jueves, 30 de enero de 2014

QUIERO SUBIR EN LA NORIA

  
 -Mamá quiero subir en la noria. -Pacocho estaba en la feria con mamá y  amigos. 
Mamá le acompañaba en las atracciones de la feria. Ella disfrutaba cómo una niña. La noria no le gustaba, subió una vez y le pareció espantoso.  
-Te compraré un regalito, --le dijo--  a la noria no subiremos.

   Pacocho aceptó el ragalito. Cuándo lo tuvo, siguió queriendo subir a la noria. La madre, cómo era su costumbre, cedió y subieron los cuatro niños y ella.  Se dispuso a sufrir con paciencia el gran terror que esto le causaba. La noria empezó a girar y girar. Al llegar al máximo de sus revoluciones, el módulo donde viajaban ellos se soltó, saliendo disparados a tal velocidad que, si no llevan los cinturones puestos, se habrían dispersado por el espacio. 

   Aterrorizados, se cogían de las manos. Un haz de luz blanca les absorbió. Asustados los niños, gritaban. La madre de Pacocho les decía:  
-No tengáis miedo, estamos en buenas manos. Estas luces blancas siempre  han visitado nuestro planeta y nunca ha pasado nada. Seguro que pertenecen a la esencia misma de nuestra madre Tierra. 
    
   No había acabado de decir esto, y una nube de horribles insectos negros, iguales a los mosquitos, estaban devorando el haz de luz. Acabaron con el haz de luz, los cogieron prisioneros. Los llevaron al planeta de chocolate. Allí todo era agridulce y marrón oscuro. Los monstruos, al llegar, empezaron a crecer y crecer; su aspecto terrorífico causaba pavor, los miraban con aspecto de quererlos comer.

   La madre, muy observadora, les dijo:  
-No tengáis miedo, éstos devoran la luz y no tienen boca. Los niños empezaron a reír y cómo si de un sortilegio se tratara, los monstruos fueron cayendo en masa, sólo quedaron algunos que estaban inmunes por haberse salvado en experiencias anteriores.

  Pacocho portaba en su cintura el regalo que mamá le hizo en la feria. Se trataba de una cimitarra con doble filo. Al venir camuflada en su funda, mamá no la vio en profundidad, si no, no se la hubiese comprado.

   -¡Pacocho, dame el regalo que te compré!
Mamá, con determinación premeditada, desenfundó la cimitarra, y se lanzó cómo una heroína contra los monstruos. Los niños, entusiasmados, empezaron con gritos y risas a jalearla. Todos cayeron bajo el brazo poderoso de mamá, sin olvidar los poderes de las risas de los niños.

   A los monstruos tendidos en el suelo, los envolvió un haz de luz y se fueron derritiendo y convirtiéndose en chocolate. 
Los niños querían comer de aquel chocolate. Mamá lo impidió, quizás era una trampa que les haría quedar en el abismo.

   El haz de luz les devolvió a la noria que seguía dando vueltas y más vueltas. Mamá les decía: 
-¿Veis qué poderes tienen la luz y la risa?  "La llevaremos cómo consigna siempre"       

miércoles, 29 de enero de 2014

VIAJABA DE INCÓGNITO

La araña venenosa viajaba de incógnito en el dobladillo del vestido de la señora Pérez. Se había colado por un huequecillo entre puntada y puntada.
   
En casa de la modista, en los tiestos del jardincillo, tenía su morada. Oía a las oficialas comentar que el traje que cosían era para la señora Pérez. La habían invitado a una fiesta de disfraces. Ellas, cosiendo todo el día, reían y comentaban sobre las señoras clientas de la casa.

 La señora Pérez -según decían ellas- era orgullosa y altanera. Trataba mal a la servidumbre y les racionaba la comida.
  A la araña, al oír las conversaciones por la ventana, le hacía mucha ilusión soltarles un buen picotazo.

