martes, 4 de julio de 2017

NI MEJOR NI PEOR


Lo recuerdo como si fuera ayer. Sonaba muy suave una sucesión de canciones que me transportaban a tiempos lejanos de mi infancia, cuando mi abuela mojaba una rebanada de pan con vino, le ponía una buena capa de azúcar, y me la daba para merendar.

Era ella una mujer blandita y tierna, siempre sonreía. A mí, me gustaba subir a su regazo, tibio y mullido. Cuando me rodeaba con sus brazos, yo, sentía algo que me adormecía y quería quedar allí,
arrebujada y segura. El sopor me lo produciría el pan con vino y azúcar.

—Cuéntame un cuento —le decía. Y ella, desgranaba en mi oído un entramado de historias que hilaba unas con otras de osos que se subían sobre caballos voladores y peces que salían del río para comer margaritas.
También me enseñaba a rezar. Casi no sabía hablar, y ya rezaba el Padre Nuestro, y la oración al ángel de la guarda antes de ir a dormir :

Ángel de la guarda
dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día.

Cuatro esquinitas
tiene mi cama,
cuatro angelitos
que me acompañan.

Con Dios me acuesto
con Dios me levanto
la virgen María
y el Espíritu Santo.

¡Sí, han quedado lejos... lejos y olvidados los tiempos de mi infancia! Aunque en mis recuerdos vivirán para siempre.

María Encarna Rubio





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