Hoy es un día especial, pues se hace realidad algo que es importante para mí. Desde siempre supe que los últimos años de mi vida los pasaría escribiendo, pero nunca imaginé que sería de esta forma.
martes, 30 de junio de 2020
Pergeñar colmena y legendario
lunes, 29 de junio de 2020
La gran sorpresa
Lilia se dispuso a pergeñar con desgana los preparativos de un viaje imprevisto, había recibido la noticia de que su tía Nola había fallecido.
Ella se encontraba tan gris como un día lluvioso, desde que quedó viuda no levantaba cabeza.
No estoy para duelos—se decía—. Estarán los primos de Madrid, los de Málaga… hace años que no los veo y mis ánimos no están para cumplidos.
Debería decir que estoy indispuesta, pero… no puedo dejar de ir. Los sobrinos somos los herederos directos. Habrá hecho testamento, supongo. La finca con las colmenas se la dejará al primo Eladio.
Siempre tuvo predilección por él. Cualquier deseo que él manifestaba se apresuraba a complacerlo. Un día le vio manipulando una colmena: "le compró un libro de apicultura y lo necesario para comerciar en esa especialidad". Decía que el negocio de la miel era legendario y lucrativo. Seguro que lo ha nombrado su único heredero.
Cuando tuvo hecha la maleta, se sentó a descansar, la depresión se adueñaba de ella con cualquier esfuerzo.
Miró sus piernas y pensó que para su edad, se conservaban muy bonitas.
¡Cuánto le gustaban mis piernas a mi Adolfo! —pensaba—, ¡me quería tanto! Era tierno y dulce conmigo. Hasta el día de su fallecimiento me llenó de cariño y de halagos. Sus últimas palabras fueron: «Eres lo mejor que me ha sucedido».
Con estas cavilaciones se fue a la estación a coger el tren que la llevaría al pueblo donde había vivido la tía Nola.
El trayecto fue transcurriendo con toda normalidad. Le tocó asiento junto a la ventanilla y fue mirando el paisaje sin ningún interés, simplemente para no tener que entablar comunicación alguna con la pasajera que tenía enfrente, no dejaba de masticar chicle y no le caía bien.
Al llegar al pueblo nadie la estaba esperando. Cogió un taxi, que por cierto olía a muy usado, y sin mediar palabra con el conductor llegó a casa de su tía.
Pensaba que la encontraría de cuerpo presente, pero no, ya la habían enterrado. Todos los primos esperaban junto al abogado para la lectura del testamento.
Llegado el ansiado momento el impacto fue impresionante: en el testamento se les comunicaba que la tía Nola había sido madre soltera, y que Lilia era hija suya.
Para evitar la deshonra de Nola, maestra de escuela, a la niña la crio su hermana Cándida, por lo cual, Lilia era heredera universal de todos sus bienes.
Lilia no supo qué pensar. Todo era muy extraño. Había cuchicheos entre los presentes incapaces de ocultar su decepción.
Se fueron pronto. La sorpresa los había dejado muy confusos. Solo mediaron unos cumplidos protocolarios y un adiós apresurado.
El abogado le dio las llaves y las cuentas, y quedó sola en el vetusto caserón.
Anduvo revisando toda la casa. Estaba limpia y muy cuidada, como corresponde a una maestra de escuela.
El dormitorio principal la dejó anonadada, de estilo medieval con incrustaciones de marfil, había pertenecido a la princesa de Éboli. Las sábanas y la colcha eran un primor digno de una noche de bodas.
Estaba impresionada de la herencia que le había dejado la tía Nola.
No pensaba en ella como si fuese su madre, nunca podría hacerlo. Ella había disfrutado de una madre perfecta y amorosa y todo lo demás no le preocupaba lo más mínimo.
Se cercioró de que la cama estaba bien dispuesta para dormir en ella y se dispuso a pasar la noche allí, en su casa, donde debió crecer y vivir.
Se puso el camisón y quedó extasiada, las sábanas con olor a jazmín y espliego competían con las de «Marilyn con Chanel nº5».
En su sueño recibió la visita de Adolfo, el amor de su vida; este hizo gala de su habilidad para los juegos amorosos: «pasaron juntos una fantástica noche de amor»
María Encarna Rubio
sábado, 27 de junio de 2020
La tortuguita Maruja
miércoles, 24 de junio de 2020
BIBI y sus precauciones
martes, 23 de junio de 2020
Mi tumba
domingo, 21 de junio de 2020
Adhara la niña del armario volador
«Adhara la niña del armario volador»
« ¡ACCIÓN! »
¡Me gusta mucho jugar! Gritaba Adhara escondida dentro
del viejo armario abandonado en el desván. Ella pensaba que era mágico.
