jueves, 24 de enero de 2019

CAMBIO CLIMÁTICO


—¿Conoces a doña Anselma de Trujillo?
—No. ¿Quién es esa señora?
—Mi vecina. ¡Pásmate! A los setenta años va a ser madre de gemelos.
—¡Jesús me valga! Y... ¿Cómo está ella?
—Pues... Contenta, muy contenta. Prepara los cochecitos y las cunitas con tanta ilusión y cariño como lo haría una joven de veinte.
—¡Dios mío! Será la comidilla del pueblo.
—No se habla de otra cosa.
—¡Vaya, vaya! . Si que es extraordinario.

Estos y otros comentarios por el estilo andaban de boca en boca de los habitantes de "Toca Nueva del Trueque". La anciana Anselma, más conocida por la tía Quinina, al no encontrarse bien y lucir un vientre descomunal, fue a la consulta del médico. Este, le dijo después del reconocimiento, sin disimular su sorpresa, que estaba embarazada y que iba a ser madre de gemelos.

Mucho empeño puso el doctor en averiguar los métodos de que se había valido para conseguir su embarazo, pero no obtuvo una respuesta convincente.
Ella se obstinaba en decir que, desde siempre había rogado a Dios que le concediera el don de ser madre de gemelos y que por fin se había producido el milagro.

¡Risas y chistes por doquier! Las vecinas hacían chocolate y buñuelos e invitaban a la tía Quinina a merendar por ver si soltaba su secreto. Ella era una humilde viuda desde los cuarenta y siempre el colmo de la discreción.
Por fin una tarde que al chocolate añadieron un chorrito de anisete, la tía Quinina, poniéndose de pie sobre la silla donde estaba sentada, dijo:

¡Amigas mías! No temáis por el cambio climático. Traerá grandes sorpresas para todos; una de ellas será que, la mujer que quiera tener hijos no necesitará obra de varón, solo tendrá que desearlo. El placer sexual quedará limitado. El que quiera seguir con ese procedimiento tendrá que renunciar a las excelencias intelectuales... Nada de Letras ni Bellas Artes.

María Encarna Rubio

PADRE

Padre, de mi mano recibe la flor de mi inocencia.
Yo me diluyo entre tu amor y tu paciencia.
A tí el ramillire que te brinda mi amor puro,
porque me amas y me cuidas, lo tengo muy seguro.
De ti recibo los dones que me llevan al sendero,
de luz de paz y de amor, por esto yo darte quiero,
la vida que a mí me queda, y a la espera,
estoy de tus mandatos hasta que muera.

QUERIDA AMIGA

Hoy tus sombras son mis sombras.
Hoy tu pena es mi pena.
Siento diluirse mi sombra tras tu sombra.
Lloro lo que lloras, siento lo que sientes.
No estoy en mí, se fue tras de ti mi aura
Prendida en tu pelo, en tu mirar, en tus manos...
Hoy tus sombras son mis sombras...
Hoy...es tu penar mi penar...

viernes, 4 de enero de 2019

EL AMOR

Resultado de imagen de imagenes de rosales en invierno
 En el jardín un rosal tiritaba de frío. Había pasado el invierno y la primavera se hacía esperar; todas las plantas del jardín permanecían sumidas en el letargo del otoño infiel y del invierno crudo.

Resultado de imagen de imágenes de pájaros volando
Por fin, una mañana, un sol radiante se filtraba a través de la neblina gris haciendo jirones de cielo azul y nubes que galopan asustadas de su fuego incandescente; todo se llenó de vida. Los pajarillos revoloteaban con una alegría en sus trinos que presagiaban citas de amor esporádico, ya que son segundos lo que duran sus contactos sexuales para la reproducción. 

Resultado de imagen de imagenes de adolescentes llorando por un amor Esa misma mañana, cuando el rosal empezaba a desperezar sus ramas del largo entumecimiento, una gotas saladas vinieron desde lo alto a convertir su alegría en mal augurio. Eran las lágrimas de una adolescente que lloraba por la ingratitud de su primer amor. 

Había comprobado que las mismas promesas que a ella le hacía eran las comunes que hacía a todas. Todo un mundo de ilusiones se le venía abajo. Ya nada tenía sentido. Un hueco se había formado en su alma y las lágrimas eran torrentes que amenazaban con arruinar con su salada amargura la fertilidad del rosal.
Resultado de imagen de imagenes de primavera

 Este, viéndose amenazado, brotó en un alarde de majestuosidad y belleza. La niña, asustada al ver aquel milagro, pensó que no había que llorar cuando un amor muere. Igual que brota el rosal cada primavera, brota el amor y se renueva cuando  muere con la misma fuerza que la primera vez.   

miércoles, 2 de enero de 2019

What I percive




¡♫Hola...! ¡Soy yo...

Nunca estarás sola, he venido de lejos...

Te acompañaré siempre.

Solo escucha.

Mi voz es la distancia entre lo bello y lo nefasto;
la esperanza y el abandono.

También entre el amor y el desamor.
Auroras y oscuras noches.
I love you

domingo, 23 de diciembre de 2018

NAVIDAD SIN NIEVE

Fotos e imágenes de Navidad con paisajes

Era Navidad. La nieve cubría  todo el bosque y hasta el agua del río se había congelado. No había patitos nadando bajo el puente, habían emigrado a otros lugares donde la Navidad no era blanca ni las aguas de los ríos se convertían en frío hielo. 
En la chimenea de la casa de Enea las llamas  brillaban calentando el ambiente con sus chispas crepitantes. 

