lunes, 6 de enero de 2014

LA CASA DE LA BRUJA

Las veletas de sus torres sobresalían por encima del bosque de eucaliptos que la circundaban. No era extraño verla rodeada de una niebla misteriosa, tan misteriosa como la señora que la habitaba . De aspecto ausente, nadie la había visto jamás sonreír.
Los niños temían el momento de pasar por allí a la vuelta del colegio; dos enormes perros guardaban la puerta de la verja que rodeaba el recinto.
- Parece una bruja -decían.
En Semana Santa, vestida de negro, con mantilla y peineta, caminaba detrás del Cristo Crucificado que  ella había regalado al pueblo.
Se decía que era muy rica. Anécdotas de los lugareños decían que comía en restaurantes y compraba en tiendas en las que, al pagar, se enteraba de que eran suyas.
Un algo misterioso la envolvía. Nadie sabía el porqué.
Unos decían que un desengaño amoroso la había dejado insensible, otros, que su carácter era agrio y solitario. No tenía buenas vibraciones para la vida social.
Sucedió que, un día, una tormenta fuera de lo común hizo desbordar el río, el desastre fue tremendo, hasta el colegio se derrumbó. 
Quedaron sin casa y murieron muchas personas. Lamentos, llantos, todo un clamor de sufrimientos tenían al pueblo entero de luto.
La "Señora de la Triste Figura" recogió sus perros, abrió la puerta de su verja, y en un acto de humanidad, acogió en su mansión a todos los sin techo. Sus bondades salieron a la luz pública. A nadie le faltó de nada y el colegio fue rápidamente reconstruido.
Todos la adoraban y llenaban de atenciones. Ella seguía sin sonreír.  

¡UNA PARÁLISIS FACIAL SE LO IMPEDÍA!...     

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