 Al parecer, la servidumbre se había puesto de acuerdo en meterle mano a la despensa. Le robaban los primeros caldos del cocido. Los regalos de Navidad, si llegaban sin confirmar, no aparecían en la lista.

   -Ya lo decía mi madre -pensaba la araña venenosa- "el ladrón de dentro de casa es muy difícil de guardar".

  La calesa se deslizaba majestuosa por  el camino de sauces. Bajaban sus ramas rendidas
y cándidas a besar el agua de la fuente que discurría a lo largo de ambas orillas. La araña veía el paisaje asomada por el agujero que un descuido con la tijera había abierto. 
-Nunca había visto nada igual, si mi madre lo viera... -decía para sí.

   La mansión de los sauces era majestuosa. Resaltaban sus ventanas blancas sus buhardillas y chimeneas con gárgolas cómo en las catedrales.
   
   La señora Pérez hizo sensación vestida de María Antonieta y el señor Pérez, de Luis XVI. Bailaron compases de época . La araña tuvo ocasión de picar a la señora Pérez,  lo dejó para después por si se perdía lo mejor de la fiesta.
   
Seguía la algarabía. De pronto, notó la araña que la señora Pérez se quitaba el vestido. Queriendo averiguar el motivo salió de su escondite, lo que vio no le gustó y se marchó a esconderse en el macetero  que había en la entrada. 
    
Con gran sorpresa  se encontró con su madre que había venido a buscarla.
-¿ Qué haces aquí, madre?.
-He venido a buscarte, aquí corres mucho peligro, a las arañas venenosas las pisan sin piedad.
-Pero madre, tú eres una araña venenosa, se supone que eres muy mala. ¿Por qué te preocupas por mí?
-Tienes razón hija, de hecho vengo de picarle a toda la servidumbre de la señora Pérez, a ti te quiero tanto que jamás te picaría.
-Gracias madre, yo tampoco te picaría a ti.
  
 Le contó a su madre el motivo de su escapada. Su madre le aplaudió la mala intención y se propuso secundarla en su propósito. Marcharon unidas con un mismo fin. Tuvieron suerte, pues el señor Pérez se había quitado la peluca en otra habitación. Se metieron juntas dentro. Cuando se la volvió a poner, vieron cosas que jamas soñaron ver, enormes arañas pendían del techo.
  
Pasaron largo rato con música y charlas. Se enteraron de que los señores de Pérez no eran dos, sino cuatro. De pronto, un fuerte olor a humo las puso sobre aviso. La peluca del señor Pérez ardía. Fue lanzada por la ventana y cayó en la fuente. Quiso su buena fortuna que, por la Inercia Centrífuga, salieran despedidas yendo a caer en la cola de un caballo de la calesa de los señores de Pérez.
  
 Cuando acabó la fiesta, vinieron los señores. Traían dos amigos que se habían encontrado en la fiesta y les habían  invitado a su casa.
 Acordaron madre e hija  picar a todos.
 Picaron no una vez, sino varias. Ellos llegaron a casa riendo, los criados salieron a recibirlos. ¡Estaban inmunizados, no había veneno que pudiera con ellos! 
Las arañas se marcharon compungidas al macetero de la modista. En otra ocasión quizás hubiera más suerte. 




  
    

lunes, 27 de enero de 2014

EL SOL TAMBIÉN SALE POR EL OESTE


     Una joven se aburría en la playa y hablaba consigo misma. Tenía los ojos cerrados y andaba en reflexiones profundas. Sentía curiosidad por las cosas que le depararía el destino. De pronto, una ola furiosa la arrastró mar adentro. Su lucha por salir a flote, desaforada y tremenda, ya la tenía al limite de sus fuerzas cuando sintió una mano poderosa que la sujetaba y por fin  se halló sobre algo firme. Abrió lo ojos. Tenía ante sí una  bella dama que le dijo:
-Has sido elegida,  vendrás y comprobarás que  en mi planeta el Sol sale por el OESTE. Su dulce voz acariciaba los sentidos.
-Cosas bellas vas a ver, -le dijo-. Ten cuidado, debes estar preparada, hay quien ha perdido la razón con la experiencia. Tú eres privilegiada, desde hoy,  sólo podrás decir  cosas bellas. Tu apariencia será la misma, pero algo  dentro de ti ha sufrido una transformación, serás tierna y amable, tu bondad te hará ser blanda como la gelatina.
 Observó que se hallaba en una nave extraña. Con la velocidad de la luz, partió a un lugar desconocido.

