lunes, 7 de abril de 2014

EL FAVOR






Valle de Goreme


 Le había sido dado nacer en lugar tan singular. Su belleza pletórica a todos se les prohibía contemplar. Cubierta con tupido manto nadie podía imaginar lo que se ocultaba debajo. 
En su castillo de roca natural presentía que estaba viviendo en  tiempos de privilegio. A partir de ahora nada sería como antes.



Disfrutaba tejiendo sus bellas creaciones famosas en el mundo conocido. Mercaderes venían buscando las maravillosas alfombras que harían más majestuosos los salones de los ricos, si esto cabía.
Traían rumores con ellos que causaban asombro y estupor. 




Un nazareno hacía ver a los ciegos, andar a los paralíticos, y resucitaba a los muertos. 
Un vecino del lugar había presenciado un sermón en una montaña, donde más de cinco mil personas comieron con unos cuantos panes y unos pocos peces. Con las sobras llenaron no sé cuantos cestos.



Se llama Jesús y es hijo de un carpintero. Hombre valiente va diciendo su verdad. No le importan las críticas ni las humillaciones.

Tiene poder sobre los vientos y las aguas.
Dice en sus sermones que somos hermanos y que nos amemos unos a otros.

 Por decir que es hijo de Dios le han crucificado.
Y, como  es natural resucitó y ha dejado las normas de conducta adecuadas para que vivamos con paz en esta vida y seamos dignos de alcanzar la otra en el más allá.




Tú eres Jesús, el Salvador.
Si lo tienes a bien Señor,
ilumina al mundo con tu luz.
No hay peor castigo que la oscuridad.
El odio lo sufre quien lo siente.
La envidia causa más sufrimientos
por los bienes ajenos,
que por los males propios.
Contra envidia caridad.
Danos la gracia de saber ser felices.
El amor es, simplemente la solución.
Si no hay amor, estás muerto.
El don de la fe se cultiva.
Es algo delicado que hay que tratar con esmero.
Con el más leve roce se quebranta.
Sólo el que no la tiene lo sufre.















domingo, 6 de abril de 2014

SIMPLEMENTE


                                                                 



                                             






Nacido en familia de pastores pasaba los veranos en el refugio al cuidado del rebaño en el monte, en completa soledad.

Sentía algo místico en su espíritu cuando el crepúsculo matutino se cernía sobre los montes.

Escuchaba voces que hablaban en su interior con lenguaje excelso y cultivado sin haber acudido jamás a lugar alguno donde hubiese escuchado ni sentido expresarse en aquellos términos.

A veces, le dictaban poemas que hablaban de lugares tan bellos e infinitamente lejanos, que deseaba con todo su corazón poder siquiera por un momento visitarlos.

Un día, una visión casi real le dejó sumido en tremenda incertidumbre. Esa noche las voces tomaron forma humana en sus sueños.

--¡Ve, -le decían- camina por los montes, cuidaremos tu rebaño, encuentra ese lugar!

Iba caminando y escuchando lo que se hablaba en su interior. Hay remansos infinitos de paz y de amor destinados a todo humano. No se encuentran en las flores ni en los montes ni valles. Se hallan en el interior de todo el que se interne en su mundo íntimo para 
escucharlo. Ahí se encuentra el canto Divino del Sumo Hacedor.


Anduvo por picos y montes. Algo sorprendente apareció ante sus ojos. Como águila posada en una cresta de montaña, se hallaba el lugar de su visión.


Fue recibido y aceptado entre los ocupantes de lugar tan singular.

Tuvo visiones y premoniciones. Acudían a su mente como mariposas en primavera la inspiración de bellas composiciones en verso y en prosa. Los hermanos del monasterio trabajaban haciendo los manuscritos que llenarían las bibliotecas de los potentados de la época.  



Fue feliz haciendo aquello para lo que había nacido.


















sábado, 5 de abril de 2014

LA CASA ENCANTADA


 En la casa de los abedules se cernía el misterio. Por el día, con los primeros rayos del sol, se oían sonar las notas misteriosas de un piano. El aullido de los lobos erizaba los vellos a los vecinos del lugar.
Dicen, que en las noches de luna llena, la casa se cubre con capa negra. Unas hogueras azuladas la rodean.
Cuentan, que, todos los libros de su biblioteca, empolvados y aburridos de que nadie los lea, quedan en blanco. 
Asombrados los lugareños, ven como las letras salen por sus chimeneas a modo de chispas de crepitantes llamas. Crecen de un modo descomunal y bajan a las hogueras danzando a través de su circulo. 
A veces, por pura coincidencia, se forman sonetos que luego aparecen en las páginas que quedaron en blanco. Todos los libros se van llenando de contenidos sin firma del autor. 
Parece ser, que, los curiosos que antes no hojeaban ni de casualidad un libro, ahora pasan horas en las colas esperando turno para acceder a alguno de ellos y curiosear en sus contenidos.

