viernes, 9 de febrero de 2018

UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera, sin previo aviso,
llegará la alegría a tu corazón.
Si perdonas y olvidas las ofensas,
los agravios, y amas sin condiciones,
la paz será tu aliada
y el rencor dejará de azuzaste.
Las noches serán serenas
y serán las fuentes cantarinas.
 Verás más azul el cielo
 los ruiseñores te mecerán con sus trinos.
 Alguien aparecerá en tus sueños
y el recordarlo te hará sonreír.
Sentirás que formas parte del infinito
y cantarás poemas de amor.


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 Sigue la senda de lo bello.
Sueña las bondades del Creador.
Si pones empeño en ello,
tu ser prodigará esplendor.
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 Frescas están tus mejillas.
De miel parecen tus  ojos.
Cuando te miro y me miras,
mi amor te adora de hinojos.

En las noches en mis sueños
apareces deslumbrante.
Es tan limpia tu mirada,
¡imposible el olvidarte!

La paz que tu aura desprende
se hace de mí, la ¡bendigo!
Espero que llegue la noche
para encontrarme contigo.

Me duermo pensando en ti.
Pongo en verte mis empeños.
Porque me ayuda a vivir,
pensar que te veré en mis sueños.




domingo, 28 de enero de 2018

UN PLANETA LLENO DE MANOS

Habían pasado dos años desde que llovió la última vez. La primavera era inminente, pero la hierba en el campo se resistía a brotar. 
Dónde años atrás, todo era una explosión de amapolas y margaritas, este año apenas asomaban uno hierbajos enfermizos. El sol al aparecer en la cima de los montes, asustaba con sus rayos incandescentes. Todos los seres vivos del lugar corrían a refugiarse de su inclemencia. 
 No cabía ninguna duda de que iba a ser una primavera seca y un verano abrasador; por ello: estaba prohibido agotar las escasas reservas de agua del —Alubión—, nombre del gran aljibe que estaba emplazado al final del ramblizo que bajaba desde lo alto del monte. 
Los dueños del caserón racionaban su contenido.  El se utilizaba el agua para beber. No se podía lavar la ropa. Para este menester se enganchaba a la —"Rubia"— yegua joven y robusta, en el carro.  Se hacía todo un día de salida hasta llegar al río. 
 Se hallaba a seis kilómetros de distancia.
 Ese día era de gran algarabía para unos y de gran tristeza para otros: alegría para los que iban salir en la comitiva del día de colada; tristeza para los que se quedaban en la rutina del día a día en le viejo caserón. 

No era frecuente salir de la casa solariega.  En el carro, ocupado en sus alforjas con ropa de cama y demás atavíos, viajaban las jóvenes empleadas que reían con sus chistes y su alegría de vivir. En la casona, el ambiente era de gran recogimiento religioso, no había espacio para el esparcimiento y la distensión. Julina, la señora de la casa, estaba recluida en la inmensa soledad de la sierra intentando sanar de su enfermedad pulmonar, azote de la época. Rogativas y cantos se oían por doquier, y la servidumbre rezaba en alta voz realizando las tareas del hogar. El día de colada era recibido como un bálsamo para sus jóvenes espíritus inquietos... Cuando iban en busca del caudal de aguas cristalinas, sus canciones iban dirigidas a la vida y al amor. 

Las ruedas del carro chirriaban el chocar con las piedras del camino. Transcurrida media hora, bajando por el puerto de montaña, se veían a lo lejos los tejados de la aldea que se hallaba justo al borde de la vega del río. Ya en la huerta, todo era exuberancia y verdor. Los brazales y las landronas se hallaban jalonados de todo un enjambre de árboles frutales, de chopos y moreras. Los bancales quedaban como a parcelados por ellos con sus cultivos variopintos alineados con esmero y sus trigales salpicados de amapolas. Era el milagro del río. Un inmenso jardín que alimentaba el espíritu seco, hambriento de la brisa que se desprende del vergel que produce a su paso el agua. 

 Mariana, la más joven y callada, estaba muy influida por el ambiente religioso que se vivía en el caserón. Mientras todas charlaban y reían por cosas banales meditaba. Restregaba y frotaba las sábanas de hilo primorosamente bordadas y miraba sus delicadas manos juveniles. —¡Qué maravilla hizo Dios! ¿Qué haría yo sin mis manos? Seguro que nada sería como es si no tuviéramos manos. Con ellas lo hacemos todo... Se abren, se cierran... ¡Qué maravilla hizo Dios al crear al hombre! 
No importa que esté destinado a desaparecer dejando su cuerpo abatido como un despojo. Antes de partir cumple misiones que van quedando al servicio de los que se quedan. Si de la noche a la mañana apareciese un humano creando un ser idéntico al hombre... No puedo imaginar lo que pasaría... Y, aquí tenemos, tanta maravilla... Y algunos ponen en duda la existencia de su Creador.    







martes, 9 de enero de 2018

LA GALLINA PULARDA

LA GALLINA PULARDA

Pitia era una gallina “pularda”. Ella no era una gallina cualquiera. Era tratada con esmero, le daban ricos alimentos para que estuviese feliz porque así su carne sabía mejor. Estaba destinada a servir de alimento.

El plumaje de Pitia desprendía destellos que se veían a larga distancia. Era tal su belleza que todos los gallos de los corrales vecinos estaban enamorados de ella.
Una mañana de sol radiante, paseaba Pitia junto a su amiga Repeta, otra gallina “pularda” que compartía con ella gallinero.

