jueves, 5 de noviembre de 2015

PAN CON MANTEQUILLA

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Paula y Manuel eran dos hermanos que marcharon a merendar a la orilla del río. Su madre les había hecho un bocadillo de tortilla y queso. Paula quería que el suyo fuese de mantequilla pero su madre no tenía. Sentados a la sombra de un sauce se lo comieron jugando a tirar piedras al agua. Una ardilla preciosa con su cola marrón y su cabecita de ratón se les quedó mirando con ojos de apremio y aviso, se les hacía de noche y no se daban cuenta. Un manto oscuro de fría escarcha lo cubrió todo y no veían volver a casa.

Un rayo de blanca luna rompió el frío velo apareciendo un enorme castillo ante sus deslumbrados ojos. Se abrió una enorme puerta que chirriaba al son de trompetas de plata. 
Resultado de imagen de dibujos de vampiros
Apareció un vampiro que portaba una bolsa y un enorme cuchillo debajo de su capa.
Cuando vio a Paula y Manuel se les acercó con la boca abierta enseñando sus afilados colmillos. Los niños temblaban de miedo pero el vampiro creyó que de frío. Los cobijó bajo su capa y sacó su enorme cuchillo. Abrió la bolsa que era la del pan y cenaron pan con mantequilla.
Paula contenta le dijo a Manuel:

--¡Ya ves Manuel, mis deseos siempre se cumplen!
--¡Pues desea  volver a casa y estar en tu cama! --Contestó Manuel.
--Ya lo he deseado y volando vamos ¿No te has dado cuenta?
Llegaron a casa en la capa del vampiro, envueltos como rollitos "Primavera"
Quedaron dormiditos en sus camas con olor a mantequilla.
Un ratoncillo goloso se los quería comer, pero esa es otra historia que contaremos otro día.  

LA PERFECCIÓN NO EXISTE

¡Qué espantoso fracaso el del comunismo: Gente pasando hambre ante tiendas vacías!

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 Es cierto, un triste fracaso... ¿Qué me dices del capitalismo: Gente pasando hambre ante tiendas llenas!!
Umm...Que... la perfección... no existe...y si existe...¡Nadie la encuentra!

CASILDA

Resultado de imagen de fotos de olivosCasilda se hizo bruja durmiendo debajo de un olivo. Se le metió una aceituna por la nariz, y desde entonces, siempre que un niño llora, ella le hace un guiño y al momento calla. Porque ella es una bruja buena:  todo lo que hace es para beneficiar a los demás. 
 Los efectos de la aceituna en su nariz, pronto se hicieron notar, pues dos ramitas de olivo, frescas y relucientes, salieron de sus orejas. Ella quería disimularlo, pero el sombrero picudo que llevaba puesto no cubría lo suficiente.
 Se preocupaba mucho. No tenía idea de qué hacer si aquellas ramitas seguían creciendo. Tendría que llamar a un podador para que las arreglara de manera adecuada, pues no era ella mujer de hacer las cosas de cualquier manera. 
El podador le dijo que si las quería cuidar bien las tenía que fumigar contra las plagas.
Ella le dijo que de eso nada, que prefería el cultivo ecológico.
--¡Pues se te secarán! --Dijo el podador--, y se acabó la peculiaridad.
--¡Pues bueno! --Dijo ella--, me acostumbraré a ser una señora normal y corriente.
--¡De eso nada! Hasta que no saques la aceituna que se te coló por la nariz, seguirás padeciendo la transformación brujeril.
--¡Eso lo dices tú! Pero yo, no tengo por qué creerte, ¡podador del demonio!
--¡De demonio nada! Soy tan brujo cómo tú, porque duermo y vivo de los olivos... ¡Pero eso sí, siempre bueno... ¡Cómo el aceite de oliva virgen! 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

