lunes, 25 de julio de 2016

El SILENCIO

Escucha la voz que se oye en el silencio.
El tumulto la diluye.
Ella huye de lo vulgar y lo vano,
sólo la calma y la paz la construye.

Recónditos senderos hay en el alma.
Esconden celosamente senda de estrellas.
Se guardan para el que busca amor y calma.
Ahonda y busca, darás con ellas.

No se le niega el agua al peregrino,
que buscando sus huellas,
hace el camino.
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domingo, 24 de julio de 2016

LA ELEFANTA MARFILQUINA

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La elefanta Marfilquina, cansada de su nombre tan largo, dijo a todos los miembros de su manada:
-¡Estoy cansada de mi nombre, largo y aburrido. Es propenso a ejercer mayor atracción sobre los cazadores furtivos. Quiero que de ahora en adelante me llaméis... Y quedó pensativa. 
En el preámbulo, vinieron a su memoria nombres muy bonitos que ella había escuchado a algunos turistas de los que participaban en los safaris que a diario daban la nota discordante entre las acacias, baobabs y demás plantas de la Sabana. 
Como por arte de magia, un nombre que escuchó decir a un enamorado a su amada la animó a decidirse en su elección: ¡Alondra!... Se llamaría Alondra.

 Las risas disimuladas, por respeto a la "matriarca" se contagiaron en cadena. Todos se abanicaban con las orejas, porque hacia calor, y por que Marfilquina no notara que se estaban mofando en su propia trompa. 
Pesaban que ya chocheaba. Con más de setenta años, no era de extrañar. Además, hacia tiempo que andaba un poco distraída, ya no azuzaba a las hijas en correcciones ni aleccionamientos para que todo marchase al punto en la comunidad. Y..., lo de llamarse Alondra con su peso, venía a darles la razón y poner en tela de juicio el buen estado de su razonamiento.

Marfilquina, elefanta experimentada y bien cimentada en su cometido de guía del rebaño sabía lo que todos pensaban. Bajo su trompa prensil hacía muecas sarcásticas y reía a hurtadillas:
-¡Estos incautos piensan que me van a trajinar! Yo he cumplido los setenta. Se acabó correr detrás de nadie, ahora, ellos han de correr tras de mí. Me llamaré Alondra si me apetece aunque pese seis mil kilos.

   

sábado, 23 de julio de 2016

ESTEFANIA DELIRA

La lechuza Estefania, a pesar de haber nacido y criado en el ventanal de un convento, había perdido la fe. Andaba por la vida con suspicacias sin fin. Al no tener el consuelo que reporta la inspiración Divina, su ancianidad era un infierno. Y mira que había bebido aceite en los candeleros de la capilla.
Pero ella...,¡jerre que te jerre! -que si después de la muerte no hay nada..., que aquí está el cielo y el infierno, y todos sus males anímicos los solucionaba bebiendo vino del que tenían preparado para el ceremonial de la misa.

Una mañana que estaba mareada por que abusó de sus degluciones, hubo de esconderse detrás de un macetero. Le cogieron de lleno los cantos del coro. Madrugaban las novicias para hacer sus ensayos matutinos. Quedó extasiada al escuchar aquellas voces angelicales que parecían venir del más allá.
Y empezó a dudar. Si eran capaces de hacer esas maravillas para ofrecer sus plegarias al Altísimo,
seguro que el Altísimo era el único capaz de inspirarlas.

Se retiró a su escondite y se puso a meditar. Las ancianas del convento, con sonrisa angelical, padecían con paciencia los dolores de su artrosis. Se refugiaban en sus rezos y no tocaban el vino.
Y mira que lo tenían fácil. Que un devoto agricultor lo regalaba a garrafas.
Después de mucho pensar, como ella era lista, sacó sus conclusiones:
Si ahora estoy en el más acá, y me puedo beneficiar del más allá, que importa lo que hay más allá, si ya lo tengo más acá.
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jueves, 21 de julio de 2016

