domingo, 8 de noviembre de 2015

RECUERDOS DEL AYER

Resultado de imagen de casitas en la montañaHacía años que la casita de la colina no había sido visitada por Elve, su dueña. Ésta había vuelto después de muchos años dispuesta a restaurarla y sacarla del abandono y el olvido. Ubicada sobre la cima de un cerro, parecía la casita de muñecas construida para la niña más mimada y querida del mundo. Y así fue. Fue querida y mimada por el primer hombre que la hizo sentirse mujer.

 El destino, cruel e implacable, se lo llevó presa de enfermedad dolorosa y terrible. Ella había marchado lejos a recomponer su destrozada vida. Después de muchos años, recuperada y con un nuevo amor ponía su ilusión en habitarla.
 Introdujo la llave en la cerradura y sintió un escalofrío al ceder la puerta quejumbrosa sobre sus goznes herrumbrosos. Todo estaba tal como lo dejara aquella triste mañana de septiembre. Los paños que protegían los muebles estaban cubiertos de polvo y de la chimenea pendían las telas de araña,ennegrecidas y polvorientas por el paso de los años.

  Abrió la ventana con esfuerzo, se resistía a dejar pasar la luz del sol y el viento fresco de la mañana. ¡Qué lindo le pareció el paisaje que se veía desde lo alto del cerro! La primavera había sembrado la pradera de margaritas y amapolas. El arroyo que serpenteaba, jalonado de sauces en ambas orillas, ponía brillos de plata en el paisaje. 
  Se puso manos a la obra y comenzó con ahínco la tarea de poner la casa habitable antes de que llegara Ramiro, su nuevo marido. Éste, había quedado solucionando algunos problemas burocráticos allá en su tierra natal.  

 El salón estaba desempolvado y ya en la cocina se disponía a terminar de organizar el menaje. Dejó unos vasos sobre el anaquel. Se disponía a ordenarlos cuando sintió un aliento tibio sobre su rostro. Volvió la cabeza con la impresión de tener a alguien muy cera pero pronto salió de su error, no había nadie. Siguió con su tarea. Al poco rato, le pareció ver que una sombra difusa se movía cautelosa por el salón. Extenuada y aturdida dejó el trabajo y salió al porche a descansar un rato. Sobre la manta que cubría el columpio, para su sorpresa, alguien había dejado una nota que decía: "Te sigo queriendo igual que antes".  A punto estuvo de caer desmayada al suelo, el recuerdo de Crisántomo su primer marido, la estaba obsesionando de tal forma que creía verlo por todas partes. Aquella nota, lo mismo no había sido escrita para ella, pues era fácil que algunos de sus vecinos rondasen la casa durante el tiempo que estuvo cerrada. En estas divagaciones estaba cuando le vio venir. Ya no le cupo la menor duda,¡era él! Su modo de andar, la escopeta al hombro, y su perro mastín labrador. ¡Se acercaba con su caminar tan peculiar! ¡Guapo! ¡Esbelto! Con su sonrisa maravillosa de hombre que lo sexy camina de la mano de la mesura y el comedimiento... ¡Pero...,si habían pasado los años! ¡Estaba tan joven como cuando le conoció! Estoy segura...¡Lo han clonado! 
Se acortaba la distancia y sus ojos color miel se habían clavado en su mirada febril. Con un saludo insustancial, pasó de largo y se perdió en la distancia...

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