domingo, 10 de agosto de 2014

DESPERTAR

 Hoy es un nuevo día: se decía echando los pies al suelo, saliendo de la cama con energías renovadas. Tenía el firme propósito de comenzar hoy una nueva etapa de su vida. Dejar atrás llantos y rencores; penas. ¿Cuando algo no se puede cambiar, no es mejor aceptarlo y seguir adelante? De hasta lo más nefasto se puede sacar algo positivo. ¡Vamos! Que no se acaba el mundo con el primer amor: estas reflexiones se hacia Marisa después de pasar tres días llorando sin ganas de asistir a clase. 

Había sufrido su primer  desengaño amoroso. Julio, su novio la engañaba. Tonteaba con otra chica y le demostraba que no sentía el amor tal como le decía. Ella, sí que le quería. Mirar sus ojos negros era subir en una nube y perder la noción del tiempo...quedar a merced de sus besos. Se metió en la ducha y tarareó la canción de última hora.

En el instituto, su mejor amiga la puso al corriente del  cotilleo que se había generado a raíz de su fracaso amoroso. Ella, disimulando su orgullo herido, dijo displicente que le daba igual, que no pasaba nada--, ¿No florecen los rosales cada primavera? 

A la salida se encontró frente a frente con el ingrato de su novio, éste se le acercó con intención de besadla; ella temió no ser lo suficientemente fuerte para rechazarlo; pero su amor propio se impuso y dándole esquinazo se alejó dejándolo en ademán amoroso a la vista de todos. 

Fue toda una hazaña..., ¡Lo había conseguido! Fue algo que nuca conseguía hacer: rechazar a Julio cuando quería besadla. Se sintió liberada, fue este el  primer paso para la formación de una férrea voluntad. Pronto aprendería que el verdadero amor nada tiene que ver con la atracción que te causan unos ojos negros... o del color que sean.   








sábado, 9 de agosto de 2014

LA CASA DE MUÑECAS

 En lo entramado del bosque, en lo más recóndito, había una casita a la que era difícil llegar, pues no había caminos ni senderos marcados, sólo el propietario podía hacerlo. Tenía la casa una plataforma de aterrizaje donde un helicóptero solía posarse todas las semanas. Bajaba el piloto para dejar algo en el interior de la casa y a continuación se marchaba sin detenerse más de lo necesario.

Alguien amante del senderismo y las soledades vigilaba intrigado el devenir de los visitantes de "la casa de muñecas". La había descubierto por azar un día que se hallaba perdido.  Todo sucedió del modo más inesperado. Tenía la sospecha de tener que dormir esa noche a la intemperie cuando apareció ésta ante sus ojos y le dejó fascinado. Estaba situada en medio de una isla bordeada por un riachuelo que después de envolverla toda seguía su curso perdiéndose en el bosque. La vegetación que bordeaba el curso del hilito de agua se hallaba en una floración de eterna primavera donde las mariposas viajeras tenían su lugar de reposo.

 Tenía la casa un diseño en forma de seta, toda blanca, y sus ventanas eran como puntos rojos al igual que sus dos chimeneas. Trató de abrir la puerta y ésta cedió libremente, dejando ver su interior sorprendente: todo era minúsculo. La mesa de tamaño reducido rebosaba de bombones. Y, lo más extraño, por todos los rincones, las camitas, hasta en la chimenea había lindas muñecas... rotas.

Decidió averiguar el misterio que le tenía intrigado y desde la distancia adecuada, oculto para no ser visto, fotografió al misterioso piloto que entraba dejaba el recado y se marchaba.
Resultó ser un personaje conocido por su trayectoria  y por su gran fortuna. Siguió con sus pesquisas pudiendo comprobar que, visitaba con frecuencia ciertos paraísos y traía de recuerdo... "Muñecas rotas"   





  





EL PARAÍSO



 La joven Andrisa había nacido coqueta. Miraba con ojos cálidos y al andar se contoneaba.

Su abuela le decía: 


-Ten cuidado, Andrisa, que no sólo la boca habla. Los andares dicen lo que piensas... lo que sientes.
--¡Abuela! ¡Por favor no me reprimas!--, No me controles, déjame ser yo misma.

--No, Andrisa--, ¡Nunca serás obra acabada! Siempre estamos inmersos en la construcción de nosotros mismos y también en la reconstrucción. No te venzas a las banalidades. Hay cosas que cuidar, sobre todo pensar que, tu felicidad futura, cuando llegues a la ancianidad, será mirar atrás y no tener nada que reprocharte.