SOBREVIVIRÉ

 Marchaba sediento campo a través. Fluían los recuerdos en su mente, sin orden. La perspectiva era aciaga con los rayos del sol de frente, abrasadores. Una voz imperiosa en su interior le ordenaba: 
 "Sigue, sigue, eres el superviviente..."  ¡"El brazo de hierro"!
  Con el fusil al hombro y la mirada en la distancia, no era momento, ni para llantos, ni para mirar atrás: ¡Sólo para sobrevivir! Con el alma rota por el espanto de haber visto la muerte de cara, tragando su aliento, sintiendo su hedor. Al sentirse vivo, fluían en su mente perdida los recuerdos de la batalla: ¡Sangre! ¡Lamentos!
 Los campos yermos, secos de lluvias, ¡se regaban con la sangre de sus compañeros muertos! El silencio y la soledad, el hambre, la sed, eran ahora los  que seguían sus pasos, inexorables. Si no lo habían hecho los tiros..., ¡éstos acabarían con él! 
No se rinde fácilmente el guerrero que a los siete años, ya se ganaba el pan. En su pueblo, agrícola, emplazado al borde de la vega del río, todos los vecinos tenían su parcela donde cultivar lo necesario para vivir. 
Las mulas y los carros paseaban por las calles a diario. No era necesario contratar empresas para la limpieza de los excrementos que éstos iban dejando, los niños del pueblo los recogían muy de mañana para abonar las tierras de cultivo. Siete años tenía él cuando había de recoger siete capazos de estiércol antes de desayunar.
No le afectó el trabajo desde su infancia, ni en el desarrollo físico ni en el carácter: ¡Era fuerte y alegre!
 A los dieciséis años ya dirigía su grupo de trabajo de maestro albañil... Por subir una piedra que entre unos cuántos no pudieron sobre una pared cuando contaba dieciséis años, se ganó el apelativo de "El brazo de hierro".
 Ahora, en una guerra cruel entre hermanos,trabajaba matando en las trincheras. No lo hacia por voluntad propia. Le obligaban a hacerlo. 
Ésta batalla había sido sangrienta: ¡Todos habían caído! ¡Manos, piernas, cuerpos destrozados por doquier!  ¡A todo el batallón había visto caer!  Todos... menos él. La sangre de sus compañeros salpicaba sus ropas y su alma.  Ahora le tocaba batallar solo, perdido en la lejanía, en los campos yermos...
 Lejos de la civilización, se abría ante él la incógnita: ¿Sería ésta también su última batalla? ¿Sobreviviría al hambre, al desafío de la soledad y el miedo?
Caminando al límite de su resistencia física, una palmera en la lejanía abrió una brecha a la esperanza. Pronto se divisaba una casa solariega. Llegó hasta ella temeroso, con el fusil dispuesto.
 Estaba desierta. En muchos kilómetros a la redonda  todas lo estaban, debido a la proximidad de los campos de batalla. Inspeccionó los alrededores. 
El hambre mordía sus entrañas.  La necesidad aviva el ingenio.  Hay variedad de plantas silvestres que son 
comestibles y son una verdura apreciada y agradable al paladar.  En aquella inmediaciones había variedad de éstas.
Él las conocía. Hizo recolección de ellas. Encontró una olla abandonada, casi oculta, junto  a un horno y un aljibe, lleno éste de agua a rebosar, de los que se hacen en el exterior de las casas de campo. Utilizó el agua del aljibe para lavar las plantas recogidas antes de  ponerlas a cocer, estaba tan cerca que se podía coger alargando el brazo.
  Su destino estaba jugando la partida, no era su momento de partir de este mundo: abandonado en un rincón de la casa, encontró un saco que contenía varios kilos de trigo. Dorado..., limpio..., pero difícil de consumir en su estado natural... 

