miércoles, 15 de enero de 2014

EL DUENDE DEL CUENTO

A la abuela Quesera le llamaron así sus padres, no porque le gustara mucho el queso, sino porque a ellos les pareció un nombre bonito.
Como todas las abuelas, disfrutaba con sus nietos. Cuando pedían que les contara un cuento, al no tener una imaginación muy fluida, contaba  siempre la misma historia. El duende de los cuentos se le presentó y le dijo:  
-Piensa en algo que te guste, este será el ovillo, tú tira del hilo. 
La abuela lo hizo así y contestó: 
-Vas a ver que he aprendido un cuento:

En tiempos remotos, cuando aun vivían en cuevas, una pareja hombre y mujer, tenían una niña.
-Ven, ven mi  niña bonita, ven que te acune un poquito -le decía su madre. Las madres siempre han querido a sus hijos, pues, si no, nosotros no estaríamos aquí.
Laíla, que así se llamaba la niña, tenía una mascota, la cabrita "Cara" con
su cabritillo "Quico"; le seguían a todas partes.
Una noche, cuando dormían, había ruidos en el exterior. 

-No tengas miedo, acércate a mí y duerme -le decía su madre con voz susurrante. Una hoguera enorme protegía la entrada de la cueva. 
Esa noche el lobo se llevó a Quico. Sin saber cómo, sus vísceras quedaron colgando de un árbol.

-No llores mi niña, juega con mamá cabrita, ella te sigue a todas partes, te voy a enseñar a ordeñarla. 
Su madre la baña en el río, le peina el cabello con peine de hueso.
-¿A qué juega la niña? -decía su padre.
-Está jugando a ordeñar la cabra.
Jugando, jugando, puso un trozo de vísceras del cabrito en la leche. Con el estómago de cabrito lechal, se hicieron los primeros quesos.  
     
     Un día,  saltaba, corría, entraba y salía.
-¡Niña! ¿qué comes?, dime ¿qué es eso?
-Toma mamá, come, ¡acabo de inventar el queso!
Y aquí acaba el cuento de la niña troglodita, que  inventó el queso jugando con su cabrita.
-¿Te ha gustado?-
-Sí, mucho.
-Mañana te contaré otro.



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