   Perdió el sentido y la noción del tiempo.  Por fin abrió los ojos, vio con sorpresa que la nave planeaba por las cercanías de un planeta.  Prestó atención y vio que no era un planeta azul, sino color violeta.

    La nave se posó con suavidad. 
Todo era maravilloso. El violeta en todas sus tonalidades era el color dominante. ¡Las casas eran instrumentos musicales! Y los habitantes... ¡Notas que al hablar hacían sonar bellas sinfonías!
Una (do) se dirigió a ella y le preguntó:
-¿Te han traído a cambiarte el sensor?
-No sé por qué estoy aquí -le contestó-  dime, ¿qué es eso del sensor?
-Yo se lo diré -dijo una (re)
-No se lo digas,  quedará presa en el pentagrama.
-¡Pues que se quede!  Haremos una nota nueva.
-¡No, podría ser peligroso! ¿Y si se distorsionan las sinfonías  ya compuestas?  Yo sugiero que la devolvamos y que se quede como está. 
Todas las notas musicales cantaron:  "Eso, eso, que se quede como está"

   La nave se presentó con la bella dama que le dijo:
--El sensor lo llevas puesto. Ya sabes tu norma de conducta: 
Las cosas que te pasen en el devenir de tu vida, de un modo positivo las has de entender.  Te quedarás dormida y aparecerás en donde te encontré. Lo que te ha sucedido, no lo cuentes. Nadie te creerá.
Ella  no se sorprendió. Se dispuso ha ser la persona más amable que jamás nadie viera.

    Al haber desaparecido, la buscaban por el mar. La encontraron en una tabla de surfing aferrada con todas sus fuerzas. Una nube color violeta la envolvía. En un planeta donde el Sol sale por el "OESTE" sonaba ésta melodía:  ¡"Que se quede como está, eso, eso, que se quede como está"   

FIN

 Dedicado a mi amiga MICHELLE


    

jueves, 23 de enero de 2014

ESPERANDO EL MILAGRO

Don Ramiro, hombre culto y educado, gustaba de los paseos por el monte. Por recovecos y vericuetos, cargado con su mochila, sentía que el peso se le hacía más llevadero si  hacía un alto y admiraba el paisaje.

--¡Pone usted mucho peso en la mochila!
Solía charlar de vez en cuando con un joven pastor. Siempre tenían el mismo tema. "Plantando la semilla del bien muchas cosas se arreglarían" 

Al pastor, esto de la semilla, le tenía intrigado. 
--¡Quisiera saber yo qué es eso de la semilla!

Un día le abordó directamente y le dijo :
--¿Quiere explicarme qué quiere decir esto de la semilla?
--Claro hombre, nadie es feliz si no es fiel a sí mismo.  Si analizas esto, has encontrado la semilla, si la riegas siendo fiel a ti mismo empezará a  germinar.
--Gracias Don Ramiro. Sigo sin entender cómo esto arreglará el mundo.
--Muy fácil, si la semilla da fruto y se multiplica, todos seremos felices haciendo lo correcto, y, si se hace lo correcto, te aseguro que el mundo se arregla.
--¿Sabré yo cuándo he encontrado la semilla?
--¡Si lo intentas, tal vez!

