martes, 13 de septiembre de 2016

LEYENDO AVENTURAS II


Soplaba un viento frío. Las llamas de la hoguera se expandían y achicaban con la fuerza inusitada de los vientos australes. A Jaime se le encogía el corazón creyendo escuchar lamentos en el fondo de su cueva en la nieve. Aterido por el frío pensaba que su fin estaba cerca. A veces sentía pánico; otras curiosidad por lo que sentiría al cruzar el umbral hacia el más allá. Había escuchado historias de pavor..., y de esperanza. Su vida se había desenvuelto desde su infancia entre lo real, y lo virtual. Las Redes Sociales espaden por los medios  pensamientos y percepciones  variopintas de los usuarios. Dan en qué pensar. 

Es evidente que muchas de ellas, todo aquel que medite y escudriñe los entresijos de la vida terrestre de la especie humana, en alguna de ellas, de hecho disparatadas, coincidimos; aunque las desechemos de nuestro consciente de inmediato..., pero no del subconsciente. Las traemos grabadas desde el principio de los tiempos y salen cuando el momento les es propicio.
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Cuentos de terror sería fácil construir con esas percepciones que es mejor pasar por alto. En estos 
pensamientos fluía la imaginación de Jaime. No le importaba fenecer para averiguar que hay en el más allá, cuando un ruido en el exterior le sacó de su reflexión: un batir de alas, un ave que reconoció al instante dejó caer un gran roedor que llevaba en sus garras. Era un cóndor andino: majestuoso, brillante, parecía abarcar el cielo con sus enormes alas. Le miraba con insistencia. ¡Ahí tienes tu sustento!   ¡Vive, no es todavía tu hora! Parecía decir.
  

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