 Al cura, en sus homilías, de un modo involuntario, todo le sale en verso. La gente, llena las misas esperando presenciar el nuevo sistema. Se demuestra que los libros de la parroquia se han sumado a la revolución. 
 Temen que el hecho se propague y que todos acabemos hablando con rimas.
 En la calle, dos vecinas hablaban de esta guisa:
 -¿ A dónde vas, María?
-¡A por el pan nuestro de cada día!
-¿Y, por qué llevas tanta prisa?
-¡Porque sino moriré de risa!
  
Otro vecino del lugar
ha hecho rimas sobre su pajar. 
Los plenos del Ayuntamiento, 
derrochan poesía y talento.
Ahora los vecinos rezan con recogimiento
para que no se rompa el encantamiento. 
















viernes, 4 de abril de 2014

NAVEGANDO

 Navegaba por mares que sólo existían en su imaginación. Lucía bellas vestiduras que siempre se hacían visibles para ella cuando cerraba los ojos. La virtud de sonreír, le fue regalada cuando sintió sobre su  carita  el primer beso. Serás dotada de poderes excepcionales que ningún mortal a disfrutado antes -decían en los lugares donde se reparten los dones. ¡Todo el que te mire, te amará y será feliz! Hablarás con las flores y éstas te responderán. 

Un día la sorprendió su madre hablando con una petunia. No era la primera vez. Fueron de compras a un invernadero. Parecía hablar consigo misma. Después de observar con atención, su madre vio que las plantas se movían sin  brisas que las meciesen. 
 -¿Qué te decían las flores? Le preguntó. 
Ella le  respondió: 
-Dicen que en el invernadero no son felices porque no ven el sol ni las mariposas.

-¿Y tú, que les has contestado?
- Que no hay barreras que puedan encerrar a la imaginación. Todas las mariposas, todos los soles que existen en todas las galaxias serán suyos. Sólo tienen que cerrar los ojos, imaginarlos y sonreír. 

 Creció y se hizo famosa. Iba por montes y valles hablando con los árboles centenarios. Estos, le contaban historias de amantes que habían grabado en sus troncos sus nombres con dos corazones. 



 Un día, hablaba con las flores depositadas sobre una tumba: 

 -No lloréis, les decía, la crisálida se ha convertido en mariposa. Ha volado hacía un jardín donde las flores nunca se marchitan.
-Eres muy optimista, -le decían las flores- ¿No ves la realidad de la vida? Todo es un clamor de amarguras.
¿Acaso no sabes la noticia? Las abejas están enfermas. Dile al mundo que si las abejas mueren las flores también lo haremos.



-Hay un enorme corazón que se contrae y se expande. Llegan tiempos de cambios y renovaciones que todas emanan de su poder infinito. Vivir los tiempos que se os han dado y apurar hasta el último sorbo del  vaso. Sujetar fuerte lo bello y dejar de lado lo que no os haga felices. 


--Yo diré sólo, lo que dijo "Amado Nervo":
Dios te libre, poeta,
de verter en el cáliz de tu hermano
la más pequeña gota de amargura,
de interceptar siquiera con tu mano,
la luz que el sol regala a una criatura...