El gallo del corral vecino, “Ripicón”, que estaba empeñado en fertilizar los huevos de Pitia, saltó la valla que separaba los corrales y se le acercó zalamero:
—«¡Hola, Pitia!» —le dijo casi rozando su cresta con el pico.
A Pitia, se le puso la cresta tan roja que Ripicón quedó cegado durante largo rato, momento que aprovechó Pitia para desaparecer junto a su amiga Repeta.
—¡«Corre, corre»! —le decía muy alterada a su compañera.
—¿Tienes miedo de Ripicón? —le preguntó Repeta a Pitia con ánimo de tranquilizarla—. Solo quiere ser tu amigo.
—¡Mi amigo! —dijo Pitia impaciente—. Yo sé que quiere algo más. Quiere fertilizar mis huevos, y me causa gran vergüenza que se entere que las pulardas no ponemos huevos. Estamos des-programadas para ser reproductoras de la especie. Quieren que nuestra carne esté tan rica, que se nos coma enteras sin dejar ni los huesos.
Ripicón que las estaba oyendo se le acercó y le dijo:
Resultado de imagen de fotos de gallinas con pollitos—No me importa si no pones huevos. Hazte la despistada y huye conmigo a mi corral. Te puedo asegurar que junto a mí serás tan feliz, que pondrás un huevo todos los días. Si ahora no los pones es debido a la clase de comida que te dan y a los cuidados que te prodigan. Algunas veces aquellos que nos tratan tan bien nos manipulan en su propio beneficio.

Pitia se fue con Ripicón a su corral y al poco tiempo puso huevos que Ripicón fertilizó y tuvieron sus buenas nidadas de pollitos chiquitos.

jueves, 4 de enero de 2018

CANCIÓN PARA MI BEBÉ

Ven cariñito, ven y mira,
como mamá hace palmas,
y te canta una canción,
para ver si tú la cantas.

Aladá, da, da.
Aladé, dé, dé.
El gatito Bigotitos,
nunca para de correr.

Salta, que salta y salta.
Corre, que corre y corre.
Cuando ve a un ratoncito
con su colita que arrastra.

Aladá, da, da.
Aladé, dé, dé.
Ven ratoncito bonito,
y contigo jugaré.

Y como soy pequeñito
muy buenecito seré.
Y aunque yo soy un gatito,
un quesito te daré.

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sábado, 30 de diciembre de 2017

ODA AL VIENTO

¡Oh, viento!
Quisiera saber
si sientes rozando mi piel
lo que siento
cuando pasas llenando mi ser.

Si me besas.
Si se enerva tu ansia viril.
Si te anima mi ansia a vivir
cuando pasas a través de mi aliento,
lleno de promesas.

Promesas de vida
de tu amor oxigenado
que me llena de alegre placer
por haber nacido mujer...
Placer por estar viva.
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viernes, 22 de diciembre de 2017

NOCHE ESTRELLADA

Asomado al iris de tus ojos
veo un paisaje de tierna inocencia.
¿Veo lo que siento, o siento lo que quiero ver?
Si los sentimientos tienen poder de expansión,
los nuestros transcienden e invaden el espacio infinito.
El cosmos se llena de alegría y ángeles cantan himno de gloria.
Paz de noche estrellada nos cubre.
Después de la entrega, dos almas aladas,
sienten ensoñación de anhelos cumplidos, abrazos que queman.
Ya todo ha sido, y el Universo, de nuestro amor se ha nutrido.


viernes, 1 de diciembre de 2017

ROMANOS Y CARTAGINESES

Lena no era una mojigata, pero no lo podía evitar: se sentía como una vil mujerzuela si vestía minifalda. Cuando lo hacía,  todos los ojos la seguían cuando caminaba por la oficina de acá para allá con los papeleos del negocio. Haría falta un bombero para apagar los fuegos —involuntarios— que iban encendiendo sus piernas torneadas y todas las formas rotundas de su conformación femenina. Su rostro se endurecía al sentirse tan observada. Su gesto adusto no era suficiente para restar encanto a su fisonomía. ¡Qué fastidio! Decía para sí. Pasaba ante todos con aire de suficiencia sin mirar nada que no fuesen sus documentos, absorta en sus contenidos, dándoles enérgico manoseo.
 
  Pertenecía a un grupo de teatro Amateur. Siempre hacían la misma representación conmemorativa en las Fiestas Patronales de su ciudad. Era ésta, tierra de muchas culturas. Allá donde intentaban edificar, aparecían restos arqueológicos de los distintos pueblos que se habían asentado allí: Griegos, romanos, cartagineses... Hacían simulacros de batallas y casi todos los habitantes estaban involucrados pasando todo el año preparándose para el evento. 
 
  Con gran "pompa y boato", montaban un Senado romano y debatían los asuntos de la Comunidad con gran carga satírica, emulando los procedimientos que seguían aquéllos en sus tiempos de gloria.
      Durante días, se llenaban las hermosas calles de la ciudad de gente ataviada —con todo tipo de detalle— a la usanza de cartagineses, romanos, y sus damas, llenando de color y de ambiente festivo hasta el último rincón.
       Lena y Tonio, su pareja en la vida real, militaban en bandos opuestos:  Ella, en las filas cartaginesas representado a la sacrificada Himilce, cónyuge de Anibal, y... Tonio... en las filas romanas. La rivalidad de los dos bandos era bien notoria. Por suerte, no tanto como en su día tuvieron aquéllos contendientes. 

Por cosas de la casualidad... Ahora, Himilce... «Convivía con un gladiador romano»
       
     .

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...