viernes, 4 de abril de 2014

NAVEGANDO

 Navegaba por mares que sólo existían en su imaginación. Lucía bellas vestiduras que siempre se hacían visibles para ella cuando cerraba los ojos. La virtud de sonreír, le fue regalada cuando sintió sobre su  carita  el primer beso. Serás dotada de poderes excepcionales que ningún mortal a disfrutado antes -decían en los lugares donde se reparten los dones. ¡Todo el que te mire, te amará y será feliz! Hablarás con las flores y éstas te responderán. 

Un día la sorprendió su madre hablando con una petunia. No era la primera vez. Fueron de compras a un invernadero. Parecía hablar consigo misma. Después de observar con atención, su madre vio que las plantas se movían sin  brisas que las meciesen. 
 -¿Qué te decían las flores? Le preguntó. 
Ella le  respondió: 
-Dicen que en el invernadero no son felices porque no ven el sol ni las mariposas.

-¿Y tú, que les has contestado?
- Que no hay barreras que puedan encerrar a la imaginación. Todas las mariposas, todos los soles que existen en todas las galaxias serán suyos. Sólo tienen que cerrar los ojos, imaginarlos y sonreír. 

 Creció y se hizo famosa. Iba por montes y valles hablando con los árboles centenarios. Estos, le contaban historias de amantes que habían grabado en sus troncos sus nombres con dos corazones. 



 Un día, hablaba con las flores depositadas sobre una tumba: 

 -No lloréis, les decía, la crisálida se ha convertido en mariposa. Ha volado hacía un jardín donde las flores nunca se marchitan.
-Eres muy optimista, -le decían las flores- ¿No ves la realidad de la vida? Todo es un clamor de amarguras.
¿Acaso no sabes la noticia? Las abejas están enfermas. Dile al mundo que si las abejas mueren las flores también lo haremos.



-Hay un enorme corazón que se contrae y se expande. Llegan tiempos de cambios y renovaciones que todas emanan de su poder infinito. Vivir los tiempos que se os han dado y apurar hasta el último sorbo del  vaso. Sujetar fuerte lo bello y dejar de lado lo que no os haga felices. 


--Yo diré sólo, lo que dijo "Amado Nervo":
Dios te libre, poeta,
de verter en el cáliz de tu hermano
la más pequeña gota de amargura,
de interceptar siquiera con tu mano,
la luz que el sol regala a una criatura...













martes, 18 de marzo de 2014

EL SECRETO

 La hormiga Titina se debatía en un mar de pena y desesperanza.
--¡Señor! --rezaba-- ¿dónde está esa fuente que ofreces que tanto calma la sed?
La pobre no encontraba su lugar por más que lo buscaba. Su hormiguero había sido asaltado por una colonia de malas hormigas que no daban golpe, su supervivencia la basaban en reclutar esclavas que trabajaran para ellas.
  
 Vagaba llorosa  por el valle. Todas las ninfas del hormiguero habían sido secuestradas y todas su hermanas, dispersadas. ¡Ella, tan limpia!, ¿dónde efectuaría su aseo? 

 Cuando regresaba a casa cargada con alimentos que en peso  superaban en mucho al suyo propio, sus hermanas la atendían, la lavaban, y la ponían en su habitación de reposo. Nadie la molestaba hasta que su recuperación era total. Ahora, sin hogar, sin familia...

 Extenuada hizo un alto. Tomó descanso debajo de una campanilla que tenía la manía de cerrarse cuando el sol subía a lo alto. Una mariquita que andaba cerca le dijo:  
--Ten cuidado con esa, si te coge dentro cuando se cierre, ya no sales. 

