jueves, 26 de diciembre de 2013

UNOS SEÑORES CONTENTOS

El señor y la señora Perales, vivían en el barrio del Peral. Tenía este nombre porque, lo había construido el señor Perales. Como es natural, su casa era la más bonita. La piscina era enorme; basta con decir que en el centro había una isla.
En la plaza central del barrio el señor Perales había plantado un peral, que se había hecho tan grande, que las ramas entraban por las ventanas y balcones de todas las casas colindantes. En la época de cosecha había tantas peras que el barrio entero las disfrutaba a placer.

Sucedió que, como es costumbre española hacer fiesta a las cosas que gustan, decidieron los vecinos celebrar el día del peral.

Fue bonito ver con qué unión hicieron los preparativos. La diversión estaba asegurada para grandes y pequeños. Trajeron hasta payasos; un conjunto musical... y lo más sorprendente, "Un mago".

Y llegó el día de la fiesta. El peral estaba rellenito de fruta, más que hojas tenía. Lo adornaron con banderillas de colores y hasta peluches.

Comieron, bebieron, bailaron, y hasta ahí todo bien; y llegó la actuación del mago: sacó conejitos de la manga, palomas del sombrero,y...¡Sorpresa!, el mago cogió su bastón, lo convirtió en paraguas y salió volando hasta posarse en lo más alto del peral. ¡Todas las peras se iluminaron! Los peluches cobraron vida. Con voracidad, comían y comían de los luminosos frutos; crecían sin parar; los vecinos, presas del pánico, veían cómo ellos se empequeñecían a un ritmo sorprendente. Pronto se vieron como simples ratonescos rodeados de monstruos gigantes que los querían devorar. Corrieron despavoridos, y, como si se hubiesen puesto de acuerdo, todos se refugiaron en la isla de la piscina del señor Perales.
Los monstruos, en su empeño de darse un banquete con ellos, no dudaron en lanzarse al agua. Al contacto con el líquido elemento, fueron perdiendo sus poderes volviendo a ser los simples peluches que eran.
Los vecinos volvieron a su tamaño natural. Como fue de golpe, también hubo problemas, pues eran muchos y no cabían en la isla.
Se recuperaron del susto y todavía hubo quien se quedó bailando.

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