sábado, 5 de julio de 2014

EN EL PAÍS DE LO ABSURDO


Se quedó en casa de un amigo que, según decían,  debería llamarse Tristán, pero sus padres, para que no desentonara, le pusieron Tristón.

 En el país de lo absurdo estaba prohibido reír. Desde la cuna, enseñaban a los niños que la risa perjudicaba la salud. Todos marchaban por la vida serios y cabizbajos.
 Vino al pueblo un forastero cuya profesión era: contar chistes y hacer reír. 

 --Ten cuidado, en este pueblo está prohibido reír --le decía Tristón a su amigo-- si cuentas algún chiste, mejor que sea para hacer llorar.
--¡Qué absurdo! --decía el forastero-- ¿Y cómo me las arreglo para hacer tal cosa?

--Mira, tú pásate una semana en casa sin hacer otra cosa que no sea ver las noticias de todas las cadenas de televisión. Come lo justo para no desvanecer. Procura revisar tus facturas sobre los impuestos.
 --De vez en cuando, procura ver algún documental basado en los nuevos descubrimientos sobre el Cosmos, te enterarás de los riesgos de destrucción que corre nuestro planeta. Verás cómo los chistes para llorar te saldrán sin darte apenas cuenta. 
--¡Vaya, Tristón! Eso ya lo probé. ¿Y, sabes qué? Que entonces es cuando me da la risa.  

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