sábado, 28 de diciembre de 2013

PIEDRA DURA

En un lugar recóndito del campo, en una casa muy antigua, nació un niño que, pronto se dio a entender, era superdotado.
Los padres estaban orgullosos, pues, lo de tener un hijo así, pone orgulloso a cualquiera; a cualquiera que no sepa que esto va unido a cantidad de problemas para los que no sean tan superdotados como él.

No muy lejos se hallaba el pueblo de Piedra Dura. De lejos no se veía, se confundía con los montes y cerros; al estar hecho de piedra, se fundía con el paisaje.
Un día, venían de compras al pueblo. El niño, no se sabe si asustado, alarmado, o sorprendido, gritó: 
-¡mamá, mamá, un volcán!
-No hijo, son las chimeneas de Piedra Dura, como hace frío las tienen encendidas.

Todos los días le recogía el autobús para ir al colegio. Se sentaba junto al conductor y le daba noticias de todo lo sucedido el día anterior en el colegio, en casa y en el resto del mundo. Cuando llegaba a clase se aburría como una ostra, hacía mucho tiempo que él sabía todo eso. Para distraerse un poco le  dio por pensar en por qué su madre se emocionaba cantando jotas aragonesas, si no  era de Aragón. Se puso una meta, esto tenía que tener un motivo y él lo iba a averiguar.

La madre estaba angustiada de ver tanto libro por todas partes. También porque era muy niño para estar solo en la Universidad. Además, estaban en Estados Unidos   interesados en llevárselo, su mente no conocía obstáculos para resolver ecuaciones que los científicos más acreditados habían de pasar horas y horas para resolverlas.
En los laboratorios era el comodín de todos.

Un día llegó a casa, tiró la cartera y dijo: 

-Madre..., ya no estudio más, me voy a dedicar por un tiempo a  ser una persona normal y corriente. Ya sé por qué te emocionan las cosas aragonesas, en la Reconquista nuestras tierras fueron repobladas por catalanes y aragoneses. He remontado mis estudios del ADN hasta esas fechas y desciendes de una aragonesa y de un catalán... ¡Yo soy un habitante del planeta!

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