CAMBIO...CLIMÁTICO

-¿Conoces a doña Anselma de Truquillo?
-No.
-Yo tampoco; se habla mucho de ella estos días.
-¿Quién es, y qué se dice de ella?
-Pues nada, que a los setenta años va a ser madre de gemelos.
-¡Ay! ¡Qué risa, Felisa! ¿Se sabe quién es el autor de la hazaña?
-¡Nada. hija! Ha cerrado la boca, se niega a decir quién es el padre.
-Pobre doña Anselma. No quiero imaginar como se encuentra en estos instantes.
-Pues..., contenta, muy contenta. Prepara los cochecitos y las cunitas igual que lo haría una de treinta.
-¡Dios mio! ¿Será la comidilla del pueblo?
-¿El pueblo? ¡El pueblo está de fiesta! Las cadenas de televisión han mandado a sus agentes...¡Hasta el Gobierno ha formado una Comisión para no perder detalle del caso!
-¡Vaya, vaya! Para ver estar vivo...
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Estos y otros comentarios andaban de boca en boca de los habitantes de "Toca Nueva del Trueque". 
La anciana Anselma, conocida por todos por la tía Quinina, al no encontrarse bien y lucir un vientre descomunal, fue al médico. Éste, le dijo después del reconocimiento, y sin disimular su sorpresa, que estaba embarazada y que iba a ser madre de gemelos. Mucho empeño puso el doctor en averiguar qué había hecho para conseguir aquello que había conseguido, pero no obtuvo respuesta convincente. Ella se obstinaba en decir que, siempre había rogado a Dios para que le otorgara el don de ser madre de gemelos y le había llegado la hora.
¡Risas y más risas! Comentarios y reuniones eran la tónica del lugar. Hacían las vecinas chocolate y buñuelos y la invitaban a merendar; todo por ver si soltaba la lengua y explicaba el método del que se había valido para conseguir su embarazo. Era viuda desde los cuarenta y siempre había sido la personificación de la discreción.
Por fin, una tarde que al chocolate le añadieron un chorrito de anisete, Anselma se puso en pie, y con  la sorpresa de las allí presentes, y con una elocuencia desconocida en ella hasta entonces dijo:
-¡Amigas mías! No temer por el cambio climático. Van a suceder cambios que nadie espera. ¡Hasta los perros hablaran y dirán en alta voz lo que piensan...Y el que quiera tener hijos, sólo tendrá que desearlo. El goce sexual quedará limitado. El que quiera conseguirlo tendrá que renunciar a: "Las Bellas Artes y las Letras"

miércoles, 20 de julio de 2016

LA SOMBRA

La sombra que parecía seguirla se diluía si paraba a mirar. Algo extraño lo envolvía todo en halo de misterio. Ana había quedado sola en el viejo caserón. Él, su amante, se había ido. Una llamada de teléfono le había obligado a ausentarse nada más llegar. Todo eran ruidos y sombras.  Tomó la decisión de quitarse los zapatos. El sonido de sus propios tacones la llenaban de espanto.
Sus pies descalzos se posaban peldaño a peldaño por la escalera que daba absceso al piso superior.
 Un fuerte olor a moho y polvo llenaron los detectores de su olfato; la repugnancia que sentía se confundía con el miedo de verse entre aquellas paredes deslucidas...Los viejos cortinajes, los muebles, todo parecía estar preparado para ser escenario de una película de terror. No comprendía por qué Andrés se había empeñado en llevarla allí.

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Todo empezó como una broma y las cosas se fueron complicando. Ana y Andrés trabajaban en la oficina de un importante constructor y se habían liado. Un día una broma, otro un chiste subido de tono, una comida de trabajo, hasta que una noche que estaban muy alegres después de una cena con muchas exquisiteces, se fueron juntos a la cama.
 Andrés era hombre casado. Tenía buena planta y buen sueldo. La alegría de vivir rezumaba por todos los poros de su piel. A sus treinta y cinco años  conservaba la frescura de la juventud y una gran belleza varonil.
Ana estaba en la exuberancia de sus veintidós años,  bella y elegante,  criada entre algodones y sin haber  carecido de nada, era dada a los caprichos sin ningún miramiento.

