Le amaba tanto,tanto, que no podía conciliar el sueño.
Se le acercaba cuando dormía y susurraba en su oído palabras de dulce amor con la intención de grabarlas en su subconsciente,
para que nunca las olvidara.
Oía su respiración.
Esperaba a que despertara para regalarle la más luminosa de sus sonrisas.
Ella le correspondía llenando las auras de flores, de mariposas, de ilusiones, de promesas de una larga vida en común.
Amándose mutuamente con la más fiel de las entregas.
¡Todo lo mío es tuyo! Te daré lo que tengo y lo que soy. ¡Mi yo ha desaparecido cuando has aparecido tú! ¡No existo!
¡Sólo existes tú!
Y... la sacó de la cuna, y la meció en sus brazos.
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