 Enea soñaba con tener unas Navidades sin nieve. Poder emigrar igual que lo hacían los patitos a esos lugares donde el sol brilla en invierno y los campos tienen su esplendor igual que en primavera. 



—Mamá, ¿sería posible marchar a otro lugar donde el sol luzca siempre? —le decía a su madre cansada de no poder salir a jugar.
—Mi niña —le decía su madre—: en el resto del mundo, esos países templados, quisieran tener todo nevado en Navidad. Adornan sus casas con motivos que recuerdan nuestros paisajes, nuestros árboles nevados. Les parece que nosotros disfrutamos de la auténtica Navidad... Te diré una cosa: la Navidad no la hace ni la nieve ni el Sol, la Navidad es una ilusión, un sentimiento que nos inunda de amor y buenos deseos para toda la humanidad. Allá donde te encuentres, vívela con sentimiento cristiano, porque es la celebración del nacimiento de Jesús, que vino al mundo a darnos esperanza de salvación para la vida eterna. A decirnos que nos amáramos unos a otros como Él nos amó, y como un milagro, ese mandato suyo, en Navidad se cumple con más fuerza que en el resto del año. 

M.E. Rubio González 

jueves, 6 de diciembre de 2018

QUE COMIENCE LA FIESTA

Todo estaba preparado para sorprender a Chelo, cumplía  treinta años. Al verla nadie lo diría. Por su aspecto frágil parecía no haber salido de la adolescencia; aún así, nada más lejos:  terminó su licenciatura de Derecho a los veinticinco años. Tenía un currículum deportivo con varios diplomas, ocupaba despacho en un bufete de abogados y estaba catalogada como una letrada muy competente, lo demostraba día a día resolviendo los casos que se le asignaban con eficacia.


 Estaba en su trabajo.  su jefe, que era cómplice con el resto de compañeros para dar la sorpresa a Chelo,  le dio aviso de una entrevista importante a la que tenía que asistir vestida de gala a un famoso salón de conferencias esa misma noche. 

  Llegó a la peluquería  agobiada y sudorosa, había tenido que aparcar el coche a bastante distancia. 



Se había pasado la hora de su cita. La peluquera atendía a otra cliente. 

Se propuso ser paciente y esperar cuando la puerta de entrada se abrió bruscamente y apareció ante ella un encapuchado pistola en la mano.  Se dirigió directamente a ella, la conminaba seguirlo.

 De modo instintivo, sin apenas dar tiempo a la reacción del agresor, desplegó sus piernas en una kata perfecta de karateka consumada desarmando al delincuente: lo redujo tirado en el suelo dejando a los presentes con un sello de incredulidad en sus semblantes demudados por lo insólito de lo que estaba sucediendo.

Con el arma en la mano, levantó la capucha del  hombre fornido al que había reducido; resultó un extraño. Pidió que llamasen a la policía que no se hizo esperar llevándose al agresor.



Decidió marchar a casa. Arreglarse por sí misma y acudir a la cita con su jefe.

Salió a la calle. Más que andar corría a toda prisa. Tropezó en varias ocasiones con transeúntes que  la miraban con cierta desaprobación;  ninguno recibió una disculpa. 

Al doblar una esquina ¡sorpresa! se vio frente a frente al delincuente que la había asaltado en la peluquería el que le dirigió una sonrisa sarcástica, e inmovilizándola asiendo su brazo derecho, le susurró al oído unas palabras casi imperceptibles: —Ya eres mía. Ahora no te escapas—. Con fuerte impulso, la introdujo en un coche que salió corriendo como alma que se lleva el diablo, dejando tras de sí un rastro oscuro en el asfalto y un rugido de ruedas en el aire que se oyó a bastantes metros de distancia.
Cuando Chelo se vio inmersa en la oscuridad del coche protegido por cristales opacos, sintió una punzada en el bíceps de su brazo izquierdo e inmediatamente perdió el sentido.  

Cuando despertó toda entumecida, se hallaba tendida  sobre una fría losa a forma de altar de sacrificios en la cúspide de una muy alta pirámide, rodeada de una veintena de jóvenes ataviadas con túnicas de un blanco inmaculado. Todas eran rubias. Los destellos de las joyas que las adornaban nublaban los ojos de Chelo. 

Trató de incorporarse. Estaba sujeta a la base por los tobillos y las muñecas.
Sonaron cánticos. Un sacerdote comenzó a rociar su cuerpo desnudo con un líquido aromático, y fue entonces, cuando vio descender un objeto con forma  de cometa con larga cola, muy brillante.

El terror la paralizaba. Aquella estela se posó sobre ella y todo su ser vibró. No salio despedida a toda velocidad porque sus firmes ataduras se lo impidieron. Perdió nuevamente el sentido, pero seguía oyendo el murmullo de las doncellas que contaban cantando el sentido de la ceremonia que se estaba celebrando. Todas ellas tenían la profesión de abogadas; todas cumplían ese día treinta años, todas eran rubias y nunca se habían enamorado. 

Sintió sobre su piel el fino tacto de la muselina del atuendo con que la vestían, idéntico al que todas ellas llevaban. También las joyas complementaban su look. Así vestida, como si su hada madrina la hubiese tocado con su barita mágica igual que a Cenicienta, apareció en una flamante limusina en la puerta del local donde estaba citada.

Fue sensacional, espectacular su entrada en el salón. (CONTINUARÁ)




   







 


MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...