Ninguno de los dos había calculado las consecuencias que conlleva compartir intimidades tan profundas. Es algo que marca huellas y se corre el riesgo de no poder dar marcha atrás. Ellos se encontraban atrapados en una red que cada día les ataba más y más.  Esperaban con ansia el momento de encontrarse a solas y lo hacían cada vez con más frecuencia.

La mujer de Andrés, al parecer, ni sospechaba, pero en su cama cada vez eran más escasas las demostraciones de amor de su marido. Ella aducía el hecho  al exceso de trabajo... Siempre venía tarde y cansado: por las horas extraordinarias, según él. No habían tenido hijos, querían disfrutar unos años sin ataduras; circunstancia que Ana estaba por aprovechar. Si tenían un hijo Andrés sería solo suyo. -Pesaba ella. Y en ello estaba. Cuando él le propuso pasar unos días juntos en la casona que heredara de su madre en el campo no lo pensó dos veces. Apañaron la escapada y allí estaba, dispuesta a concebir un hijo de su amante. Lo que nunca pudo sospechar era el cariz que iban a tomar los acontecimientos. La misteriosa llamada había propiciado la embarazosa situación. No le creía capaz de dejarla sola pero lo hizo; le dijo que esperase que iba a volver pronto. Abrió el portalón de la casona y le aconsejó que entrase y se instalase por su cuenta.

Abrumada por lo insólito del momento, arrastraba con dificultad su equipaje escaleras arriba. Las opacas luces de los apliques que iluminaban la mohosa escalera hicieron varías intermitencias a causa de un relámpago seguido de un trueno estrepitoso. -¡Vaya, por si algo faltaba! -Pensó. Una tormenta se estaba acercando y unas gotas sonoras empezaron a golpear los cristales. Al llegar al rellano se encontró ante una misteriosa puerta cerrada, de gran altura, casi llegaba al techo. Al abrirla un grito de terror escapó de su garganta: casi se da de bruces contra un esqueleto humano que servía de lámpara de velador. Tenía encendidas la cavidades de los ojos y su perenne sonrisa lanzaba destellos verdes. Una sombra salio de detrás del un cortinaje y la empujó escaleras abajo. Cayó destrozada en el zaguán. Cuando Andrés regresó la encontró tendida en un charco de sangre. Nunca se supo qué fue lo que pasó. 

PUGILISMO

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De mis músculos exiguos,
por el paso de los años,
he sacado nuevas fuerzas,
para seguir peleando.

Que los púgiles mundanos,
hasta que cierren el ojo,
han de seguir peleando,
aunque sean un despojo.

Es ley de vida, ¡Señor!
preparar para el descenso,
por los rápidos del río, 
piragua sin remo y timón.

Solo depara descanso,
confiar en que en el río,
al final hay un remanso
donde no hay calor ni frío.

domingo, 17 de julio de 2016

LA SENDA

¡Señor!
 Tú, marcaste la senda.
La senda que ha de seguir
mi alma peregrina.
Senda de luz y de amor,
de paz y bondad Divina.
He buscado en Ti consuelo.
Consuelo que Tú me has dado.
sintiéndolo mi Señor,
he reído, y he llorado.
No hay consuelo mejor,
con sonrisas o con llanto
¡Que sentirte, mi Señor!
¡Que no me pueda el pudor!
De decir públicamente,
¡Que te adoro mi Señor!
Y si de Tu mano viene,
y se me desvela el secreto,
te haré otra poesía
con el máximo respeto.
   

sábado, 16 de julio de 2016

UNA RATA DE ALTAS MIRAS

Resultado de imagen de fotos de laboratoriosLa rata Petunia estaba muy orgullosa, para ser una rata, su madre le había puesto un nombre muy bonito.

-Soy una rata, sí, -pensaba ella,  pero una rata con mucha dignidad: He superado siete brotes de cáncer, tres de diabetes y cuatro de tuberculosis. Vivo en la jaula de un laboratorio y he criado a noventa y tres hijos. Podría decir hijos e hijas, como se dice ahora, pero me parece incurrir en una estupidez, ya que la gramática de nuestro idioma tiene establecidos los recursos precisos para no andar metidos en esas nimiedades. Yo, al estar siempre en contacto con la crem de la crem de la ciencia y el saber, me he convertido en la rata más culta, discreta y elegante que jamás pisara el planeta.

