojos, cuando se les acercó una gallina que venía del monte, con las plumas desordenadas y sucias, parecía perdida y hambrienta. "Hola, buenas tardes" —dijo con mucha timidez—. Soy Huevasa, mascota de Mariona, una niña mala que se ha cansado de mi y me ha dejado abandonada en el monte. Aún tengo que agradecer que la cocinera no me haya retorcido el pescuezo y me haya cocinado en pepitoria para la comida.
Gazpachón quedó impresionado. A pesar de su maltrecho aspecto, denotaba que era una gallina de ciudad. Su caminar era de una elegancia poco usual en el gallinero. La invitaron a picotear en los matojos y su estilo era de finas maneras. Movía la cabeza de un lado a otro con exquisita delicadeza y antes de coger algún elemento con el pico lo examinaba con mucha atención. Gazpachón estaba fascinado. Pronto dejó a la clueca que se las arreglara sola con su prole y se llevó a Huevasa a recorrer la orilla del riachuelo para que se diera un baño y acicalara sus plumas. 
La clueca estaba celosa. Pensaba propinar a Huevasa unos picotazos inflamatorios cuando estuviese de regreso, pero lo pensó mejor, al fin y al cabo ella no tenía la culpa, se los daría a Gazpachón, por fatuo y mamarracho. 

María Encarna Rubio
 
 


sábado, 4 de febrero de 2023

Lo más natural






El abejorro  Pil trabajaba sin cesar. Él solito había polinizado todo un gran campo de alfalfa. Estaba cansado y transportaba su cestillo lleno de polen. Era un insecto tierno y hermoso. Intentaba ser feliz, pero siempre trabajando, apenas tenía tiempo de recrearse en la maravilla que los campos floridos habrían ante sí. 
Un buen día decidió hacer un alto y tenderse a descansar al abrigo de una mata exuberante y muy frondosa. Acicalaba su velludo abdomen cuando llegó hasta él un murmullo inusual y desconocido, una mosca mantenía un coloquio con una libélula de bellas alas:



—El ruido que hacen algunos cuando trabajan es bastante molestoso. —Sí por cierto, ¡qué falta de consideración!
—Mis alas son silenciosas, no como  las de algunos...




No esperemos moraleja del cuento más tonto del mundo.
Pero si analizamos su contenido, alguna conclusión sacaremos...
Pondremos como ejemplo que... La naturaleza siempre es bella...
Los que hacen ruido siempre molestan...
Los que solo piensan en trabajos físicos apenas viven...
Hay que combinar los trabajos físicos con los intelectuales y espirituales...

María Encarna Rubio





domingo, 27 de noviembre de 2022

La vaquita Manolita

  




La vaquita Manolita, todos los días salía a pastar al prado. Tenía amigas que también salían y pastaban juntas.
Manolita era distinguida y educada, gustaba comer limpio. Cuando encontraba algún caracol entre las hierbas del pasto procuraba no comerlo. ¡Pobrecito caracol! —Pensaba—. Si lo como ya no podrá volver mañana, debo dejarle vivir su vida. Yo con hierba fresquita y tierna tengo suficiente.
Tenía la vaquita Manolita una amiga, la vaca Felisa. Reían y charlaban de sus cosas con cariño de hermanas.
A la vaca Felisa le daba risa cuando Manolita no quería comer caracoles. —¡Qué tonta eres!—Decía mirando hacía arriba, poniendo ojos de vaca aletargada—.Yo como lo que encuentro y no me preocupo por nada. ¡Todo para dentro! 
Manolita no se inmutaba: —¡Come lo que quieras! —Contestaba bajando la cabeza y seleccionando las hierbas que se llevaba a la boca—todos tenemos derecho a ser respetados. Que sea yo amiga de Felisa no quiere decir que tenga que hacer lo que a ella le parezca. 
Al final, dejaron de ser amigas, a la vaquita Manolita le daban náuseas cuando veía a Felisa tragar caracoles, orugas, mariquitas y hasta lombrices de tierra. Buscó la compañía de otras vacas que se comportaban como ella. 

María Encarna Rubio  


miércoles, 27 de julio de 2022

La ranita Lota

 




Lota era una ranita de color verde, igual que sus hermanas y todas las ranitas que había en el estanque. Un sauce llorón se miraba en el espejo de las aguas transparentes. La ranita, extasiada con la belleza de sus ramas tiernas y verdes, se admiraba cuando el viento las mecía y pasaba horas contemplando su oscilante balanceo. 

Las críticas eran corrientes entre las compañeras, no les parecía adecuado que perdiese el tiempo en cosa tan poco constructiva. Al fin y al cabo, qué importancia podía tener que las ramas de un sauce fuesen vapuleadas sin descanso; pero a Lota le causaba gran emoción. 