--Usted perdone, ¿por qué pesa tanto su mochila?
--Tengo ya mis años. Además de mis tesoros más queridos, llevo secretos que a nadie he contado, y, pesan tanto, que apenas puedo con ellos.
--Yo siempre pensé en usted cómo en un hombre feliz.
--Siempre no es lo que parece, amigo mío.
--Puede usted contar conmigo, acaba de llamarme amigo.
Te contestaré con un poema, lo escribí hace tiempo, quiero que me digas si te gusta: 

"¡Dame tu corazón!"
Viniste a rogarme un día,
Mi corazón no lo tengo, 
Lo entregué  con mi alegría.

"¿Qué esconden esas cadenas?"
Esconden, las penas mías.
Entonces, dame tus penas.
Te daré mis alegrías
"Mis penas, sólo son mías"

--Respeto su intimidad, es usted un hombre generoso al no querer agobiar a nadie con sus problemas.

Un día, recibió el pastor una visita inesperada. Don Ramiro  había fallecido y le dejaba su mochila de herencia. 
Descubrió por fin lo que había dentro. Algunos libros y un bloc de notas donde le daba algunos consejos:

Busca, que el que busca encuentra.
La felicidad se encuentra en el deber cumplido.
Por el camino de la maldad no se va a ninguna parte.
Tus problemas hazlos vistos sólo para solucionarlos.  
En esta vida, siempre puedes estar aprendiendo.
En la fe hallarás tu fuerza. 

 Los libros de don Ramiro despertaron la curiosidad del pastor.
No era extraño encontrarle dando discursos a sus ovejas. Se convirtió en un hombre muy ilustrado. Desempeñó cargos de cierto poder político que dio beneficios a los de su gremio.      

domingo, 19 de enero de 2014

EL OTOÑO TAMBIÉN ES BELLO

El regalo vino sin envoltura; cómo vides otoñales con hojas suspendidas cual rosas que arrancara el viento.  
-¿Sabes poner el alma en los ojos?
-¡No, sé ponerla en la mirada!
Dulce mirar, puro cómo los manantiales nacidos de los glaciares.
 -¿Lo encuentras en las hojas que arranca el viento?
Ven, cógelo y llévalo contigo allá dónde te encuentres.
Suenan melodías que nadie escucha.
El otoño  es bello.
El regalo vino sin envoltura.  

jardin otono 99 Jardines de otoño










miércoles, 15 de enero de 2014

EL DUENDE DEL CUENTO

A la abuela Quesera le llamaron así sus padres, no porque le gustara mucho el queso, sino porque a ellos les pareció un nombre bonito.
Como todas las abuelas, disfrutaba con sus nietos. Cuando pedían que les contara un cuento, al no tener una imaginación muy fluida, contaba  siempre la misma historia. El duende de los cuentos se le presentó y le dijo:  
-Piensa en algo que te guste, este será el ovillo, tú tira del hilo. 
La abuela lo hizo así y contestó: 
-Vas a ver que he aprendido un cuento:

En tiempos remotos, cuando aun vivían en cuevas, una pareja hombre y mujer, tenían una niña.
-Ven, ven mi  niña bonita, ven que te acune un poquito -le decía su madre. Las madres siempre han querido a sus hijos, pues, si no, nosotros no estaríamos aquí.
Laíla, que así se llamaba la niña, tenía una mascota, la cabrita "Cara" con
su cabritillo "Quico"; le seguían a todas partes.
Una noche, cuando dormían, había ruidos en el exterior. 

-No tengas miedo, acércate a mí y duerme -le decía su madre con voz susurrante. Una hoguera enorme protegía la entrada de la cueva. 
Esa noche el lobo se llevó a Quico. Sin saber cómo, sus vísceras quedaron colgando de un árbol.

-No llores mi niña, juega con mamá cabrita, ella te sigue a todas partes, te voy a enseñar a ordeñarla. 
Su madre la baña en el río, le peina el cabello con peine de hueso.
-¿A qué juega la niña? -decía su padre.
-Está jugando a ordeñar la cabra.
Jugando, jugando, puso un trozo de vísceras del cabrito en la leche. Con el estómago de cabrito lechal, se hicieron los primeros quesos.  
     