 ¡Ay! Amigo. Ser rata de laboratorio..., con un historial como el mío...¡Manda mucha romana!
 Sin ir más lejos, con tantos hijos, no veáis los malabarismos que he de hacer para sortear los dilemas que en toda familia numerosa se presentan...¡Que los ves mayores, y ya no se resuelven las cosa como antes! 

 La experiencia nos dice, que sin castigo no se obtienen los resultados deseados. Hay que saber dar donde duele sin levantar ni la voz ni las manos. Total, que aunque cueste sufrir un poco, o un mucho, lo importante es ver a la familia por el buen camino y enseñarle que la dignidad vale más que ninguna otra cosa. Y no es que yo con esto quiera criticar a los míos aquí, públicamente, ¡Dios me libre! una rata de mi categoría, que ha superado siete brotes de cáncer, tres de diabetes y cuatro de tuberculosis no se rebaja hasta ese punto... Mi aportación a la humanidad es incalculable, todas mis enfermedades me las han inyectado. Y por si esto fuera poco...¡Mi nombre! "PETUNIA"

jueves, 7 de julio de 2016

ANÍS EN EL CAFÉ

Vicenta absorbía con deleite su tacita de café y sonreía. Le resultaba sumamente agradable añadir unas gotitas de anís y saborearlo sentada en la plaza de la catedral tomando apuntes en su tablet. Los transeúntes masculinos no pasaban sin mirar sus largas piernas cruzadas con un sexy natural que cautivaba. Ella parecía no enterarse y admiraba con ojos soñadores los cambios de diseño de los chorros de la fuente central. La primavera se había fusionado con los murmullos del agua y la exuberancia de las petunias y laureles que de manera profusa rodeaban la fuente. La plaza jalonada de naranjos era el marco ideal para el idilio de los cientos de pajarillos que trinaban sin cesar al son del agua. Y para poner la guinda al pastel, ¡allí estaba! la catedral imperturbable, firme, viendo pasar los siglos sin que su fisonomía cambie. Dando testimonio de las maravillas que son capaces de hacer los hombres... ¡Cuando un gran ideal les anima!
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lunes, 4 de julio de 2016

LA RANITA DEL ALJIBE


 La ranita Ojeras protestaba y detestaba el nombre que le habían puesto sus padres. Había sido la primera en ocupar las frescas aguas de un aljibe. Cuando llegó, éste, estaba completamente desocupado, sin nada de nada, ni hojas secas, ni algas, y mucho menos, renacuajos. Ahora, un ejército de ranas le hacían la competencia. Croaban sin cesar y no la dejaban dormir. Pero eso no era lo peor, lo que de verdad le molestaba, eran sus mofas y sarcasmos..., Ojeras por aquí...,Ojeras por allá. Lo más inquietante de todo para Ojeras suponía la cercanía de la llegada de las vacaciones: Si estas ranas chillonas no aprendían a tener la boca cerrada, las iban a pasar crudas.

 La casa a la que pertenecía el aljibe estaba en el campo, lugar donde una familia numerosa hacía sus  veraneos. Era de temer lo mucho que a los niños les gusta jugar con las ranas. 
Ojeras, pasaba casi todo el tiempo queriendo aleccionar al batallón de ranas de peligro tan inminente.
El duro trabajo que ello suponía la dejaba sin aliento. Además, con un esfuerzo tan continuado, le estaba sacando ojeras.  --¡Ojeras! ¡Que te están saliendo ojeras! ¡Ja, ja, ja! -Se reían sin cesar las ocupas del aljibe. 

Resultado de imagen de fotos casas de piedraOjeras, se ponía verde de rabia, bueno..., ella ya era un poquito verde; pero se ponía más verde todavía. De tanta rabia, dio un tropezón, y desde entonces cojea.  -¡Ja, ja, ja, no te va a salir novio, cojeando y con ojeras! Decían con intención malévola las de la competencia.
-¡Déjalas que rían! -Decía para sí. Cuando llegue el mal bicho de Jero las pagarán todas juntas. 