  La campanilla, al oírla, se contrajo enfadada. --No le hagas caso, es una envidiosa y una mala vecina; entra, tengo una gotita de rocío azucarado que te dará energías para seguir tu camino.
--Ya no tengo casa, --le dijo la hormiga-- ni hermanas, ni madre, soy una indigente que deambula solitaria.
--¿Cuéntame, qué hacías,  --le preguntó la campanilla-- en qué trabajabas?
--Trabajaba en mi comunidad. Mi madre nos enseñó a ser limpias y cuidarnos unas a otras. Ella, solita, creó el hormiguero. Los primeros huevos que puso los lavó y los alimentó lamiéndolos continuamente. Cuando fueron larvas, también las ponía en su lugar para que pudieran completar su metamorfosis. Después, cuando fuimos muchas, lo hacíamos nosotras, ella sólo ponía huevos.  Es muy trabajoso crear un hormiguero. Ahora, todo está perdido. 

 La campanilla, enternecida, lloraba lágrimas de miel. 
--¡Quédate conmigo!. Cuando el sol caliente demasiado, tendrás un lugar fresco y bonito para resguardarte, decorado, maravilloso, que alegrará tu corazón y te hará ver las cosas de otro color.  

 Titina aceptó el cariño que la campanilla le ofrecía. Subió y se instaló en su interior. Tomó del rocío azucarado y descansó. No pudo precisar con exactitud el tiempo que pasó durmiendo. 
 --¡Gracias Señor! --Decía en sus sueños-- Tu fuente de amor y de esperanza ya ha calmado mi sed. 

 La despertaron unas voces que le parecieron familiares. Salió al exterior. Su sorpresa al ver a sus hermanas fue tal, que se le cayeron las antenas al suelo. 
  
--¡Por fin te encontramos!  Te buscábamos por todas partes --le decían.
Todo eran caricias y besos.
--Ven con nosotras. A aquellas holgazanas que nos secuestraron las hemos cebado tanto, que ni moverse pueden. Nuestra madre también está allí. Somos las dueñas, ¡el hormiguero es nuestro!

LÁGRIMAS AMARGAS


Un Pepino acongojado lloraba lágrimas amargas. Se había difundido por lo ancho y largo del planeta que era pobre en vitaminas. Se sentía discriminado. Sólo le aceptaba como amigo un rabanito que tenía la misma fama que él.

 Su sensibilidad la tenía a flor de piel. Se había enamorado de una zanahoria. Ésta, con su melena verde como hoja de perejil, ni le miraba. Con su fuerte color anaranjado, a todos anunciaba que: "Era rica en carotenos" (Procuraba relacionarse con otros de su categoría).

 Andaba siempre depresivo, nuestro amigo Pepino. Rabanito, para consolarlo, le propuso viajar al extranjero, había oído decir que: "Eran más valorados allí"


 Marcharon en un barco. Por puntos, escaparon de ser comidos. Viendo que el panorama se presentaba oscuro, decidieron lanzarse por la borda. 


 Rabanito seguía a Pepino, que tenía más noción de las coordenadas que él. Se dejó sentir la mano del destino, una ballena que filtraba krill, por accidente, se los tragó.
   
 Encontraron en recorrido por túneles y entresijos dentro de la ballena, a algunos conocidos que habían corrido la misma suerte; entre ellos, la zanahoria, que, asustada, se escondía en un rincón.  Se le acercó Pepino y le dijo: 
—¿Tú aquí, qué te ha pasado?

—Me cogieron para la exportación, el barco donde viajaba zozobró.  Aquí estoy, esperando ser digerida, igual que vosotros.
—¡Saldrás de aquí, yo te sacaré! —Le dijo Pepino.
—¿Con lo mal que me porté contigo, quieres salvarme?
—No importa, una zanahoria tan rica no puede acabar así. 

Y, la zanahoria lloró, y lloró tantas lágrimas amargas, que sirvió de vomitivo y salieron todos al exterior quedando a merced de las olas. Una corriente marina los arrastró hasta una isla desierta. Quedaron exhaustos tendidos en una playa de arenas blancas. Una ventisca les arrastró tierra adentro. 
     
