sábado, 10 de septiembre de 2016

CINTIA


Resultado de imagen de imagenes de jaguayanasPatri era la niña más mimada del mundo. Todos los parientes, vecinos, transeúntes, todos..., le demostraban cariño y admiración debido a su gran belleza; pero, de algo carecía la niña: de curiosidad. No le gustaba aprender nada. Sólo quería jugar, pasarlo bien con los amigos y con gran cantidad de juguetes que todos le regalaban a espuertas.

Cierto día que se divertía con su muñeca, sus ojos y sus oídos tuvieron percepciones increíbles para ojos y oídos humanos: Cintia, su muñeca de trapo, le hacía guiños con sus ojitos de lana, y con su boca de botón de chaqueta:
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 -¡Mira Patri, aquel niño que pasa por la acera va solo! !Corre tras él y pégale! 
Patri, asustada, tiró la muñeca al barro y se la quedó mirando cómo se hundía.  Marchó a casa desolada a contar a su madre lo sucedido. La madre, como es natural no la creyó. Le hizo unas caricias y le dijo que le compraría otra.

Subió a su cuarto Patri y, ¡sorpresa! Cintía estaba sobre la cama. La había manchado de barro y tenía una sonrisa malévola en su boca de botón de chaqueta. Y, cosa increíble, mostraba dos dientes puntiagudos que daban pavor... -¡Hola, Patri! -Hablaba haciendo gestos de burla. ¿Creías que te habías librado de mí? ¡Somos inseparables! ¡Dónde tú vayas, allí estaré yo! ¡Ja, ja, ja! La naturaleza te ha dotado, pero ésto será tu ruina si sólo vives para disfrutarlo. Tú, me has hundido en le barro, yo llenaré de barro tu vida. ¡Ja, ja, ja!
 -¡Mamá! -gritaba Patri-. ¡Ven, mira a Cintia! ¡Ha manchado de barro mi cama!

Subió la madre, y al no encontrar a Cintia donde Patri decía ni en parte alguna, empezó a 
preocuparse por el estado mental de su hija. Llamó de inmediato al psicólogo presintiendo un problema grave. 

Patri hablaba sola por los rincones cosas extrañas. Corría por la casa gritando el nombre de Cintia, que según ella,  la perseguía induciéndola a cosas del todo inaceptables. La pobre no tenía reposo. Huía de fantasmas imaginarios que nadie podía ver. 

Llegó a la cita del médico asustada; ella, y los familiares que la acompañaban, que por cierto eran bastantes: su padre, su madre, su abuela materna, su abuela paterna...
Patri, al ver la cara del señor que la iba a examinar tuvo un ataque de histeria: ¡Tenía los ojos de lana y la boca de botón de chaqueta! Sólo ella era capaz de percibir el aspecto de doctor. 

-¡La niña está bien! -Dijo el doctor después de un examen minucioso. Tiene pavor por las maldades del ser humano. Las percibe y las sitúa en el lugar adecuado, ya que huye de ellas.   Son ustedes que necesitan  pasar por mi consulta a hacer terapia de grupo. Los excesos de mimos y cuidados son tan nocivos como las carencias. A veces la belleza puede causar estragos. La niña aprenderá a discernir que el mal se siente para poder actuar contra él.

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