domingo, 13 de diciembre de 2015

EN LAS RAMAS

Volabas tú, volaba yo.
Un cóndor peregrino
Que surcaba el viento
Nos miraba y nos decía:
¿Dónde están vuestras alas?
¡En la ilusión suspendidas!
Y, nos diluimos en las nubes,
Nos fusionamos con el viento,
Nos enredamos en las ramas,
Y nos quedamos colgando,
De que te amo y me amas.


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TU MANO

Soñaba yo el otro día
Que la mano tú me dabas.
Yo corría, corría y corría,
Pero nunca la alcazaba.
Era angustioso saber,
Que por mucho que corriese,
No la podría coger.
Desperté con un sollozo,
Tomé la resolución,
De soñar que la alcanzaba,
Y que la puse en mi corazón.
Mi voluntad está presta,
Si no lo sueño dormida,

Lo soñaré despierta.
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sábado, 12 de diciembre de 2015

¡GRACIAS, GRACIAS!


¡Gracias, gracias a todos los hombres y mujeres que hacen cosas bonitas!
¡Gracias a los que aman y protegen a los niños!
("GRACIAS DIOS , POR LAS COSAS BONITAS")

miércoles, 9 de diciembre de 2015

GENIO Y FIGURA

Un día que tuvo tiempo, ella, se miró en un espejo. Lo que vio la llenó de sorpresa y estupor: había en su rostro surcos y en sus ojos brillo de llanto, ¿soy yo?, no se reconocía ni remotamente. ¿Dónde están mis mejillas de lozana manzana?, ¿dónde el brillo de mis ojos azabache?
Cumpliendo con los requisitos de la vida cotidiana, no había caído en la cuenta de que estaba en una etapa delicada de su vida. Cada día que pasase se iría perdiendo su semblanza en la lejanía. Si se quedaba en casa, nadie la echaría de menos. No son de buen ver su cintura desproporcionada, ni su espalda abatida por el peso de los años; ni su rostro macilento y atormentado por las lineas que los años van marcando en la piel de los que nunca se miran al espejo. Los que no preparan la más delicada situación en que nos hemos de encontrar si no abandonamos antes el cuerpo que nos contiene y nos transporta. El espejo, cruel nos dirá: "ya no eres la más bella". Aún lo serán más los que pasen de ti y no te digan nada. "¡Genio y figura hasta la sepultura!"    
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domingo, 6 de diciembre de 2015

LA TURISTA

El hospedaje, a simple vista, dejaba bastante que desear. Llevaban diez horas de viaje en autobús, y a decir verdad, no era prometedor el confort del alojamiento, según la primera impresión del vestíbulo.
Resultado de imagen de dibujos de autobusesDos sofás bastante mugrientos y unas plantas mal cuidadas, no eran muy adecuadas para dar la bienvenida a unos viajeros que traían las maletas cargadas de ilusión y ganas de pasarlo bien. Hacía algo de frío y en la calle el ambiente estaba gris. Hacinados en Recepción, entregaban su documentación y recibían las llaves de su habitación. Todos agrupados esperaban turno para subir al ascensor, algo cutre y anticuado. Nadie hacía comentarios, pero algo de descontento se palpaba en el ambiente. --¡Dios mío! ¿A dónde nos han traído? --Marta sacó de su bolso un pañuelo. Limpió su nariz. La expresión de su rostro denotaba la repugnancia que sentía, y ya estaba echando de menos la pulcritud casi séptica de su casa. Y comenzó la retahíla de siempre a su marido: --¿ves, las ganas que tenías tú de viajar con estas pendangas? ¡Te lo dije! Éstas no hacen nada más que sacarnos el dinero!
--¡Calla mujer! No hagas el espectáculo. Ten un poco de paciencia. Ya verás como todo sale bien.
El pasillo mal iluminado, tenía alumbrado automático. Antes de terminar de introducir la tarjeta  por la ranura de apertura de la puerta ya se había apagado. 
--¡Ay, Alfonso, que yo busco un taxi y me voy a casa! 
--¡Quieres callar de una vez!, no seas cenizo y deja de refunfuñar, que tenemos que ver ese Alcázar. Sabes que tengo esa ilusión, y soy capaz de pasar por donde haya de pasar por no irme a la otra vida sin verlo.