     Un día,  saltaba, corría, entraba y salía.
-¡Niña! ¿qué comes?, dime ¿qué es eso?
-Toma mamá, come, ¡acabo de inventar el queso!
Y aquí acaba el cuento de la niña troglodita, que  inventó el queso jugando con su cabrita.
-¿Te ha gustado?-
-Sí, mucho.
-Mañana te contaré otro.



domingo, 12 de enero de 2014

ALGUIEN ME MIRA

-Alguien me mira. Lo siento, lo presiento. 
Cada día, cuando iba al colegio, al pasar frente a la casona, sentía como si alguien estuviese vigilando su paso por el lugar.
La niña destaca en todos los temas. Tiene una facilidad de comprensión que sorprende. Qué pena que no tenga futuro.
Su profesora, pretendía ayudarle. Vivían en una aldea perdida donde lo que primaba era comer todos los días.

-Estoy de acuerdo,  señora  maestra, pero necesito que me ayude, -decía su madre.

En la casona vivían unos señores ricos. No tenían hijos. 

-¡Ay! Rafael, cuando veo pasar a esa niña, tan bonita, con esos ojos tan tristes y tan mal arreglada, se me parte el corazón.
-Mujer, no es para tanto. Tú estás ansiosa de niños, por eso lo ves así.
-Porque, si tú quisieras, la podíamos traer a casa. Yo la cuidaría, seguro que las  dos seremos más felices.

Todo fue solucionado, la niña pasó a ser dama de compañía de la señora cobrando sueldo. De momento, un profesor vendría a darle clase. 

Las rosas crecían cada primavera. La verja del jardín  lucía todos los colores. 
-Nada aventaja en hermosura a mi niña, -decía la señora  feliz como nadie.  
Toda una señorita, preparada, educada, llegaba el momento de la puesta de  largo.
-Daremos una sorpresa a Rafael, -dijo la señora. 
-Guardamos el vestido de   puesta de largo de su madre. Haremos unos arreglos y te lo pondrás ese día.

La niña estaba preciosa. A última hora mandó la señora hacer cambios en el salón. Sólo el señor se dio cuenta, siempre lo había presidido el retrato de puesta de largo de su madre. Había sido retirado. No hizo ningún  comentario al respecto. Cuando la niña bajaba por la escalera, era idéntica a ella, parecía  salida del  cuadro. 

sábado, 11 de enero de 2014

LA INTRÉPIDA ADELINA

La intrépida Adelina se vio abocada a una situación comprometida por querer cumplir todos sus sueños antes de partir al  lugar de donde dicen que... nunca..., nunca se vuelve.
-¡Tengo que subir en ala delta! Necesito vivir esa experiencia.
A  ninguna persona de su edad se le ocurriría algo así. Malo es tener posibilidades, y no sentido común.

Ella, lo dijo, y lo hizo.
Subida en el aparato, salía a dar una simple vuelta. También quería  hacerlo sola, la emoción se multiplicaba.
Con los consejos de los expertos creía que era suficiente. Pronto supo  que... no dominaba la situación.
Aquel aparato, que en teoría debiera planear suavemente hasta posarse donde todos le esperaban... subía... y subía hasta una altura insospechada. Una corriente de aire templado la atrapaba.
No tardó en encontrar compañeros. Una colonia de albatros viajeros, que aprovechaban  el medio para desplazarse, la miraban con curiosidad.
Como en un cruce de caminos, vio a los albatros cambiar el rumbo. Ella siguió sola hasta que, por causas naturales del cambio de los vientos, aterrizó en un lugar de vegetación espectacular.
Por algo la llamaban "La intrépida Adelina" Como si se hallara  en los alrededores de su pueblo, se sentó a descansar. Admiradora de la frase "ya lo pensaré mañana", después de dormir una siesta, anduvo por los  las inmediaciones.
Al salir a un claro, sorprendida, observó que el lugar no le era extraño. Traía a su memoria recuerdos de otros tiempos y otras vivencias.