Encendió el horno con unos leños y algunos matojos y lo puso a tostar.
Una vez tostado, ya lo podría comer más fácil de ingerir y de digerir. Comió de las verduras silvestres del trigo tostado y descansó. Ya recuperado,  puso el trigo en el saco dónde lo encontró; lo ató a su cintura, llenó su cantimplora con agua del aljibe y se dispuso para la partida.
 Con fuerzas recuperadas y provisiones, siguió su camino hasta encontrar los Puestos de Mando de su Tropa. No tenía sólo el brazo de hierro, el corazón y todo él, ¡"Era fuerte cómo el metal"!

jueves, 29 de octubre de 2015

EL MIEDO EN LA SANGRE

Ludovico nunca pudo imaginar lo que aquella mañana fría y tenebrosa de noviembre le aguardaba a la salida de casa. Se disponía éste a pasear a su perro Kuki. Ni se había percatado de la espesa niebla que hacía casi imposible caminar. Cuando salió a la calle y tuvo consciencia de ello, pensó que era una temeridad salir, no se veía nada a un metro de distancia, ni siquiera las luces de los coches. Kuki, nada más abrir Ludovico la puerta, salió disparado hacía la calle y se perdió de vista de inmediato. Ludovico que estaba dudando y proyectaba aplazar la salida, de modo casi instintivo, salió tras él, sin meditarlo siquiera.

 Llamaba a Kuki a voces y casi a tientas, con los brazos extendidos hacía delante, caminaba con paso inseguro y vacilante. Pronto la húmeda niebla se apoderó de sus ropas que sintió pegadas a su cuerpo, mojadas. Un escalofrío Recorrió su ser de pies a cabeza. Los ladridos de Kuki casi se perdían en la distancia. De pronto, sus manos tocaron algo viscoso que se pegaba  y un olor inconfundible a sangre le llenaron de terror.

Resultado de imagen de dibujos de jalowin Trató de averiguar de qué se trataba y dedujo por el tacto y lo poco 
que se veía, que sobre un banco del jardín cercano a su casa había alguien que al parecer estaba inconsciente y sangraba. Sintió al momento unas manos que se aferraban a su cuello como garfios. Trató de encontrar a la persona  que le agarraba buscando en circulo a su alrededor. ¡Nada! No había cuerpo físico palpable. La espesa niebla  el olor a sangre y las manos cómo garfios asidas a su cuello le hicieron perder el sentido. Cayó de bruces sobre el cuerpo inerte del banco del jardín.

Despertó sobresaltado. Una melodía a ritmo de sevillanas se oía estruendosa. En el salón, encima de de la mesa del comedor, kuki, vestido con un traje de faralaes, se bailaba los cinco palos de las sevillanas a la perfección. No hay palabras para describir la impresión sufrida por Ludovico:
--¡Dios mio! ¿Me estaré volviendo loco? ¡Pero, kuki! ¿Has aprendido a bailar?  
--¡Sí, amo, y también he aprendido a hablar, para decirte que quiero casarme con una perrita que me adora y que quiero independizarme! 

Salió despavorido a perderse en la niebla...
¡Pobre Ludovico! Ni había niebla, ni el perro bailaba sevillanas! Simplemente, se había pasado de copas en esa fiesta... ¡Qué ustedes saben y yo me pienso!      

miércoles, 28 de octubre de 2015

VIAJANDO EN EL TIEMPO

Resultado de imagen de dibujos de castillosEn el castillo de Marqués de Arrempujamé el Columpio había un revuelo incontrolable, era media mañana, y "La Tomasa", encargada de llevar  leche fresca cada día para el desayuno del Marqués, no había aparecido por allí. 
Andaba éste de un lado para otro al borde de la histeria. Quiso la mala fortuna que viniese a tropezar con la escudilla donde había estado toda la noche depositando sus aguas menores, desparramándose éstas por todo el aposento, (cosas de la Edad Media).

