miércoles, 26 de octubre de 2016

DIN, DON, DAN

¡Din, don, dan!
 Saltaba a la comba.
¡Dan, don, din!
 Corría también.
  ¡Din, don, dan!
Besitos de miel.
Es para mi niña,
de tiernos abrazos.
Y con dindo, dindo,
duerme en mi regazo.

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miércoles, 19 de octubre de 2016

LUCHÉ

Luché contra las olas.
Me vi envuelta en
un mar embravecido,
fue mi empeño el que luchaba 
para salir airosa 
de tamaño torbellino.
Saqué mis brazos
 luché con la tormenta.
Ella quería
arrebatarme el barco...,
¡También la vida!
Llegada a puerto,
sólo veo el remanso.
Mi barco hundido
allá en lo más profundo...
Me espera ansioso...

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lunes, 17 de octubre de 2016

ME DISTE UNA ESTRELA

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Para seguir el halo de tu luz,
tuve que levar el ancla.
Recoger velas y luchar,
sola contra el viento.
Dejar de mirar la lejanía,
y salvar los escollos,
negros y azules.
Y, para seguir caminando
sin velas y sin ancla,
sigo la estela de tu luz blanca.

viernes, 14 de octubre de 2016

EL CALADO DE LA LLUVIA

Había empezado a llover de un modo suave. Cuando esto sucedía, BLanca salía a sentir el calado de la lluvia.
No estaba loca, como decían los que se encontraban cerca de ella al verla salir con los brazos extendidos, con las palmas de las manos hacía arriba. Se balanceaba con los ojos cerrados y canturreaba canciones que, o no se habían inventado, o habían quedado sumidas en el olvido. De lo más profundo del alma afloraban sentimientos dormidos y sonreía..., a la vida, al amor; no es que fuera enamoradiza ni voluble, simplemente, momentáneamente todo su ser se conmocionaba y era el calado de la lluvia como el beso del amante apasionado que se afana en poseer su cuerpo y su alma..., y danzaba. Danzaba estremecida al son de la melodía que las gotas de la lluvia hacían sonar calando hasta lo más profundo de su ser. Aparecían recuerdos dormidos de vivencias pasadas. Cantaba en susurro amoroso cosas que nadie sino ella comprendía:

Sabía que era un truhán,
pero yo le amaba.
Sabía que era: taimado,
vil, y embustero;
pero yo le amaba.
Le amaba, porque él tenía:
En su mirar, su caminar
y en todo lo que hacía
un halo de misterio
que a mí me estremecía.
Y, aún sabiendo
todo lo que de él sabía,
yo le seguía amando...,
¡Amando, porque él tenía,
un halo de misterio..., 
que a mí me estremecía!   



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