Así un día y otro día, la abuela trataba de hacerla comprender  la verdadera esencia de la vida; pero la
 joven llevaba dentro algo difícil de controlar: 
 Inexperiencia, juventud, la llamada del instinto que se manifestaba cuando reía, cuando andaba. Todos leían como en un libro abierto lo que sentía, lo que pensaba, o por lo menos eso creían pues, era incapaz de nada indigno. Muchas veces las apariencias engañan. ¡Qué importante cuidar las apariencias, niña!

domingo, 3 de agosto de 2014

EL ALMACÉN DE ANTIGUEDADES




 Se movía con pasos desiguales como si estuviese ebrio y le costase mantener el equilibrio. A aquellas horas de la noche los murmullos del río resultaban lúgubres.
 Por el camino, serpenteante, una 
 sombra lanzaba maullidos de gato, atropellados, angustiosos; era la llamada desesperada de quien busca a un ser querido.  

En la oscuridad, en las márgenes del río, algo se movía. Por fin, los maullidos de llamada encontraron respuesta y la gata Isa saltó a los brazos amorosos que se abrieron para acogerla en abrazo filial.


 En el almacén del anticuario se amontonaban toda clase de muebles y objetos sin orden ni concierto. El polvo también campaba a sus aíres, a su libre albedrío. Parecía como si nada de lo que allí había mereciese la pena.

 Alejado de la urbe, el camino para llegar hasta él era angosto, casi intransitable.

 Cojo y jorobado, se llamaba Hermógenes el propietario del almacén, que no sé a quien se le ocurría ponerle ese nombre: a su madre no fue, pues le abandonó. Según cuentan le encontraron en un cubo de basura el primer día de su vida. 


Tenía Hermógenes por compañía a una gata, gorda y panzuda. Se le quemaron los bigotes y un ojo le quedó completamente blanco. También las orejas sufrieron mutilaciones con el accidente. Total, que parecía el animal, de la Prehistoria. 

Comían y dormían juntos. Iba tras Hermógenes como si se tratase de un perrillo faldero.

No lejos del almacén había una "venta", lugar de parada de los empleados de una cantera cercana. La hija de los venteros, una joven casadera, estaba encaprichada de la cama donde dormía Hermógenes con su gata Isa. En verdad que la pieza era bastante peculiar: una antigüedad de mucho valor en la que Hermógenes se sentía como un rey cuando se acostaba con Isa.


No dejaban de hacerle ofertas cada vez más tentadoras; pero él, estaba lejos de querer desprenderse de lo único a lo que le había tomado apego, que le hacía feliz en esta vida: su cama e Isa.

En la "venta" se hacían comentarios sobre la procedencia de la cama. Unos decían que de un rey famoso. Otros que si de otro personaje ilustre... Total, que los comentarios transcendieron, y un buen día apareció por el almacén un experto con la intención de inspeccionar  la cama. 

Con las artes que poseen los que están bien preparados para desempeñar su trabajo, consiguió que Hermógenes le dejase ver la cama.


Después de hacerle un examen exhaustivo le preguntó que cómo había llegado la cama hasta él... Era el lecho donde la Reina Isabel la Católica había consumado su matrimonio con Fernando el Católico..., un bien nacional, y se la iban a requisar.


Sufrió el pobre tal impacto que, sin dudarlo, tomó una decisión drástica. Desarmó su cama pieza a pieza y las fue bajando al río.

Construyó una balsa y se dejó ir río abajo con su gata Isa en los brazos. Nunca más se supo nada de ellos.  
  



    

sábado, 2 de agosto de 2014

LA SINFONÍA DEL MAR

 Solazada y fresquita, dormitaba tumbada sobre la arena caliente, blanda, arrullada con la canción eterna de las olas.

 Obsesionada en componer la sinfonía que superase a todas las compuestas desde la invención del pentagrama, oía los acordes maravillosos del mar,unas veces susurrantes, otras con la fuerza de la pasión desatada.

 ¡Si ella lograse plasmar las notas de la melodía del mar!
¡Nadie habría escuchado jamás algo tan bello!

Se veía en los conciertos; saludando entre aplausos que seguían y seguían minutos y minutos...