Jero, era el mediano de la familia. Se distraía bajando al aljibe a darse un baño en aguas frescas. Sabía muy bien nadar, y como nadie le hacia caso, así suele suceder a los medianos..., el mayor, siempre se ha dicho:  "el que antes nace antes place" ¡nadie le arrebata el puesto! y el menor se lleva todas las atenciones. Los del centro recogen las migajas. 

El verano anterior, Ojeras lo vio todo calladita, por eso Jero no la descubrió. Se enteró de muchas cosas, pues por las noches salía a ver la luna llena.
Ésta salía de detrás de los montes con su sonrisa resplandeciente. Era bonito verla siempre tan feliz, quizás por eso a ella nunca le salían ojeras.   Una luz blanca iluminaba todo el campo. Los niños salían a buscar grillos y gritaban cuando encontraban uno. Ojeras corría hacia el aljibe imaginando como gritarían si la encontrasen a ella. 
Con estos recuerdos, quedó dormida Ojeras. Al fin el cansancio pudo más y cayó rendida en los brazos de Morfeo.

domingo, 3 de julio de 2016

UNA RATITA DIFERENTE

La ratita Mitusa quería caer bien. Acicalaba su cola con esmero y procuraba no hundir sus patitas en los detritos de la cloaca. Sus tías y primas se burlaban cuando la veían dando saltitos intentado vadear los charcos que se formaban al pie de los desagües de las alcantarillas. Le decían: "Eres una rata asquerosa. Por mucho que te compongas, nunca dejarás de serlo". Ella, no cejaba en su empeño, seguía queriendo ser diferente para a todos caer bien. 

Resultado de imagen de fotos de riachuelosUna mañana fresquita de primavera, una bocanada de aire perfumado con los mil perfumes que exhalan las flores se coló a través de los respiraderos de las tapas de las alcantarillas. Aquella rata diferente sintió la llamada de la naturaleza. Quiso compartir sus sensaciones con los miembros de su comunidad, todos decían que eran fantasías suyas  y para corroborar lo que presentía, acicaló su pelaje, y salió por un desagüe que daba a la margen de un riachuelo. ¡Ten toda clase de precauciones!   ¡Hay grandes enemigos fuera! Le dijeron a coro sus amigos..., bueno, más que amigos, conocidos. No vaciló ni por un instante, quien no corre riesgos pocas cosas hará en la vida. 

Toda llena de ilusión rateril, marchó, sigilosa eso sí, con algo de miedo. Había oído contar cosas espantosas sobre unos gigantes que lo poblaban todo y que para nada querían a las ratas. Tenían unas fobias hacia ellas muy preocupantes, pero ellas eran mucho más listas que ellos y los burlaban con gran facilidad. 
En su caminar, miraba todo con una admiración sublime. ¡Todo era tan bonito como pensaba. Los campos sembrados de amapolas y margaritas la llenaban de una sensación jamás sentida. La sinfonía del vuelo de los abejorros la transportaban hacía un infinito tan azul que pensó: " Estoy en el cielo de las ratas".

Una sed profunda la sacó de su éxtasis, y la realidad más ingrata vino a corroborar que se hallaba hambrienta y sedienta sin tener nada que llevarse al diente. Quiso su buena fortuna que una vasija llena de agua de la lluvia se cruzase en su camino. Bebió con fruición hasta apurar la última gota. Agradeció a la Providencia su inestimable ayuda y siguió con la certeza de que pronto tendría algo para acallar los resoplidos de su hambre.      
Anda que te anda tropezó con un caracol. Estaba éste embelesado ante una tierna hoja de patata, no sabía si comerla o no. También era novato y no se fiaba, había visto caracoles muertos alderredor y pensaba: ¿y si fuese venenosa? -Total, ella tampoco había comido nunca caracoles, por lo tanto..., mejor dejarlo estar; se marchó y se metió en el arroyo pensando volver a casa, pero no encontró el camino.  No se amilanó ante la dificultad, ya sabía ella antes de salir que no sería fácil. Se haría una rata indigente como hacen otras muchas, no es que en las alcantarillas se viva muy bien, no se perdía tanto. Más valía ser valiente y salir adelante entre flores y no volver a ser una rata de cloaca.