miércoles, 17 de agosto de 2016

QUEMES Y HEMES

Quemes y Hemes


Esta historia,  ha pasado desde tiempo inmemorial de padres a hijos de modo oral, no por ello menos creíble que si existiesen documentos que lo acreditasen.

Sucedió que viajaban Quemes y hemes, dos parásitos muy comunes a las aves y a los humanos, en las alas de una tórtola. Venía ésta acompañada de su pareja, muy amada e inseparable.

Hicieron ambas un alto en lugar de belleza privilegiada: un río fluía a través de una hendidura rocosa desde donde se divisaba un valle de arbustos tachonado de palmeras. Corriente abajo, por unos rápidos zigzagueantes, transcurría el cauce veloz hasta llegar a un remanso; parecía lugar para relax de los dioses.

-¡No mires hacia el remanso! A estas horas se baña Medusa. -Dijo Quemes a Hemes_, ¿ves esas rocas que circundan la rivera del remanso? Son incautos que pretendían sorprenderla desnuda con su melena de serpientes al viento. Quedaron convertidos en piedra por su osadía. Sólo Orfeo con el sonido de su harpa es capaz de amansar su fría ferocidad.

-¡Qué me dices, Hemes? -Dijo Quemes-. Acabo de oír una disertación de Pelocles, sabio entre los sabios: dice que ese rollo de los dioses es un comecocos de unos espabilados que quieren controlar con el poder de la sugestión nuestras mentes y por consiguiente nuestras vidas. Parece que quiere convencer que él, por ser tan sabio y tan culto, es el poseedor de la verdad.
-¡Estoy asombrado, amigo! -Dijo Hemes-, ¡Qué trabajo se toman algunos estudiosos de mentes “privilegiadas”. Quieren hacer las veces de los dioses que niegan para hacer creer que los dioses no existen. Y, los que creen, cuando los escuchan piensan: -¡cuanto trabajo para nada! ¡nosotros estamos en posesión de la verdad!
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-Y tú, -dijo Quemes- ¿Qué piensas? ¿Existen o no existen los dioses?
-Espera, la tórtola alza el vuelo. Seguro que se dirigen al Istmo de Corinto. Podremos participar en los juegos Istmicos, que se celebran en honor del dios Zeus. Yo me introduciré en el vello púvico de Orermes, lo tiene bien tupido y ese día al aíre libre, como mandan los cánones. Tú, busca un atleta de prestigio, a ver si ganamos algún trofeo.
-Pero, -dijo Quemes-. A todo esto, no me has dicho lo que opinas con respecto a la existencia de los dioses.
-Mira, yo, como buen demócrata, siempre dejo que mande la mayoría.



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