martes, 4 de agosto de 2015

DALIAS, MUCHAS DALIAS




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Gladiolos, rosas, jazmines, y dalias, muchas dalias. Siempre habían sido sus flores favoritas. Bueno...,siempre, no: desde que su enamorado ilustrara con dalias una carta de amor, pensó que en su hora cero, quería estar rodeada de bellas dalias color violeta.
Todo en la casa estaba preparado para el gran acontecimiento. Llegaban los ramos de flores que dispuestos haciendo camino desde la entrada hasta el dormitorio, llenaban el ambiente de aromas y de color; las dalias, rodeando el lecho cubierto con rica colcha de bellos bordados de seda. También el traje de raso en blanco roto con encajes incrustados vestía un cuerpo con pompa de gran acontecimiento: yaciente, exiguo...,esperaba con ansia. Las manos...,entrelazadas sobre su pecho, y cubriendo sus cabellos, blanco velo. ¡Se acercaba su hora cero! ¡Por fin, se iba a despejar la incógnita!

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