El lugar era de ensueño. Pensaron que sería fantástico poblar aquellas tierras con pepinos, rabanitos y zanahorias. Seguro que algún Robinson  les haría los honores y restauraría la maltrecha reputación de pepinos y rabanitos, ellos también poseían elementos dignos de tener en cuenta.

martes, 11 de marzo de 2014

LEVANTAR EL VUELO

La golondrina volaba bajo, no porque este nivel fuese su preferido,
la llovizna hacía volar el plancton aéreo a ras del suelo. Una serpiente enroscada veía sus acrobacias y se relamía pensando: -¡Qué fantástico sería darte alcance!

En una de las curvaturas angulosas que trazaba en su vuelo la golondrina, el brillo de sus ojos color lapislázuli subyugó a la serpiente, abriendo brechas insospechadas de deseos incontenibles.

-¡Reptaré por cordilleras y estepas hasta encontrar el elixir que me convierta en grácil golondrina! -exclamó la serpiente.

Visitó la serpiente ciudades perdidas, aún no descubiertas, de antiguas civilizaciones. Tumbas de chamanes esperando encontrar secretos venidos de ultratumba. Ni tormentas ni huracanes detuvieron su anhelo de convertirse en golondrina.

¿Lo conseguiría?

-¡Ven conmigo, es primavera! Sé de un lugar donde la primavera se hace eterna. Nuestra vida será un juego infinito de acrobacias sin fin y de amor eterno -dijo la serpiente.

Pobre golondrina. No supo ver las finas escamas que con la luz radiante del sol brillaban casi imperceptibles. Creyó en sus falsas promesas de amor y fidelidad; bajo su apariencia de bella golondrina se ocultaba una serpiente que, con el tiempo, se convertiría en su más cruel maltratador psicológico que la tendría presa en un callejón sin salida.

 --Ya no son mis ojos color lapislázuli, -se lamentaba la golondrina- ni mis alas fuertes y ágiles para remontar el vuelo. Estoy presa de angustias sin fin. Todos a los que quiero me miran indiferentes, inmersos en sus vuelos acrobáticos en busca del rico alimento que los mantiene vivos.

Se preguntaba: 
-¿Caduca con los años la fidelidad?     






  

lunes, 10 de marzo de 2014

LA TORTUGA ACOMPLEJADA

 La tortuguita caminaba lenta, con ritmo acompasado. Siempre con su casa a cuestas. Movía su cabeza con torpeza, según le parecía.  Muchos la contemplaban y la ponían como ejemplo cuando querían tachar a alguien de pasivo: "Eres más lento que una tortuga". Estaba cansada de aquel apelativo tan insultante que le había causado tantos problemas psicológicos. 

  Pensó que necesitaba ayuda. Buscó a un licenciado competente y se dispuso a vaciar los sinsabores de su pobre espíritu atormentado. No se pudo tender en el diván por el pudor que sentía al adoptar una postura tan poco elegante. Se mantuvo a ras del suelo con su mirada somnolienta fijada en quien ella esperaba le iba a rescatar.

—¡Cuéntame! —Decía el doctor.
—¡Doctor, vivo acomplejada! Se meten conmigo, dicen que soy lenta y muchas cosas más. A veces voy despacio porque me gusta mirar el paisaje, ver los trigales cuando el viento los mece, admirar la explosión de color cuando el rojo de las amapolas se mezcla con el dorado de la mies. 
—A mí también me gustaría ser ágil y bella. Saber que hay un pastel al final del camino, y que, cuando llegue, comeré mi parte. 

—Te preocupas mucho de lo que los demás piensan de ti, —le dijo el doctor— vas a salir de la consulta, reflexiona, y vuelve mañana.