-¡ Adelina! ¿Eres tú?
Casi cae al suelo de la sorpresa.
Se hallaba casi al borde de..., sí... ¡un cenote!  ¿En Mejico?,  o quizás en Guatemala.
-¡Ramiro! ¿Qué haces tú aquí?
-Aunque jubilado, hago mis expediciones para espeleólogos .
-Y a ti ¿qué vientos te han traído?
-Pues mira, los mismos que traen y llevan a los Albatros a tu país.
El reencuentro de dos enamorados que por cosas de la vida hubieron de separarse, esa mano misteriosa que todo lo rige, los había vuelto a reunir.

-¿Recuerdas que soñábamos con visitar el glaciar Perito Moreno juntos?
-Si, lo recuerdo. Todavía podemos hacerlo.
Ya no se separaron nunca más. Viajaron juntos, les perdieron la pista en el "PERITO MORENO. 
"Las nieves del glaciar morían en el remanso. Formaban esculturas surrealistas. Bellas en extremo, parecían querer transportarnos a un mundo de fría ensoñación. 
Esto, y muchas cosas más, escribía Adelina en su diario. Lo encontraron unos arqueólogos que hacían sus pesquisas buscando vestigios de antiguas civilizaciones.

    


  

viernes, 10 de enero de 2014

EN LAS GALAXIAS REMOTAS

En las galaxias remotas recién descubiertas, en un planeta llamado Aiterr, dos monstruitos jugaban a ser traviesos. No necesitaban herramientas, pues sus dientes largos y flexibles podían convertirlos a placer en cualquier cosa que les gustase. Cuando reían, formaban tal ventolera que, a cien metros a la redonda, todo salía disparado hacia el espacio estelar.

Tenían un primo, se las daba de sabiondo, que no estaba de acuerdo con su proceder. En su naturaleza extraterrestre tenían  un saquito  en forma de mochila donde podían guardar cualquier cosa que les gustase. Llamaron al primo con la escusa de jugar, le pusieron en un meteorito y... ¡se dieron una fuerte carcajada! Salió el meteorito disparado y fue a caer en el Mar del Caribe.

Margarita, una niña rubia, de ojos azules como el mar, lo vio caer. Iba de viaje por el mar con los niños del colegio. Nadie le creía, como siempre estaba contando fantasías,  pensaban que era una más.
Anduvo muchos días de polizón el monstruito sabiondo. Quedó prendado de la niña, la puso en su mochila, con sus dientes mágicos hizo una nave espacial y marchó al espacio estelar por  la misma ruta  por la que había venido. Ya en su planeta, marchaba con la niña a cuestas como si tal cosa. Un día los primos traviesos, haciéndole cosquillas, la descubrieron. Le decían:
-Saca la mano por esta ventana y dinos cómo te llamas.
-¡Me llamo Margarita!
Las palabras terrestres de Margarita hicieron fusión con los elementos extraterrestres de Aiterr y pronto se vieron rodeados de un campo de margaritas. La niña ni se asombró. 
-¡Dejadme salir!-
-No, dinos lo que quieras. Saca la mano por la ventana. Pronto partirás para tu lugar de origen.
-¡Habla, dinos cosas de tu planeta! 
La niña, no sabiendo qué decir, buscó palabras bonitas: amor, ilusión, fantasía, alegría, éxtasis, cielo, mar...
Pronto el  planeta Aiterr era  como a nosotros nos gustaría que fuera el nuestro, pues aunque también dijo maldad, penas, sufrir, lo dijo muy bajito y no se fusionaron. 
Los monstruitos  seguían  jugando, la sacaron y, con una carcajada, la pusieron en órbita. Por cosas de la casualidad cayó  en el barco. Nadie la había echado de menos, pues el paso del tiempo no es el mismo en los planetas.

