Nicasio, al contemplar su imagen en el espejo quedó anonadado.
Se vio flacucho, daba pena. Sus piernas como hilos de coser. Sus brazos no los reconocía, sin musculación, sin brillo de saltamontes bien nutrido y con salud plena. Fue de inmediato a visitar a su abuela Vicentella, ella disfrutaba de un estado envidiable, musculosa, con una anatomía perfecta a pesar de cumplir cinco meses, equivalente a cien años de persona humana.
Anduvo saltando por la campiña en flor, las amapolas y las margaritas formaban una pradera de belleza sin igual, el invierno había sido lluvioso y la explosión de hierbas se veía hermosa. Nicasio se vio tentado a buscar a la lagartija Fernanda para disfrutar de un día de relax, pero lo pensó mejor, el recuerdo de su imagen en el espejo le acuciaba, no iba a perder más el tiempo, era preciso trabajar para recuperar su forma física, no quería ser el hazme reír de todos.
Llegó algo cansado a casa de su abuela Vicentella. La encontró haciendo ejercicio con pesas al tiempo que limpiaba el polvo del salón. —Qué haces, abuela. No tienes quién te haga la limpieza —Sorprendido, muy sorprendido preguntó Nicasio. —¡Mi casa es mi gimnasio, Nicasio!—Respondió Vicentella a su nieto—hago esfuerzo con intención mientras limpio mi salón. El esfuerzo me fortalece y lo hago cuando me apetece.
Dejó Vicentella su tarea aparcada para atender a su nieto. Algo le decía que era importante el motivo de su visita. Marchó a la cocina a prepararle una mezcla reconstituyente sin preámbulos, porque le vio tan flaco, que le preocupaba. —¡Toma, bebe hijo!—Con mucho cariño le dijo—bebe tranquilo y despacio, y después ve y pide turno en el gimnasio.
Verás pronto el resultado. Come con orden, y procura estar contento. Es preciso estar alegre, si no haces una vida constructiva, con superación y propósito, no habrá gimnasio que te arregle.
Y ahí quedó Nicasio, poniendo a prueba su fuerza de voluntad en el gimnasio. A pesar de estar cansado, él seguía sin enfado. Prestando mucha atención a su buena alimentación. También a correr de prisa, y unos minutos de risa.



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