miércoles, 10 de agosto de 2016

DE NUEVO EN CASA

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De nuevo en casa..., decía Juguito, un caracol melancólico y timidón que salía cada madrugada de su concha para atisbar un mundo que le daba miedo. Sentía gran alivio al quedar oculto. Al igual que el avestruz cuando esconde su cabeza bajo el ala, él, no veía el mundo, pero el mundo podía verle a él.
Andaba transportando su casa de aquí para allá, cosa que a veces le causaba gran fastidio. Quería ponerla a salvo de los rayos solares, calcinantes y devastadores; intentaba colarse en ranuras y grietas del suelo. A veces lo conseguía, otras quedaba oculto debajo de las hojas de los cultivos que le servían de alimento.

 Andaba cabizbajo y somnoliento cuando encontró en su camino, medio enterrado, un zapato viejo. ¡Cuantas historias tendrás en tu haber para contar! -Pensó-. No se detuvo a pedir permiso y se metió dentro. Al poco de estar allí, sosegado y a salvo de los rayos solares, cuando vio que entraba una araña negra y peluda. Notó las vibraciones negativas del zapato que para nada quería la presencia de intrusos. Él, se metió en su concha dispuesto a cerrarla con su método de siempre. Al pronto escuchó una voz desagradable que decía: -¡Oye tú, majo! ¿Te vas a quedar mucho tiempo aquí? Es que a mí, los caracoles no me gustan, y este zapato perteneció a la dueña de la casa donde nació mi abuela y yo vengo a tomar posesión de mi herencia.  Juguito, en un principio pensó pasar de ella y no hacerle el menor caso, pero la araña siguió hablando contando intimidades de la dueña del zapato y le gustó el chismorreo que se traía entre patas. 

Tegia la araña sin parar. Entre tanto hablaba. Decía que se llamaba Jertrudis la dueña. Que le pasó igual que a Cenicienta,que había perdido un zapato, pero en vez de perderle en el baile lo perdió plantando coles, y que nunca lo encontró; que había llorado mucho y por esta causa, se había quedado bizca, por lo que no se casó; pero un día, sin saber cómo ni por qué, tuvo un hermoso niño. Hubo de poner tierra por medio y marchar a las Américas después de algún tiempo, aburrida del rechazo que sentía por parte de todos. Una araña que vino de América en un barco de bananas decía que aquel niño fue adoptado por una familia que le educó a lo grande; que resultó ser un genio y que disfrutan de su nacionalidad ocultando su procedencia. Y, fíjate tú, ahora, tú y yo, vivimos en el zapatito que perdió su madre...¡Cosas de la vida! 


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