 El ayudante de cámara, que no tomaba leche y sí había desayunado, esperaba paciente a que viniese Latomasa para subir el desayuno al señor; oyó el estruendo y entró sin previo aviso. Encontró al Marqués de bruces en el suelo, pues había resbalado en el líquido derramado y él, sin su ayuda de cámara no movía un dedo; por ese motivo no se había bajado la camisola y tenía toda la nalguera al aire. Todo solícito, el ayudante se dispuso a bajar la camisola de su señor con tan mala fortuna que se le enganchó una uña que llevaba desportillada en..., "la segunda barba de su señor". Ni que decir tiene la cosa se puso tensa..., el señor cogió al ayudante por el cuello, a punto estuvo de pasar..., una desgracia, (cosas de la Edad Media)

 Irritado el señor, desesperado por los acontecimientos de mañana tan aciaga, a grito limpio, mandó un emisario para averiguar que le sucedía a Latomasa que no traía la leche.
  El emisario encontró a Latomasa hecha  un mar de lágrimas pues se le había caído la cabra al escorriol y no la podía sacar.

Resultado de imagen de dibujos de viajeros Quiso la casualidad, que en aquellas Coordenadas, existiese una ruta turística de viajeros en el tiempo. En ese preciso momento venían por el sendero todos en grupo con sus chándal y sus deportivos fosforescentes que se veían a larga distancia, cantando su himno a pleno pulmón a ritmo de bachata. 
  Al pasar junto a Latomasa y ver que lloraba, le preguntaron - ¿Qué te pasa, porqué lloras? -
Ella les contestó: - ¡A vosotros qué os importa -.
Como no entendieron el idioma optaron por sacar la cabra del escorriol pensando que ése era el problema. El deber de los viajeros en el tiempo era dejar alto su pabellón.

  La cabra, aunque tenía las ubres llenas, corría monte arriba al verse liberada. Latomasa también corrió tras ella con el fin de alcanzarla, ordeñarla y llevarle la leche al Marqués, que gritaba en su castillo con un ataque de nervios.

 La comitiva turística de viajeros en el tiempo se detuvo en el castillo para ver y tomar nota de las costumbres en la Edad Media, pero hicieron votaciones y ganó la mayoría en marcharse a otra época porque allí se olía muy mal. 

 Cuando llegó Latomasa con la leche el señor dijo que..., ya no quería leche..., que prefería acostarse con ella. (Cosas de la Edad Media)








lunes, 26 de octubre de 2015

DE MI GUSTO

La pulguita Antonia tenía sus preferencias, a pesar de ser una pulga, ella no picaba a cualquiera. Debido a su gusto por lo selecto pasaba mucha hambre. Ya no se ponían a tiro ni ministros ni escritores, que eran sus preferidos.
Su abuela le aconsejaba que se acomodara sobre un perro fox terrier, pero ella le decía que prefería morir de hambre antes que picarle a un perro.

Resultado de imagen de fotos de trompetistas--¡Mira que entre los rizos de un fox terrier se vive bien, --le decía al verla dar tropezón tras tropezón y saltar cada día más corto.
--A ese paso, tú, no alcanzarás ni a un gato recién nacido. Pero ella, que no, y que no. Se había empeñado en instalarse en la axila de un músico trompetista. 

Resultado de imagen de fotos de pianistas--¡Qué poco sabes y qué poco romántica eres! ¡No te pareces a mí en nada. Si por lo menos fuera pianista o violinista..., ¡pero, hija, trompetista! ¡Si no tiene melodía! ¿Qué te dice a tí un trompetista?
--¡Nada, abuela! Pero, no sé por qué, me da la impresión de que la sangre de un trompetista, ha de ser más dulce que la de un pianista o un violinista.

Resultado de imagen de fotos de foxy--¡Ay! ¡Qué fantasiosa eres, hija mía! Creo que en la familia no ha habido una pulga tan tonta como tú.
¿No sabes que en los tiempos que corren las axilas reciben rociadas de productos muy perjudiciales para nuestra salud? ¡Chica, coge un perro ahora que todavía puedes! No quieras subir tan alto, que cuanto más alto subes, más fuerte es el porrazo!
--¡Ay, abuela, que pesada eres! ¡Déjame vivir mi vida! Te aseguro que, si no es de mi gusto, no voy a picar a nadie. 

MAMÁ OSA PERIPITOSA

En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...