La intrépida Adelina se vio abocada a una situación comprometida por querer cumplir todos sus sueños antes de partir al lugar de donde dicen que... nunca..., nunca se vuelve.
-¡Tengo que subir en ala delta! Necesito vivir esa experiencia.
A ninguna persona de su edad se le ocurriría algo así. Malo es tener posibilidades, y no sentido común.
Ella, lo dijo, y lo hizo.
Subida en el aparato, salía a dar una simple vuelta. También quería hacerlo sola, la emoción se multiplicaba.
Con los consejos de los expertos creía que era suficiente. Pronto supo que... no dominaba la situación.
Aquel aparato, que en teoría debiera planear suavemente hasta posarse donde todos le esperaban... subía... y subía hasta una altura insospechada. Una corriente de aire templado la atrapaba.
No tardó en encontrar compañeros. Una colonia de albatros viajeros, que aprovechaban el medio para desplazarse, la miraban con curiosidad.
Como en un cruce de caminos, vio a los albatros cambiar el rumbo. Ella siguió sola hasta que, por causas naturales del cambio de los vientos, aterrizó en un lugar de vegetación espectacular.
Por algo la llamaban "La intrépida Adelina" Como si se hallara en los alrededores de su pueblo, se sentó a descansar. Admiradora de la frase "ya lo pensaré mañana", después de dormir una siesta, anduvo por los las inmediaciones.
Al salir a un claro, sorprendida, observó que el lugar no le era extraño. Traía a su memoria recuerdos de otros tiempos y otras vivencias.
-¡ Adelina! ¿Eres tú?
Casi cae al suelo de la sorpresa.
Se hallaba casi al borde de..., sí... ¡un cenote! ¿En Mejico?, o quizás en Guatemala.
-¡Ramiro! ¿Qué haces tú aquí?
-Aunque jubilado, hago mis expediciones para espeleólogos .
-Y a ti ¿qué vientos te han traído?
-Pues mira, los mismos que traen y llevan a los Albatros a tu país.
-¿Recuerdas que soñábamos con visitar el glaciar Perito Moreno juntos?
-Si, lo recuerdo. Todavía podemos hacerlo.
Ya no se separaron nunca más. Viajaron juntos, les perdieron la pista en el "PERITO MORENO.
"Las nieves del glaciar morían en el remanso. Formaban esculturas surrealistas. Bellas en extremo, parecían querer transportarnos a un mundo de fría ensoñación.
Esto, y muchas cosas más, escribía Adelina en su diario. Lo encontraron unos arqueólogos que hacían sus pesquisas buscando vestigios de antiguas civilizaciones.
"Las nieves del glaciar morían en el remanso. Formaban esculturas surrealistas. Bellas en extremo, parecían querer transportarnos a un mundo de fría ensoñación.
Esto, y muchas cosas más, escribía Adelina en su diario. Lo encontraron unos arqueólogos que hacían sus pesquisas buscando vestigios de antiguas civilizaciones.
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