La furia desatada del mar hacía
romper las olas contra los arrecifes.
Voladas de espuma inundaban las rocas.
Bramaba un ensordecedor estruendo.
¡Bramaba mi llanto, llanto sin sonido!
Llanto quedo, sin olas y sin espuma.
¡Yo, inmersa en mi soledad sin contenido!
En mi soledad, tu paz inunda el vacío.
Esa gran tormenta del mar de mi alma,
Tú, serenarás caminando mis aguas.
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