Invitaba a entrar con ella a su amiga imaginaria
Algieba. Le hablaba. Pensaba que las dos dibujaban mariposas de colores y las hacían
volar con los conjuros de la brujita Bunda.
Adhara había pedido muy encarecidamente a Bunda que
hiciera hablar a Algieba, ya que oía todo, pero no decía nada.
Bunda, había prometido a Adhara que una noche de luna llena,
Algieba, aparecería junto a la fuente de la plaza mayor de la ciudad y hablaría.
— ¡Ja,ja,ja,! ¡Es luna llena! —Gritaba Adhara—; me lo ha dicho mi madre, ella no miente.
Adhara estaba con Algieba y con Bunda esperando ver
salir el armario por la ventana del desvencijado desván.
¡Por fin esta noche Algieba me hablará! —dijo—. Y quedó dormida.
A los pocos instantes, Adhara vio salir el armario haciendo curvas vacilantes por la ventana.
Bunda, que con las prisas había olvidado su varita mágica, intentaba recordar el conjuro para aterrizar junto a la fuente de la plaza mayor, pero le salió equivocado y aterrizaron junto al aljibe de una casa de campo abandonada. Se oía el croar de las ranas y el cri cri de los grillos.
—Sal del armario, Algieba—dijo Bunda con un siseo bajito—. A ver si tenemos suerte y un sortilegio hace efecto en aljibes. Salieron las tres.
La luna miraba a Bunda, quería darle aviso. Había visto hacer sortilegios en ese aljibe y solo habían conseguido hacer ranas y grillos gigantes.
Bunda no consultó a la luna como en otras ocasiones hacía: se limitó a pronunciar las palabras mágicas: las ranas y los grillos comenzaron a crecer y crecer. Parecían monstruos asesinos.
Adhara, Algieba y Bunda, subieron al armario volador y salieron a toda prisa de aquel lugar. La ranas croaban tan fuerte que se oían hasta en el monte donde se posó con suavidad el armario en la cima de una peña. Parecía que iba a despeñarse de un momento a otro.
Justo debajo de la peña había un manantial. Bunda quiso probar su conjuro, por si allí, en agua transparente hacía efecto, pero no miró a la luna que decía que no, que allí solo hablarían las lagartijas.
Después de que Bunda hiciese su conjuro, en todo el monte se oía un griterío: todas las lagartijas se contaban las historias que tenían calladas durante tantos años.
Una lagartija les gritó que se fueran, que aquella peña era suya, había nacido allí, y sus padres, y sus abuelos...¡Fuera, fuera! —gritaba.
Salieron apesadumbradas por los fracasos.
—No preocuparos—dijo Bunda—. No siempre se consiguen las cosas a la primera. Cuando se quiere algo hay que ser constante, no dejar de intentarlo. A ver si ahora aterrizamos en la plaza mayor, seguro que allí sale bien.
En efecto, aterrizaron en la plaza como deseaban, pero, algo sucedió que las dejó a las tres de brazos cruzados: Bunda, al decir el conjuro en las últimas palabras se equivocó, en vez de decir "Algieba hablará, dijo Algieba cantará". Todos podían verla, pero ella, no podía hablar, solo podía cantar. Todo lo que quería decir lo hacía cantando. Lo hacía tan bien, que todos la querían escuchar. Se hizo muy famosa...
Adhara escuchó que su madre la llamaba:
—Adhara, mi niña, sal y dí adiós a tu armario, las vacaciones han acabado. Volvemos a casa.
—¡No mamá! Yo me quedo. A mí me gusta mucho jugar.
—No te preocupes mi niña, la vida toda es un juego maravilloso, teniendo en cuenta que siempre hay ganadores y perdedores: «Has de saber perder igual que ganar».
Y con tiernos besos, le dijo en un susurro:
« A mí también me gusta mucho jugar »
María Encarna Rubio
jueves, 11 de junio de 2020
La charca de los sapos verdes
MAMÁ OSA PERIPITOSA
En la casita del bosque todo iba bien. Las gallinas ponían sus huevos en una cesta y mamá osa los llevaba al mercado. Sería bonito pensar q...
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Geromín, era un gato la mar de travieso. A pesar de su corta edad, tenía unas uñas muy bien desarrolladas; cuando jugaba con Ana,...
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i Hace muchos... bastantes años, en un pueblecito perdido entre montañas, había un maestro que cada semana llevaba a sus alumnos de ex...
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A través de mi ventana, Se dibuja el horizonte. El sol hoy día, no brilla, Ni los colores del monte. Nada hace presagiar Que ...





