viernes, 22 de mayo de 2026

Perolo y los libros virtuales

 

  
 Doña Carlota, la gata sabia, dormitaba tendida sobre una hendidura del tronco seco del ficus centenario. No se había citado para un encuentro con nadie por ello sintió extrañeza al sentir un roce sobre su lomo encogido y abrió un ojo, Perolo estaba azuzando con una de sus muletas para atraer su atención. 
—¿Qué te ha pasado, Perolo, por qué te veo lisiado, de dónde vienes?—Preguntó con gran susto. 
Perolo puso al corriente a doña Carlota de su accidente con todo lujo de detalles, que la gata Rufina le había tratado con poca consideración y por ello se encontraba decepcionado. Venía resentido por la reprimenda recibida por parte de Rufina, total por roer un cuentito anticuado.
   —¡Qué cansancio me da Rufina! Está atrasada, no se da cuenta de que los tiempos han cambiado, que los libros impresos están pasando de moda y que los que imperan son los libros virtuales—adujo  así, de repente, con cara de asco. Doña Carlota estaba muy extrañada, creía que la gata Rufina y el ratoncito Perolo gozaban de una amistad sin fisuras.
 La gata sabia sacaba conclusiones de los razonamientos de Perolo. Este, decía que Rufina no estaba al día y era él el que estaba muy desfasado y así se lo hizo saber:
 —Perolo, razona, estás en un error—adujo con voz pausada, despacio, para que entrara en razones—eso que dices de los libros impresos nunca va a suceder. Nunca pasarán de moda. Los libros virtuales son dependientes de energía, sin ella no pueden existir, los libros impresos tienen presencia, existen, los virtuales son una ilusión, sin presencia física. Rufina tiene razón. No estropees los libros impresos, son un maravilloso tesoro porque ellos pueden durar miles de años si hay energía eléctrica o no,  eso es seguro y demostrado.

María Encarna Rubio

 



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