sábado, 5 de abril de 2014

LA CASA ENCANTADA


 En la casa de los abedules se cernía el misterio. Por el día, con los primeros rayos del sol, se oían sonar las notas misteriosas de un piano. El aullido de los lobos erizaba los vellos a los vecinos del lugar.
Dicen, que en las noches de luna llena, la casa se cubre con capa negra. Unas hogueras azuladas la rodean.
Cuentan, que, todos los libros de su biblioteca, empolvados y aburridos de que nadie los lea, quedan en blanco. 
Asombrados los lugareños, ven como las letras salen por sus chimeneas a modo de chispas de crepitantes llamas. Crecen de un modo descomunal y bajan a las hogueras danzando a través de su circulo. 
A veces, por pura coincidencia, se forman sonetos que luego aparecen en las páginas que quedaron en blanco. Todos los libros se van llenando de contenidos sin firma del autor. 
Parece ser, que, los curiosos que antes no hojeaban ni de casualidad un libro, ahora pasan horas en las colas esperando turno para acceder a alguno de ellos y curiosear en sus contenidos.

 Al cura, en sus homilías, de un modo involuntario, todo le sale en verso. La gente, llena las misas esperando presenciar el nuevo sistema. Se demuestra que los libros de la parroquia se han sumado a la revolución. 
 Temen que el hecho se propague y que todos acabemos hablando con rimas.
 En la calle, dos vecinas hablaban de esta guisa:
 -¿ A dónde vas, María?
-¡A por el pan nuestro de cada día!
-¿Y, por qué llevas tanta prisa?
-¡Porque sino moriré de risa!
  
Otro vecino del lugar
ha hecho rimas sobre su pajar. 
Los plenos del Ayuntamiento, 
derrochan poesía y talento.
Ahora los vecinos rezan con recogimiento
para que no se rompa el encantamiento. 
















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