sábado, 5 de diciembre de 2015

EL MENSAJE


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El mensaje recibido en el móvil de un remitente desconocido la hizo dar marcha atrás en su propósito. Tenía el equipaje preparado y hecha la reserva de hotel. El coche en la calle esperando las maletas. Había proyectado llegar hasta el aéreo puerto y dejarlo en el aparcamiento hasta su regreso. Sólo estaría ausente el fin de semana. dispuesta a darse el capricho de viajar  hasta la capital para visitar la pinacoteca. Su afición por la pintura era notoria. 

 Ya se disponía a marchar cuando recibió aquél misterioso aviso de un peligro inminente. Sacó el saxofón de su funda y se dispuso a calmar su desazón dando fuertes y contundentes notas sin sentido. Es lo que siempre hacía para sacar de quicio a Mariano. Le tenía siempre en derredor como un perrillo faldero. Desde que se hicieron compañeros de piso, todo debido al gran empeño de éste por estar cerca de ella fuese como fuese, siempre estaba a la que salta cuando decía de salir de viaje. 
--¡Mariano, recuerda que sólo somos compañeros de piso!, le decía cuando se ponía pesado. --No te metas en mi vida. Si quisiera consejos e intromisiones viviría con mis padres. 

Hacía años que se independizara. Trabajaba de bibliotecaria y tocaba el saxofón en un quinteto. Mariano era pianista del grupo. Estaba coladito por ella desde el mismo instante en que la conoció. 
Resultado de imagen de fotos de bibliotecariasFue una tarde fría y gris. Ella vestía abrigo ceñido a la cintura por un cinturón y botas de cuero negros. Su cabello se sujetaba en la nuca con cinta de terciopelo del mismo color. 
--Buenas tardes, --saludó al entrar en el despacho. Mariano, sentado detrás de la mesa levantó la mirada: tenía ante sí a la chica más encantadora que había visto en su vida. 
--Soy Adela,--le dijo tendiéndole la mano--. Toco el saxofón y vengo a solicitar entrar en el quinteto "May Mau". 
--Bien, le dijo, tendremos que hacerte una prueba.
--Vengo dispuesta, tengo en el coche mi instrumento.

La prueba fue altamente satisfactoria. Desde aquel día, Mariano se convirtió en la sombra protectora de Adela. Se las ingenió para colocarse en el piso de ésta y la seguía a todas partes. Cómo no era aceptado como amante, se convirtió en su padre, su hermano, su primo y su gran amigo. Adela siempre lloraba en su hombro desde sus problemas más nimios, a menos nimios.


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Esta mañana, Mariano no estaba en casa. Era el cumpleaños de su madre y andaba de reuniones familiares. Ha pesar de ello, fiel a sus costumbres, sacaba estridencias al saxofón cómo si en ello le fuese la vida. Cuando sus nervios sintieron alivio, dejó de soplar por la boquilla metálica del instrumento. 


Se disponía a salir a la calle cuando oyó el sonido del teléfono. Era Mariano. Le decía que conectara la televisión. Lo hizo de inmediato y su sorpresa fue inenarrable: el avión que ella proyectaba viajar había desaparecido y no tenían noticias de su paradero. De inmediato llamó a su amigo a cuyo tiempo se oyó la llave en la cerradura de la puerta. Era Mariano que venía a tenderle sus brazos y estrecharla contra su pecho en un fuerte abrazo. 
--¡Mariano, Mariano! ¡No desaparezcas de mi vida! ¡Qué maravilla encontrar a alguien como tú!
--¡Sí, Adela! Amores como el mío, sólo existen en los cuentos.   
   


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