No lo contó a nadie, estaba convencida de que pensarían  que era otra de sus fantasías. . 

lunes, 6 de enero de 2014

LA CASA DE LA BRUJA

Las veletas de sus torres sobresalían por encima del bosque de eucaliptos que la circundaban. No era extraño verla rodeada de una niebla misteriosa, tan misteriosa como la señora que la habitaba . De aspecto ausente, nadie la había visto jamás sonreír.
Los niños temían el momento de pasar por allí a la vuelta del colegio; dos enormes perros guardaban la puerta de la verja que rodeaba el recinto.
- Parece una bruja -decían.
En Semana Santa, vestida de negro, con mantilla y peineta, caminaba detrás del Cristo Crucificado que  ella había regalado al pueblo.
Se decía que era muy rica. Anécdotas de los lugareños decían que comía en restaurantes y compraba en tiendas en las que, al pagar, se enteraba de que eran suyas.
Un algo misterioso la envolvía. Nadie sabía el porqué.
Unos decían que un desengaño amoroso la había dejado insensible, otros, que su carácter era agrio y solitario. No tenía buenas vibraciones para la vida social.
Sucedió que, un día, una tormenta fuera de lo común hizo desbordar el río, el desastre fue tremendo, hasta el colegio se derrumbó. 
Quedaron sin casa y murieron muchas personas. Lamentos, llantos, todo un clamor de sufrimientos tenían al pueblo entero de luto.
La "Señora de la Triste Figura" recogió sus perros, abrió la puerta de su verja, y en un acto de humanidad, acogió en su mansión a todos los sin techo. Sus bondades salieron a la luz pública. A nadie le faltó de nada y el colegio fue rápidamente reconstruido.
Todos la adoraban y llenaban de atenciones. Ella seguía sin sonreír.  

¡UNA PARÁLISIS FACIAL SE LO IMPEDÍA!...     

sábado, 4 de enero de 2014

UNA VOZ EN LA NOCHE

En la noche oscura, cuando todos dormían,como si del fondo de la tierra saliera, se  oyó   una voz que decía:
¡Tengo mucho amor para dar! ¿Alguien lo quiere?
El pueblo entero oyó esas voces.Todos se levantaron asustados. Cosas extrañas estaban pasando; unas luces misteriosas salían de la fuente de la plaza.
Atemorizados, se abrazaban unos con otros....esa noche nadie durmió.
Durante varios días, no podían olvidar el incidente. Cuando ya todos se habían tranquilizado, volvió a suceder; pero esta vez la voz decía :
¡"El que persigue un sueño, al final lo consigue"!
Todos volvieron a salir a la calle...y...¡Sorprendente! Las estrellas bailaban al son de una música celestial. El cielo tenía los colores del arco iris; mariposas gigantes batían sus alas y un letrero luminoso gritaba:
¡"Un sueño de amor para mis niños, todos los niños del mundo son hijos míos"!
Todos se tranquilizaron, porque estas cosas en el mundo, son normales; lo que sucede es que...
"No las vemos todos al mismo tiempo"

viernes, 3 de enero de 2014

LA CUEVA DE LA SERPIENTE

Los coches circulaban con normalidad por la autovía. Algunos traspasaban los límites de velocidad; no eran muchos, pero nuestros niños se distraían llevando la cuenta.
Viajaban de acampada  a Cazorla, la ilusión estaba a los límites de la explosión. Antes de llegar estaba previsto  hacer una visita a unos amigos de papá.
Salieron de la autovía y cogieron una carretera comarcal.
  A la vista de una bonita cascada, se detuvieron a descansar y comer algo.
 Una nube de mariposas revoloteaba por los arbusto floridos que bordeaban el riachuelo que nacía del remanso.
 El coche quedaba a unos docientos metros, era obligatorio dejarlo a la entrada.