Por fin entraron en la habitación que les habían destinado. Marta la miraba y repasaba. Ya iba a lanzar un comentario de los suyos cuando Alfonso se le acercó y le tapó la boca con un beso: --mira, Martita,
tú sabes que yo, aunque llevamos tantos años juntos, no he dejado de quererte ni un solo día de mi vida. Hoy es un día, que quiero ser para ti aquél que tan feliz te hizo durante tantos años. Hagamos algo extraordinario. Nos vamos a perder por la ciudad los dos sin que se den cuenta los del grupo. No vamos a aparecer hasta que no llegue la hora de regreso.
--¡Ay, Alfonso! ¡No te conozco! ¡A ti te ha pasado algo!
--No me ha pasado nada. Soy el de siempre.
--Pues yo no te he visto tan romántico desde hace muchos años.
--¿No te das cuenta de que la vida se nos escapa?, tenemos que aprovechar los años que nos quedan de autonomía y renovar todas las ilusiones que nos unieron: ¿no nos gustaba viajar?, ¡pues viajemos!, ¿no nos gustaba bailar?, ¡pues bailemos! Quiero que sepas que te sigo viendo tan preciosa como siempre y que lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido conocerte a ti.
Marta, emocionada, limpió una lágrima indiscreta. Recordó su primera noche de bodas:

Resultado de imagen de dibujos de enamoradosDespués de colgar cuidadosamente su vestido de novia en el armario y cubrir su bonito camisón con su lujosa bata, salió Marta al porche a contemplar la noche estrellada. Daba por sentado que Alfonso, su flamante marido, seguiría sus pasos. Esperó sentada en el banco del porche. Los cipreses que flanqueaban el largo camino que conducía hasta la casa parecían fantasmas larguiruchos, pretenciosos de querer alcanzar las estrellas... Sombras inquietantes en la noche solitaria.

No salió Alfonso  en su busca como ella esperaba.  Fue ésta, la primera decepción que sufrió Marta en el comienzo de su vida en común con Alfonso. Le creía enamorado e impaciente por comenzar una relación apasionada con ella; pero pronto comprobaría que Alfonso era hombre templado: de zapatillas y pipa junto a la chimenea. Él había emprendido la tarea de encender ésta. Ya la llamas crepitaban formando extrañas figuras de luces y sombras por las paredes del salón. Y sí, si estaba enamorado, también estaba impaciente; pero aventajaba a Marta en años y en experiencia. Sabía que ninguna noche de bodas podía ser satisfactoria si se andaba con arrebatos, sobre todo, si se tenía ante sí a una mujer que no conocía todavía los placeres del sexo. 

 La vio entrar y su sombra se proyectó gigante a través de la puerta, con alucinante semblanza, entre encajes transparentes que dejaban adivinar una figura exorbitante.
--¡Esa mujer ya es mía!, pensó Alfonso sintiendo la llama del deseo incontrolable; pero, anduvo con  mesura premeditada. Controló sus instintos imponiéndose la templanza.
Ella se acercó con andar cadencioso, casi con timidez le miró un instante. Sus miradas se encontraron y quedaron prendidas para luego llegar al primer beso. La ternura infinita de Alfonso y su bien hacer en las lides del amor, obró el milagro. Ambos recordarían siempre las primeras caricias de su vida conyugal.
Ahora, después de tantos años juntos, pasando vicisitudes incontables, superando todo el devenir de una larga vida en común, todavía sentían el gran amor que se profesaron siempre, porque el amor nace y renace el las almas de los justos.



sábado, 5 de diciembre de 2015

EL MENSAJE


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El mensaje recibido en el móvil de un remitente desconocido la hizo dar marcha atrás en su propósito. Tenía el equipaje preparado y hecha la reserva de hotel. El coche en la calle esperando las maletas. Había proyectado llegar hasta el aéreo puerto y dejarlo en el aparcamiento hasta su regreso. Sólo estaría ausente el fin de semana. dispuesta a darse el capricho de viajar  hasta la capital para visitar la pinacoteca. Su afición por la pintura era notoria. 

