miércoles, 22 de abril de 2015

EN UN RECÓNDITO PARAJE

Fue en un recóndito paraje donde se encontraron. Ella, paseaba admirando el espléndido marco del paisaje. Él, paseaba a su perro de pura raza, pletórico de salud y belleza. No solía  Marcisa ir por aquellos parajes con frecuencia; aquella mañana una voz interior le decía: ve al Puntal de la Loma. Hay sorpresas para ti. Caminaba meditando sobre cosas del alma. Encontrar la paz interior sólo era cosa de mera proposición, una vez que se domina la técnica de auto control y relajación mental. En estas divagaciones andaba cuando sintió tras de sí una fuerte y agitada respiración que se acercaba a ritmo acelerado. Se dio la vuelta y su corazón se dio un vuelco que le produjo gran ahogo. Un pastor aleman de gran tamaño y altura se le venía encima con fauces abiertas y ojos como brasas incandescentes.
Pronta estaba a dar un grito cuando apareció él. Llevaba chándal rojo con deportivos blancos. Lucía una barba blanca como la nieve, cuidada con pulcritud:
--¡Alto! ¡Ven aquí Dedo! Gritó con contundencia. El animal quedó varado en el acto en posición sedente. Se cerraron sus fauces inquietantes. Los dos caminantes quedaron atónitos por la sorpresa. Tan grande que era el mundo, precisamente en aquel paraje solitario, el destino los había vuelto a reunir. Con muchos años más,eso sí. 
--¿Has regresado?--Casi gritó Marcisa con entusiasmo. 
--¡Sí, he salido del lago del deseo para encontrarme contigo!

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