La rana Cescinia, que era muy envidiosa, se ponía de color amarillo cuando Lota acariciaba las hojas húmedas del sauce. Las demás ranas reían y croaban sin cesar: ¡Ya se ha puesto amarilla!—decían—.

Lota corría a ocultarse al otro lado del estanque. Le causaba pavor el color amarillo de la rana envidiosa. Recordaba que su
 abuela le decía: "Huye de todo aquél que te demuestre envidia, es peligroso, nunca querrá cosas buenas para tí" 

María Encarna Rubio


sábado, 11 de junio de 2022

La brujita canosa


  

 En el bosque de los abedules añosos tenía su casita la brujita canosa, que por añadidura, también era tuerta.

Había construido su casa entre abedules para huír de los malos pensamientos y dedicarse a ser una bruja exitosa. Cuando hacía un conjuro y no le salía bien se ponía muy nerviosa y tiraba los utensilios de ensayo por la ventana. Una mañana lluviosa que treinta conjuros le habían salido mal, se quedó sin equipo de trabajo.

Las dudas se apoderaron de su maltrecha autoestima, pensó que había fracasado y que nunca sería reconocida en el ámbito brujeril. Necesitaba algo más que ser canosa y tuerta para ser una bruja de verdad. Buscó su escoba para ir a buscar un colegio como el de Harry Potter, pero no le obedeció. 

Desesperada, se retorcía las manos y se tiraba de los pelos. El sapo Nicasio, que iba subido a lomos de la cabrita Maruja, le lanzaba escupitajos a larga distancia, y como eran verdes, verdes, la bruja parecía una loca espantosa. Fue derecha a bañarse en el río, donde habían ido a parar los trastos que había tirado por la ventana. 

Las aguas de río estaban impregnadas de sustancias ponzoñosas. A la bruja se le alargaron las piernas y se le encogieron los brazos. A cada mano le salieron dos hijitas y en la barbilla le creció una mata de perejil. El sapo Nicasio reía a carcajadas y la cabra daba saltos que parecía un caballo. ¡Muy bien, muy bien! Balaba entre salto y salto. Eso le pasa por contaminar el río.

María Encarna Rubio

jueves, 9 de junio de 2022

Remanso

  


¿ Caminar para encontrar tu remanso?

No hay por qué, si ya te tengo...

Tengo el camino, la senda...

Labios distendidos, sonrisa plena...

Y sentada me sumerjo sin enojo

En remanso de amor, el alma llena.

El turquesa es color que ilumina

El fresco resplandor del agua pura.

Con brazo largo toco y alcanzo

Los rayos que bajan desde tu altura.

Este es el poema que aliento exhala

La quietud del alma que ya ha guardado

Lo por venir y lo pasado.


María Encarna Rubio






jueves, 31 de marzo de 2022

Ferdinando, el cerdito feliz

 


  Esta es la historia del cerdito Ferdinado. Era el menor de doce hermanitos cerditos chiquitines. Siempre estaba triste y cabizbajo. Pensaba que no le querían. Sus hermanos siempre estaban jugando, les encantaba revolcarse por el barro, pero a él, eso no le gustaba, por ello, nunca se incorporaba a los juegos con todos ellos. Andaba siempre solo, correteando detrás de las mariposas. 

Un día que había llovido, sin querer se encontró de repente chapoteando dentro de un charco. Los gritos que daba se oían lejos. Mamá cerda fue rápida en su ayuda, pero no le encontró. Había desaparecido. 
Pasaron muchos días y Ferdinando no aparecía. Mamá cerda movilizó a toda su prole y salieron en su busca. Buscaban en todas las cuevas de la sierra y en todas las casitas del bosque.

Por fin lo encontraron tomando el sol junto a una cerdita que le acariciaba cariñosa. Era la cerdita Frasquita. A ella tampoco le gustaba chapotear en el barro. Habían decidido vivir alejados del barullo y dedicarse a tomar el sol tranquilamente y jugar a ser poetas. Los dos hablaban en verso y solo comían margaritas encarnadas.

Te encontré en un charco
Mi amado Ferdinando,
Supe que no te gustaba
Por lo que estabas gritando.
Lo hacías con tanta histeria
Y te daba tanto asco
Que sentí tu gran miseria
Y  te saqué de aquel charco.

Gracias mi amada Frasquita
Soy tu eterno agradecido
Eres mi bella  margarita
Pero aún no te he comido.
 Por lavarme el lodo infecto
Y hacerme tantos cariños
Viviremos siempre unidos,
Limpios como los armiños.

Si quieres ser feliz en la vida... 
Huye de lo que te desagrada y busca a quién te es afín.




María Encarna Rubio





  

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...