 Ya se disponía a marchar cuando recibió aquél misterioso aviso de un peligro inminente. Sacó el saxofón de su funda y se dispuso a calmar su desazón dando fuertes y contundentes notas sin sentido. Es lo que siempre hacía para sacar de quicio a Mariano. Le tenía siempre en derredor como un perrillo faldero. Desde que se hicieron compañeros de piso, todo debido al gran empeño de éste por estar cerca de ella fuese como fuese, siempre estaba a la que salta cuando decía de salir de viaje. 
--¡Mariano, recuerda que sólo somos compañeros de piso!, le decía cuando se ponía pesado. --No te metas en mi vida. Si quisiera consejos e intromisiones viviría con mis padres. 

Hacía años que se independizara. Trabajaba de bibliotecaria y tocaba el saxofón en un quinteto. Mariano era pianista del grupo. Estaba coladito por ella desde el mismo instante en que la conoció. 
Resultado de imagen de fotos de bibliotecariasFue una tarde fría y gris. Ella vestía abrigo ceñido a la cintura por un cinturón y botas de cuero negros. Su cabello se sujetaba en la nuca con cinta de terciopelo del mismo color. 
--Buenas tardes, --saludó al entrar en el despacho. Mariano, sentado detrás de la mesa levantó la mirada: tenía ante sí a la chica más encantadora que había visto en su vida. 
--Soy Adela,--le dijo tendiéndole la mano--. Toco el saxofón y vengo a solicitar entrar en el quinteto "May Mau". 
--Bien, le dijo, tendremos que hacerte una prueba.
--Vengo dispuesta, tengo en el coche mi instrumento.

La prueba fue altamente satisfactoria. Desde aquel día, Mariano se convirtió en la sombra protectora de Adela. Se las ingenió para colocarse en el piso de ésta y la seguía a todas partes. Cómo no era aceptado como amante, se convirtió en su padre, su hermano, su primo y su gran amigo. Adela siempre lloraba en su hombro desde sus problemas más nimios, a menos nimios.


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Esta mañana, Mariano no estaba en casa. Era el cumpleaños de su madre y andaba de reuniones familiares. Ha pesar de ello, fiel a sus costumbres, sacaba estridencias al saxofón cómo si en ello le fuese la vida. Cuando sus nervios sintieron alivio, dejó de soplar por la boquilla metálica del instrumento. 


Se disponía a salir a la calle cuando oyó el sonido del teléfono. Era Mariano. Le decía que conectara la televisión. Lo hizo de inmediato y su sorpresa fue inenarrable: el avión que ella proyectaba viajar había desaparecido y no tenían noticias de su paradero. De inmediato llamó a su amigo a cuyo tiempo se oyó la llave en la cerradura de la puerta. Era Mariano que venía a tenderle sus brazos y estrecharla contra su pecho en un fuerte abrazo. 
--¡Mariano, Mariano! ¡No desaparezcas de mi vida! ¡Qué maravilla encontrar a alguien como tú!
--¡Sí, Adela! Amores como el mío, sólo existen en los cuentos.   
   


MANO TENDIDA

Caminaba yo sediento,
¡Maldecía mi destino!
Sentí una voz que decía:
¡Ven,  sigue mi camino!

Une tu fuerza a los otros,
A los que humildes me queréis.
¿Dónde se hallan?... ¡Señor¡ 
¡Por sus actos los conoceréis!

¡Da solución a las penas!
Pedía yo con fervor. 
¡La  solución ya la tienes!
La solución es...¡Amor!

¡Verás que caminando...
Con amor,
Las penas vas llevando!

Todo se hace liviano,
Si al final del camino, 
Ves su mano.

¡Su mano, que está tendida,
Si aceptas con humildad,
Tu transitar por la vida.

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