 Marchó sin estar muy convencida de los procedimientos de personaje tan ilustre. ¿Será que quiere cobrar por partida doble? Su madre, sensata como corresponde a una tortuga de cien años, le dijo:
—Tienes que confiar en el doctor, de lo contrario, mucho me temo que no adelantaremos nada.
—Madre, estoy siguiendo su consejo, me he puesto a reflexionar.

 Al día siguiente, con los mismos prejuicios llegó a la consulta. 
—¿Has reflexionado? --Le dijo el doctor.
—Sí, doctor. Me reservo el resultado, "con su permiso". Como soy tan lenta se alargaría mucho la consulta.

—Bien, bien. Como veo que te preocupa el hecho de tu lentitud, voy a darte los consejos pertinentes:

Primero, si lo que haces, lo haces bien, ya le aventajas a quien lo hace de prisa y mal.

Segundo, con la constancia se palía mucho la lentitud.

Tercero, lo que piensen los demás, no debe importarte, siempre que tú actúes de acuerdo con tus principios, sin olvidar que no basta con ser bueno, que también hay que parecer que lo eres.

Y para finalizar, con respecto a lo del pastel, te aconsejo que no esperes al final del camino. Aprovecha el trayecto para comer todos los pasteles que puedas, que lo que va delante, delante va. 

 Salió orgullosa y crecida en su autoestima.
—¿Qué, cómo ha ido con el doctor? ¿Estás contenta? Le preguntó su madre.
—¡Si, mucho! Se han disipado mis problemas. 
—¿Por los sabios consejos del doctor?
—No, porque me he puesto a reflexionar: He sacado la conclusión que yo ya sabía lo que sabe persona tan ilustre.

martes, 4 de marzo de 2014

LIBROS EN BLANCO

 Don Saturnino, recién iniciado en la materia, observaba a los pipiolos que tenía delante. Profesor de enseñanza primaria no podía por menos que pensar: todos son libros en blanco. Su debut no le tenía preocupado. Es la confianza que da saber que ninguno de ellos sería capaz de catalogar sus actitudes.

 La primera clase fue corta para él, pues su trabajo vocacional le subyugaba. Tenía gran ilusión por escribir páginas en aquellos libros seguro de que serían imborrables.
  
Después de haber asentado la bases comenzó  la práctica de su literatura.
--¡Niños, os voy a contar un cuento! A ver si sois capaces de escribirlo después.

El cuento trataba de cierto patito que no había nacido donde le correspondía. El hecho le había causado grandes lagunas en su interior que al final se solucionaron felizmente.

  Hubo de todo. Garabatos, gallinas que se casaban con conejos, arañas voladoras que comían cangrejos,  en fin, lo normal. Una nota discordante apareció en el teclado. En un libro en blanco apareció cierta frase:   "Hay lagunas que son tan profundas como las fosas oceánicas, nunca serán salvadas con tanta facilidad"

¿SUEÑAS?



  
 Don Saturnino, recién iniciado en la materia, observaba a los pipiolos que tenía delante. Profesor de enseñanza primaria no podía por menos que pensar: todos son libros en blanco. Su debut no le tenía preocupado. Es la confianza que da saber que ninguno de ellos sería capaz de catalogar sus actitudes.

 La primera clase fue corta para él, pues su trabajo vocacional le subyugaba. Tenía gran ilusión por escribir páginas en aquellos libros seguro de que serían imborrables.
  
Después de haber asentado la bases comenzó  la práctica de su literatura.
--¡Niños, os voy a contar un cuento! A ver si sois capaces de escribirlo después.

El cuento trataba de cierto patito que no había nacido donde le correspondía. El hecho le había causado grandes lagunas en su interior que al final se solucionaron felizmente.

  Hubo de todo. Garabatos, gallinas que se casaban con conejos, arañas voladoras que comían cangrejos,  en fin, lo normal. Una nota discordante apareció en el teclado. En un libro en blanco apareció cierta frase:   "Hay lagunas que son tan profundas como las fosas oceánicas, nunca serán salvadas con tanta facilidad"

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...