jueves, 3 de abril de 2014

LÁGRIMAS DE MIEL

LÁGRIMAS DE MIEL
La cuna se humedecía con las lágrimas de una  joven morena.
Incauta, la naturaleza, que no entiende de prejuicios ni formularios, le había tendido la trampa. Se había atrevido a entregarse a un hombre sin cumplimentar antes  los oportunos documentos.
Sentía sobre sí las miradas de rechazo cuando subía la empinada cuesta. También las lascivas de algunos que pensaban en ella como presa fácil de conseguir por el hecho de tener un hijo sin pedir permiso a toda la comunidad.  Las vecinas evitaban mirarla cuando pasaba cerca.
Tiempos difíciles. La familia, avergonzada, otorgaba sin tener otro remedio. ¡Una mancha en la familia! Años de intachable reputación tirados por la borda.  El autor de los hechos trabajaba en un barco.
                                                    ***
Un día salió a faenar llevándose los sueños de un amor, y dejando a una mujer que gestaba a un hijo destinado a ser recordado por siempre. Una tormenta hizo zozobrar su barco. Nunca más se supo de él.
***
El mar se divisaba desde el balcón de las buganvillas. Acunaba a su niño y  miraba cómo salían los barcos cargados hacía el Nuevo Mundo. Un día marchó dejando tras de sí brisas perfumadas de brumas del mar y jarales de los montes. Se llevaba a su hijo… Incógnitas, misterios…
Quedó una cuna vacía. El viento la mecía en arrebatos de lágrimas derramadas. ¿Es justo arrebatar el inmenso placer de la maternidad?  ¿Sabemos de qué se vale la naturaleza para crear un genio? Cada ser humano que nace puede serlo. No importan los documentos previos.  Esperemos expectantes respetando a toda mujer que se expone para que surja el milagro.
***
En la torre del homenaje aparecieron nuevas insignias. No era feudal ni de regio linaje el señor de las nuevas huestes.  Quedaban lejos los tiempos en que las doncellas cubrían sus cabelleras con finos velos. 
Las que ahora paseaban por los salones del castillo, decorados con blasones, pendones y armaduras, lucían ajustados vestidos que modelaban su figura y dejaban adivinar  sus torneadas piernas.
Tampoco sonaban acordes de laúdes arpas y clavicémbalos. Había una orquesta de afinados Instrumentos  manejados por artistas especializados, como correspondía  a  tan destacado  anfitrión.
El ambiente medieval contrastaba con el lujo derrochado por doquier. Coches de gran categoría, privilegio de unos cuantos. Joyas de valor incalculable. Se inauguraba el capricho de un señor mimado  por la fortuna.
Se podía permitir comprar un castillo medieval y transportar a  decenas de invitados a miles de kilómetros de distancia para festejarlo. De prestancia varonil, su gran porte y su historial profesional harían sentirse orgullosa a cualquier nación de contar con su presencia. El genio, el artista, el señor que todo lo podía comprar, guardaba secretos.
***
Se miraba al espejo…  ¿Qué veía?:
Veía a un hombre enamorado de unos ojos negros clavados en su memoria que jamás podría encontrar. Un sueño que le tenía obsesionado por la frecuencia con que se repetía:   “Un balcón con buganvillas  y brisas perfumadas con jarales de los montes.”
--¿Dónde están esos ojos negros? ¿Dónde ese balcón de buganvillas?
Paseaba por su castillo en las noches de insomnio. El misterio se le hacía cada vez más y más insoportable. Desde las almenas de su torreón, miraba los campos queriendo encontrar una respuesta a su inquietud, a su terrible ansiedad.  Psicólogos y entendidos en la materia temían por su salud mental.
***
El transeúnte  dormía  en el banco del jardín del los ficus centenarios.  Los parterres de las rosas se deshacían en perfumes con el rocío de la noche. El caminante  aprendía idiomas recorriendo caminos sin fin. Los pajarillos que dormían junto a él se contaban historias antes de alzar el vuelo.  Se decían unos a otros:
-¿Con porte de gran caballero, y durmiendo en un banco del jardín?
-Tenemos un intruso 
-No temáis -decía el transeúnte— yo voy de paso. Busco un balcón con buganvillas, con brisas perfumadas con jaras de los montes.
La verja del jardín, que de noche se veía negra, de día se volvió dorada. Una mujer bella, de pelo negro, clavó sus ojos en los suyos y rompió  el  hechizo.
-¿Qué te ha pasado? ¿Por qué un hombre como tú anda de transeúnte por la vida?  –Le dijo.
-Busco un balcón con buganvillas y unos ojos como los tuyos.
-Sal de tus sueños, yo te ayudaré. Te llevaré a un lugar donde podrás recuperar tu perdida tranquilidad. Encontraremos juntos jarales y ese balcón que, con sus brisas marinas, te hará sentir fantasías sin fin.   Soñaremos  que navegamos para encontrar un castillo donde habrá cuentos  fantásticos que asombrarán al mundo.
***
De los fondos marinos han sacado un barco romano a flote. Un potentado lo ha restaurado, de manera que sólo algún privilegiado puede hacerlo, para regalarlo a un amor de ojos negros. Juntos navegan en solitario por mares de cálidas aguas.  Buscan casitas con empinadas cuestas y balcones con buganvillas.
***
Un día, paseando por una villa rocosa con historias milenarias, la vista del balcón se hizo patente.
¡Allí estaba el soñado balcón!
Todavía se mecía la cuna con el golpe de los vientos. Las buganvillas  llenaban de colorido el lugar y se movían con la brisa del mar, despidiendo  perfumes de las jaras del monte.
-No llenaré  mi balcón de ánforas milenarias, ni glorias de estos tiempos, -se decía-. Se secaron con los vientos las lágrimas derramadas sobre mi cuna.  Daré mi fruto al lugar donde encontré cobijo.
-¡Encontré el balcón de mis recuerdos!  
-¡En mis recuerdos lo guardaré en arcón cerrado con siete cerraduras! 
-¡He vuelto!  Me acompañan unos ojos negros…  Más los de mis sueños.
-¡Tenían lágrimas de miel!