domingo, 8 de mayo de 2016

EN LIBERTAD

En un día ya lejano, un regalo de capricho no llegó a su destino. 

Se celebraba la fería del caballo, Felisa y Crespo, un joven matrimonio, querían comprar uno. Quedaron prendados del más bonito de todos, su dueño le llamaba Mágico. La belleza de su crin y su esbelta figura le hacía destacar de todos los demás. Era de pura raza española.  Corría con trote elegante y majestuoso. Movía su cabeza al son de sus patas y el viento mecía su melena recién cepillada y acicalada. Felisa quedó prendada. Crespo quiso complacer a su mujer, no reparó en prendas y pagó sin regateo lo que el dueño pedía. 

La sorpresa vino después. Cuando quisieron meterlo al contenedor de su transporte, Mágico se alzó sobre sus patas traseras y dando un fuerte relincho, salió disparado y no hubo manera de detenerle. Se marchó como alma que lleva el diablo con dirección a la campiña, en la ribera del río.

En un pueblo cercano, los vecinos celebraban el día de su patrón, San Benito. Era costumbre salir al campo en romería. Llevaban sus cestas con la merienda y sus guitarras para amenizar la tarde. Tendían sus manteles sobre la hierba y, sentados en el suelo, comían y compartían con todos. Cantaban y bailaban, se divertían con sus canciones regionales.

Todos andaban entre risas y alboroto cuando vieron venir de lejos a Mágico. Trotaba en dirección a ellos dejando sus huellas clavadas sobre la margen del río. Trotaba éste majestuoso, como lo hacen los de su clase.
Resultado de imagen de fotos de caballos Iba solo. No llebaba bridas ni montura. Nadie montaba a su grupa. 
Mágico llegó hasta ellos, que, despavoridos, corrían asustados sin saber dónde refugiarse, abandonando sus pertenecias a su suerte. 

Mágico pateó sin miramientos las guitarras y manteles con meriendas suculentas. Después, desapareció en la distancia como si de un fantasma se tratase.
Nunca más volvieron a verle. Decían que vagaba por los montes en completa libertad.

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