Comían sus bocadillos tan contentos, cuando de improviso,  una  tormenta repentina y brutal, les sorprendió dejando caer agua a raudales.
 Papá cogió a la pequeña sobre sus espaldas y corrieron  a refugiarse a una cueva que vieron al paso. La tormenta no cesaba.  por la ladera de los montes bajaban torrentes que junto con la crecida del riachuelo  anegaron de tal forma el entorno, que se vieron obligados a adentrase en la cueva.Los padres intentaban tranquilizar a los niños contándoles anécdotas de cuando ellos eran pequeños. 
Distraídos no advirtieron dos puntos brillantes que se movían al fondo. 

  
-¡Mira, papá! ¿ Qué es aquello?
 El hombre, preparado para ejercer  su cometido de padre, pronto se hizo cargo de la situación, y con toda calma dijo:
- No temáis. Es una serpiente. En esta época del año se encuentra en hibernación. Aunque quiera atacarnos, no podrá, necesita la energía del sol del verano.
-¿ No morirá de hambre? 
-Hasta nueve meses,pueden pasar sin comer.
-¡Niños, la tormenta ha pasado, marchemos!       

jueves, 2 de enero de 2014

EL ALQUIMISTA

Fray Leoncio, andaba iluminado por la gracia Divina. Esto pensaba el resto de los hermanos, que, como no estaba permitido sentir envidia, admiraban sus muchas virtudes.




En las soledades donde se hallaba ubicado el convento la supervivencia era muy dura. Lejos de la civilización, perdido entre montes casi yermos, habitaban un grupo de hombres que habían decidido vivir sólo para el espíritu .
En el pico más alto de aquellos montes anidaban las águilas. Sus siluetas planeando por las alturas era algo muy común por aquellos lares.
El hermano fray Leoncio estaba al mando de la comunidad.
Como el hombre dispone, además de espíritu, de un cuerpo articulado y preparado para hacer infinidad de cosas, excavaron un túnel que conducía a unas vaguadas donde tenían su huerta. Rezaban recolectando los frutos de sus algarrobos, almendros, olivos e higueras. Los cantos gregorianos se hacían eco entre los montes; sólo los escuchaban las águilas Dios y ellos.

Gustaba fray Leoncio de subir al pico de las águilas; desde aquella altura hablaba mejor con Dios.    
Un día sintió la imperiosa necesidad de subir al monte. Después de los rezos matutinos,cruzó el túnel y subió a cumplir con la llamada del Señor.
Monte arriba, algo extraño le llenó de estupor y desasosiego; el llanto de un niño venía de lo alto; alzó la vista al cielo y, un águila planeaba con un niño entre sus garras.
Rezaba para que Dios le permitiera llegar a tiempo. Cuando el águila depositaba al niño en el nido, fray Leoncio se hizo con él. Tuvo que habérselas con ella, pero él  poseía algo que el águila nunca tendría, y ganó la batalla.

Sobra decir el impacto que causó ver llegar al fraile con un niño de tres años. Hubo consenso y el niño estaba predestinado, según ellos, a vivir y ser educado en el convento, y allí se quedó.
Los frailes, entre ellos, sólo hablaban lo estrictamente necesario, las reglas lo prohibían; para el niño no habían reglas, todos estaban atentos a su cuidado y educación.
  
Creció entre tinteros, manuscritos, pero sobre todo, entre los tubos y alambiques que usaba fray Leoncio  para sus ensayos de alquimia.
  Sus conocimientos eran vastos. Guardaba un secreto celosamente.
 Fray Leoncio ya acusaba el paso de los años; sus achaques le tenían muchas veces apartado de sus deberes y sus rezos.

Un día en la comida todos notaron cierto sabor extraño; nadie hizo ningún comentario. Al día siguiente, cuando todos se reunieron para maitines la alarma fue general. Todos habían rejuvenecido de un modo brutal. Alguien había descubierto la formula de la eterna juventud.