¡Bravo... Bravo!  Y, ella...Doblando levemente el torso e inclinando la cabeza exhalaría una sonrisa leve... premeditada, y un ¡Gracias! gracioso, saldría de sus labios entre abiertos: 
¡Yo, he sido yo! La he compuesto yo...

Nadie sabría que fueron las olas, las tormentas, las mareas... y, sobre todo el mar en calma que, por calmado que esté, siempre hay pequeñas olas que siguen y siguen ejecutando su eterna melodía.                                   
                                         

viernes, 1 de agosto de 2014

LUNA LUNA





Sale siempre de noche. Es blanco el velo de la bella de sonrisa eterna.



A todos mira con los mismos ojos, dulces, amorosos, como esperando caricias de amor apasionado.



Ciegos, enloquecidos poetas, extasiados con su poder de seducción le dedican poemas.


A todos seduce; pero a nadie se entrega, y se mantiene distante como la más ladina de las seductoras. 

Dama 
de la noche, de eterna sonrisa y velo blanco. Su reflejo sobre el mar arranca suspiros a las olas.

Impulsa las mareas.

Peina su melena de rayos sobre el mar en calma. 

¡Ay! Luna, luna. ¡Quién cómo tú!
¡Quién pudiera peinar sus cabellos y arrancar destellos al mar en calma!

¡Sentir los ojos enamorados sin que los años trastoquen tu sonrisa blanca!

Los poetas te hacen poemas, y los cantores te los cantan,
Luna de blanco velo, luna de sonrisa blanca.









jueves, 31 de julio de 2014

LA PUESTA DE SOL

 Rayaba el alba. En casa de Justina todos dormían, menos Rodrigo, su marido. Éste, madrugaba: trabajador autónomo, vivía para sacar adelante su pequeño negocio y su familia.
  
También Justina esta mañana había madrugado. Atendía su aseo personal con especial cuidado. Su pelo en melena de rizos naturales, siempre recogido, hoy lo llevaba suelto. También su atuendo se distinguía con diferencia de lo habitual. Su vestido distaba mucho de ser discreto, tanto como su ropa interior, sexi y sugerente.

Deambulaba como una sombra evitando hacer ruido, cuando:
 -¿Ya estás arreglada?
Era Cándida, la madre de Rodrigo, que vivía con su hijo y la familia de éste. La suegra de Justina todo lo quería llevar bajo control; Justina, precavida, se había puesto un abrigo negro que para nada hacía sospechar el verdadero look de la nuera, que según había dicho, se iba al médico y no tenía hora para volver; pero la verdad era otra bien diferente: se tomaba el día libre.

Apuntaba el sol por el horizonte. Todo hacía presagiar un espléndido día de primavera. Subió Justina a su coche. Con una alegría que rezumaba por todos los poros de su piel, aparcó un poco más adelante, se quitó el abrigo y atusando su melena perfiló sus labios de morado y se dedicó a sí misma una sonrisa pícara desde el espejo retrovisor.

En un despacho que ella bien conocía sonó el teléfono; alguien que esperaba su llamada ansioso lo cogió:
 -¡Hola, ya estoy dispuesta para la marcha! ¿Paso o vienes?
Una voz susurrante le respondió: 
-Espérame donde siempre.

Le vio venir. El, la miró, y una sonrisa espléndida iluminó su rostro. A ella le pareció el hombre más guapo e interesante. A él le pareció ella, la mujer más sexi y bella del mundo.
-¡Hola preciosa! Le dijo dándole un beso. ¿Sabes que te quiero?
-Si. Lo sé. ¿Nos vamos?
-¡Pues claro que nos vamos! Conduzco yo.
-¿A donde me llevas?
-Te llevo a un lugar que conoces para que me enseñes lo que llevas puesto debajo del vestido. Emprendieron viaje entre risas de complicidad y adulaciones cariñosas.

Llegados a un pueblo de la costa se alojaron en un hotel con vistas al mar. Allí, la sencilla ama de casa, madre de familia puritana, destapó sus encantos con arrebatada pasión. Al atardecer, después de ver abrazados la puesta de sol, emprendieron el viaje de regreso.

Llegados a casa, Cándida les tenía la cena preparada. Volvían a ser el matrimonio comedido, serio, con intimidad vigilada. Hubo entre ambos durante la cena miradas furtivas llenas de complicidad. ¿A caso recordarían la puesta de sol?



MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...